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Si tuviéramos que adivinar cuál es el país donde más se practica la cirugía estética, ¿cuál diríamos?

No es España, que tiene el título de líder en este ámbito en Europa. Pocos adivinarían que el primero del mundo es Líbano, donde una de cada tres mujeres se ha operado alguna parte del cuerpo.

La cantante libanesa Haifa Wahbe

Cuando una visita Líbano llama la atención la belleza y femenidad de las mujeres. Siempre a la moda y con un aspecto impecable. Sin embargo, detrás de esta belleza existe una dictadura de la perfección física que afecta cada vez a más personas. El programa francés 66 minutes emitió hace poco un reportaje titulado “Beirut, el mercado del lifting”, en el que analiza este fenómeno en la sociedad libanesa (se puede ver completo al final del post). Los datos que comparten son chocantes en un contexto marcado por los traumas de la guerra civil, las luchas internas y externas y los últimos ataques israelíes, que planean como una amenaza permanente en el horizonte.  Ya durante la guerra civil, que duró 15 años y finalizó en 1990, Beirut era conocida como la capital de la cirugía estética.

El reportaje asegura que en Líbano una operación de estética es algo tan cotidiano como ir de compras. La cifra es de 1.500.000 intervenciones al año. Operaciones de labios, inyecciones de botox, reducciones de estómago, implantes de pecho, nalgas y labios, son acciones normalizadas y socialmente fomentadas. También otros “retoques” más complejos, como alzamiento del hueso de los pómulos. La acumulación de intervenciones ha remodelado los rostros y los cuerpos de un modo en que gran parte de las mujeres lucen unos rasgos inquietantemente similares. La presión social es enorme. Varias de las entrevistadas en el reportaje aseguran que en Líbano “no se puede salir a la calle sin arreglar” y que sin embargo en sus viajes a otros países aprovechan para prescindir del maquillaje y los adornos.

El fenómeno es tan masivo que ha comenzado a institucionalizarse. Desde el Ministerio de Turismo se organizan viajes turísticos que incluyen estas intervenciones en asociación con la clínica estética Hazmieh International Medical Centre, que no da abasto para atender toda la demanda y contrata a menudo nuevos médicos especialistas en este campo. Esta iniciativa pionera en el mundo plantea como parte del atractivo del país la pericia de sus cirujanos. Por un precio menor que en los países del Golfo o en países occidentales se puede viajar y de paso hacerse las operaciones que cada una elija.

La normalización de este tipo de cirugía también ha alcanzado a los bancos, que ofrecen créditos para operarse con eslóganes como “La belleza ya no es un lujo”. Entre 500 y 5.000 euros que se presentan como una “ayuda humanitaria” en beneficio del bienestar de la mujer. Familias enteras se endeudan, en ocasiones renunciando a necesidades más básicas, para que una libanesa pueda lucir como la mujer del anuncio (imagen a la izquierda). Una rubia de ojos azules y piel de porcelana es el reclamo que utiliza el First National Bank de Líbano para la población femenina de un país con unos rasgos físicos bien distintos. Ese es el canon de belleza, los bancos lo saben y lo explotan como un negocio más.

La mayoría quiere parecerse a las cantantes y actrices libanesas, y no son las únicas. Las tendencias que marca Líbano se extienden como la pólvora en el resto del mundo árabe, que mira a Beirut como la capital de la moda y admira a través de la televisión a esas divas de cuerpos y rostros perfectos. Dos de los ejemplos más llamativos son Haifa Whabe y Nancy Ajram. El caso de esta última es particularmente chocante: Comenzó a operarse siendo casi una adolescente y fue transformando su aspecto de un modo en que resulta prácticamente irreconocible. Hoy es la cantante mejor pagada y más influyente del mundo árabe, según la versión árabe de la revista Newsweek. En estas dos imágenes se pueden contrastar el antes y el después:

La cantante Nancy Ajram antes y después

Esta obsesión con la apariencia va en aumento en un país siempre al borde del caos.  Las intervenciones estéticas son sólo un síntoma más de una sociedad donde la imagen pública es central en la vida de hombres y mujeres y proyectar el triunfo es clave para lograrlo. Un aspecto de la sociedad libanesa que se extiende al resto de países árabes, donde también gana peso el proyectar una imagen de éxito. Pero mantener ese nivel de vida es difícil para la mayoría, a los que sólo puede generar insatisfacción no alcanzar lo que la sociedad demanda. Una insatisfacción especialmente dramática en un contexto tradicional con valores opuestos a los que cada vez más se fomentan.

http://www.smh.com.au/travel/sea-sun-and-scalpel–where-women-need-to-look-the-best-20090721-drl2.html