Alianzas

Aunque con cierta discreción y procurando que no trascienda demasiado, el Gobierno español ha recibido con honores de jefe de estado a Avigdor Lieberman. ¿Quién es este político con el que el Presidente se ha reunido con sigilo y al que ha escuchado y atendido ofreciéndole la mayor legitimidad diplomática?

El Ministro de Asuntos Exteriores israelí Avigdor Lieberman, a la derecha, estrecha la mano de su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos en el Palacio de Viana. Madrid, jueves 22 de abril. Imagen de STR. AP.

Lieberman es el Ministro de Asuntos Exteriores israelí, que representa el ala más ultraderechista del gobierno derechista de Israel. Emigró desde Moldavia a Israel en los años 70 y formó parte del partido Kach, que pide la expulsión de todos los palestinos del territorio que consideran judío según la Biblia. Kach fue ilegalizado por sus ataques terroristas y figura en la lista de organizaciones terroristas del gobierno de Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá. Tras su paso por esta organización, Lieberman formó la suya propia: Yisrael Beytenu (“Israel es nuestra casa”), que según explica la propia web del partido se basa en la política de emigración de judíos a Israel, establecimiento de colonias judías (en zonas declaradas palestinas), y defensa armada del territorio por un Israel seguro y judío. El partido aglutina principalmente a inmigrantes de las ex repúblicas soviéticas que se han convertido en un grupo de población clave a la hora de hacer pactos electorales.  A pesar de su posición abiertamente racista, o a causa de ella, Lieberman asumió en 2009 el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno israelí, desde donde anima a un recrudecimiento de las posiciones antipalestinas.  Se refiere a Gaza y Cisjordania como Judea y Samaria y hace apología de los asentamientos ilegales,  viviendo él mismo en uno como forma de ostentación de su posicionamiento en el conflicto. Es frecuente oirle terminar sus discursos con un “¡Muerte a los árabes!”. Estas son algunas otras perlas de sus discursos:

Nuestros soldados están haciendo un buen trabajo en Gaza, pero la solución no es la invasión. La solución pasa por medidas como la que EE.UU adoptó con Japón en Hiroshima y Nagasaki.

Cuando se da una contradicción entre valores democráticos y valores judíos, deben primar los valores judíos y sionistas.

Ejecutemos a los diputados árabes que entablen contactos con Hamás.

Los árabes de Israel tendrán que encontrar una nueva entidad árabe en la que vivir. Este no es su lugar. Pueden recoger sus cosas y marcharse a algún otro sitio.

Ahogaremos a los palestinos en el Mar Muerto.

Las conversaciones con Moratinos y Zapatero se centraron sobre todo en la represión contra trabajadores de ONGs, información recogida  por varios medios como El País.  Pero en visitas como esta lo de menos es el tema de conversación.  Lo cuestionable es la legitimidad que se da al invitado al recibirlo. Esta visita no es sólo incómoda para el gobierno y objetable desde el punto de vista de los derechos humanos. También es innecesaria. Con gestos como este, el gobierno español está ofreciendo a Israel una legitimidad que ni siquiera le ofrecen gobiernos europeos derechistas conocidos por un apoyo casi incondicional a Israel.

Como Francia. Nicolas Sarkozy se negó a recibir a Lieberman cuando Netanyahu le comunicó que pensaba enviarlo en visita diplomática. El Presidente francés le pidió que se deshiciera de él y le recomendó en su lugar a Tzipi Livni. Livni tiene suficientes crímenes de guerra a sus espaldas como para que un tribunal británico abra una orden de captura contra ella bajo la ley de jurisdicción universal, pero la mayoría de los gobiernos occidentales la ven con buenos ojos. El discurso abiertamente racista y de incitación al genocidio de Lieberman es, sin embargo, demasiado hasta para los gobiernos más derechistas de Europa. No para el español.

¿A qué juega España en política internacional? ¿Cuál es su posicionamiento, más allá de tibias peticiones de cese de la violencia? Sorprende esta absoluta falta de coherencia en el trato a un país que viola sistemáticamente la legalidad internacional. Acuerdos económicos, venta de armas, estrechamiento de lazos diplomáticos son el premio a una política de apartheid que no encuentra apenas resistencia por parte de los gobiernos occidentales. Pero es precisamente un gobierno que se dice socialista quien da la bienvenida a uno de los políticos que más han hecho para impedir una solución justa y equitativa al conflicto entre Israel y los palestinos. España ostenta además la presidencia de la Unión Europea, lo que refuerza aún más la legitimidad ofrecida al actual gobierno israelí y su ala más radical. ¿Está España tan abierta al diálogo que dialoga con ultraderechistas racistas? Parece ingenuo pensar que pueda surgir una conversación constructiva con un político que aboga por el cese de cualquier diálogo con los palestinos.