Alianzas

Llevamos semanas oyendo hablar de Najwa, la adolescente madrileña de origen marroquí a la que su colegio ha obligado a quitarse el hiyab o velo islámico o a abandonar el centro. En todo este tiempo hemos oído hablar al padre de Najwa, a su abogado, al director de colegio, a los profesores, a representantes de la Junta Islámica, de la Federación Española de Entidades Religiosas, a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, al Ministro de Educación. A quien apenas se ha oído es a la propia Najwa. Según quienes la conocen, sufre una depresión por haber tenido que abandonar su entorno y a sus amigos, y es fácil imaginar lo traumático que puede resultar ser el centro de semejante debate nacional. Aspectos tan decisivos en una sociedad como el laicismo, la simbología religiosa y cultural en la educación, la integración de diferentes religiones en un país de acogida están recayendo sobre sus hombros, asociándose con su nombre y su pañuelo. Como si el debate no hubiese sido necesario hasta ahora.

Mis primas Nur y Salam, con dos amigas

Me gustaría oír qué opina ella sin la intermediación de otros. Qué significa para ella esta prenda de vestir que la ha convertido en un personaje mediático y cómo está viviendo este cambio en su vida. No conozco a Najwa ni sé si quiere hablar con los medios pero conozco a otras adolescentes musulmanas que podrían encontrarse en la misma situación y que desde luego no cederían a la presión por dura que resultase.

He charlado sobre todo esto con mis primas Nur y Salam, dos adolescentes valencianas hijas de padre y madre sirios. Han nacido en España pero pasan los veranos en Damasco. Van al colegio en Valencia, desde los 14 años con hiyab. He comprobado que están muy sensibilizadas sobre el tema, son muy conscientes de que les atañe y estaban deseando hablar sobre ello. Nur tiene 17 años y Salam 15.

Leila: ¿Cómo estáis viviendo el caso de Najwa? ¿Lo seguís?

Salam: Sí, hemos oído mucho sobre el tema, y en casa lo hablamos bastante.

Leila: ¿Y en el colegio? ¿Se habla de esto, os comentan algo?

Nur: Yo creo que todos conocen el caso pero a nosotras casi no nos preguntan. Nuestras amigas sí. Dicen que no les parece justo que echen a alguien por ir vestida como le dé la gana.

Leila: ¿Y vosotras qué opináis?

Salam: Que no es justo que obliguen a nadie a vestirse de una manera concreta. Nuestras compañeras van cada una de una forma, y nosotras las respetamos, y ellas a nosotras también. Si otras quieren ir destapadas, ¿por qué no podemos ir nosotras tapadas?

Leila: ¿Os sentís diferentes? ¿Os mira raro la gente?

Salam: En la calle nos miran todo el tiempo. En el colegio ya se han acostumbrado, porque hemos crecido ahí y ya no llamamos la atención.

Nur: Mis amigas lo ven como algo normal.

Leila: ¿Son españolas vuestras amigas?

Salam: Las del colegio sí. En mi colegio sólo hay 4 que llevan hiyab, cada una en un curso, en mi clase sólo yo.

Leila: ¿Y salís juntas? ¿O os veis sólo en el colegio?

Salam: A veces salgo con mis amigas del colegio, pero no mucho.

Leila: Cuando van a la playa, por ejemplo, ¿os invitan? ¿Vais con ellas?

Salam: Ellas nos invitan siempre, actúan con normalidad, como si el velo no fuese un impedimiento para nada. Nos invitan a hacer las mismas cosas que hacen ellas, pero nosotras a veces decimos que no.

Te escuchan y te respetan, pero no te entienden realmente

Nur: También tenemos otras amigas de la mezquita. Quedamos con ellas los fines de semana. Vamos a su casa, de paseo, de compras…

Leila: Imagino que cuando os pusiteis el pañuelo la primera vez debió de ser un shock, ¿no? Muchos años con los mismos compañeros y de repente aparecisteis con pañuelo.

Salam: Para mí no mucho, porque ya se lo esperaban. Cuando veían a mi madre que venía a recogerme me preguntaban si yo también me lo pondría al llegar una edad. Ese día me miraron y me hicieron preguntas pero por curiosidad, no con mala intención. Ya se lo esperaban.

Leila: Pero tú sí lo pasaste un poco mal, ¿no, Nur?

Nur: Sí. Me sentí rara porque era la misma gente de todos los días y de repente yo estaba distinta. Me miraban diferente y me hacían sentir como un bicho raro. Pero luego se acostumbraron. Y yo también. Ahora es normal.

Leila: ¿Nadie os ha tratado nunca mal, o os ha discriminado?

Salam: A mí no. He tenido profesoras que me han dicho que respetaban que llevase el pañuelo pero que no les parecía bien. Pero no me han puesto peor nota por eso, ni nada.

Leila: Ya me imagino. Menos mal, ¿no?

Nos reímos un rato. Me dicen que han oído que hay profesores que quitan un punto en el examen a las que llevan pañuelo. Les digo que eso es una nueva versión del “es que el profesor me tiene manía”. Seguimos charlando.

Leila: Habéis dicho que en clase os preguntan por vuestra religión, vuestro modo de vida… ¿Qué tipo de cosas os preguntan exactamente?

Salam: Nos preguntan mucho si tenemos calor (risas)

Leila: ¿Y qué decís?

Salam: Que sí. Y a veces les pregunto si ellas no tienen frío (risas)

Nur: También nos preguntan si nos obligan a llevar el velo, eso lo preguntan mucho. Y cómo rezamos. Y por qué los hombres se casan con 4 mujeres…

Leila: ¿Y qué contestáis?

Salam: A lo del velo, que nadie nos obliga. Es nuestra decisión y lo hacemos porque somos musulmanas, en nuesta religión es un punto importante y nosotras lo cumplimos. Pero nos parece mal que se obligue a llevarlo a chicas que no quieren, tiene que ser voluntario.

Nur: La verdad es que yo muchas veces no sé contestar a las preguntas. Hay cosas que no sé contestar, y otras que siento que aunque las explique no las van a entender. Te escuchan y te respetan, pero no te entienden realmente.

Leila: ¿Diríais que es difícil vivir en España siendo musulmana?

Lo que más nos preguntan sobre el velo en el colegio es que si pasamos calor

Salam: Es difícil. Pero no por una misma, sino por los demás. Te miran mucho. Te hacen sentir diferente.

Leila: ¿Por qué creéis que ha surgido toda esta polémica alrededor de una chica que quería ir con pañuelo a clase?

Salam: Me ha sorprendido mucho. Nosotras no tenemos ese problema, nadie nos ha dicho nunca que lo quitemos. Casi todo el mundo nos respeta.

Nur: Yo creo que es un problema de los políticos y de los directores, pero no de los alumnos. No creo que a los alumnos les molestemos, con hiyab o sin hiyab. En mi colegio hay chinos, ecuatorianos, árabes… y nos llevamos bien. Supongo que hay españoles a los que no les gusta tener a tantos inmigrantes en clase, pero no lo suelen decir. La mayoría son normales. Creo que los alumnos no tienen problemas con el hiyab, lo tienen los adultos.

Leila: ¿Y qué haríais vosotras en esa situación? ¿Os quitaríais el hiyab para poder seguir yendo a vuestro colegio?

Salam: No, nunca

Nur: No, no me lo quitaría

Leila:¿Y qué haríais si se da el caso?

Salam: Me cambiaría de colegio.

Nur: Yo ya estoy terminando el bachillerato. Pero si me obligaran a quitarlo me cambiaría de colegio.

Leila: ¿O de ciudad?

Nur: O de país. Me iría a Siria.

Salam: Yo también.

Yo ya sabía antes de hablar con ellas que mis primas se cambiarían de país antes que quitarse el pañuelo obligadas. Y como ellas, la mayoría de chicas que llevan el hiyab. Una vez se lo ponen, puede haber casos de marcha atrás, pero resulta impensable que sea por imposición de una institución. Así que si este caso precede a muchos otros, veremos con frecuencia adolescentes que tendrán que cambiar de colegio, peregrinar en busca de otro, y en ocasiones quedar al margen de la educación o marcharse del país. No parece un buen indicador de integración cultural y religiosa. Tampoco un buen ejemplo para los jóvenes compañeros de estas chicas, que ven cómo la diversidad que ellos ya han asumido como natural es para los adultos un problema que sólo se soluciona con la expulsión del diferente.