Alianzas

El próximo 15 de mayo es el aniversario de lo que los israelíes conocen como el Día de la Independencia de Israel y los palestinos como la “Nakba”, o catástrofe palestina. Durante toda la semana se celebran en paralelo actividades de conmemoración en distintas ciudades del mundo, desde enfoques opuestos. La celebración ha ido acompañada en los últimos años de un intento de negar el derecho a la expresión del duelo palestino.

Palestinos esperan un barco en Haifa, tras ser expulsados por el ejército judío en 1948 (AP)

El avance de la ocupación israelí, que desde el ámbito de lo físico y lo territorial se extiende a todo el resto de  ámbitos, arrincona a los palestinos no sólo geográficamente sino en el terreno de las libertades fundamentales, como la expresión de su identidad. Uno de los ejemplos más recientes y sonados es el Proyecto de Ley de la Nakba presentado por Avigdor Lieberman, el ultraderechista Ministro de Exteriores israelí (recibido hace unos días por el Presidente español). El Proyecto de Ley propone prohibir y tipificar como delito la celebración de eventos públicos o ceremonias para conmemorar la Nakba palestina. Esto supone privar a los palestinos que permanecieron en Israel tras el establecimiento de este estado en 1948 de la libre expresión de dolor por el sufrimiento de su pueblo. El texto dice literalmente que se impondrán penas a quien “muestre signos de tristeza o luto en las fronteras de Israel”, unas fronteras que el Estado israelí continúa sin definir y que expande ilegalmente mediante asentamientos judíos en zonas declaradas palestinas según las Naciones Unidas. Según el Centro por los Derechos Civiles de Israel, la mayor organización de derechos humanos israelí, legislaciones de este tipo suponen un brutal atentado contra la libertad de expresión y un gran retroceso en materia de derechos civiles.

La tendencia se extiende a la educación. El Ministerio de Educación israelí ha eliminado también el término “Nakba” de los libros de texto de alumnos de primaria de origen palestino en colegios israelíes. El párrafo en el que se menciona este término dice Los árabes llaman a esta guerra “Nakba”, guerra de catástrofe, pérdida y humillación, mientras que los judíos lo conocen como “Guerra de Independencia”. Según el gobierno este término en el ámbito educativo supone incentivar la propaganda antiisraelí.

Esta legislación es un paso más en la reafirmación de un pueblo mediante la negación de otro. Un proceso que impregna los distintos ámbitos de la vida pública y que contribuye a destruir la memoria.

Precisamente la memoria es el tema de una de las actividades con las que se conmemora en España la creación del Estado de Israel. La Casa Sefarad- Israel celebra esta semana el congreso “Trauma y Memoria. Primer Congreso Internacional de Psicotraumatología”, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, la AECID y la Comunidad de Madrid.  La iniciativa busca tender puentes entre especialistas en los efectos psicológicos de los conflictos,  investigadores judíos del Holocausto y otros  procedentes de distintos países que pondrán en común las lecciones aprendidas del Holocausto. Los organizadores del Congreso describen el porqué de esta puesta en común:

Los estudios sobre las víctimas de la Shoah (el Holocausto judío) nos brindan un contexto teórico que  permite la investigación y  el acercamiento a otros tipos de víctimas (guerras, terrorismo, maltrato en general…) Pero ante todo nos obligan a una doble reflexión: por un lado sobre lo indecible del horror, y por otro sobre las formas de superación y valentía del ser humano en situaciones  de catástrofe.

El Congreso plantea el Holocausto como ejemplo que puede ayudar a superar sus traumas a otros colectivos, e incluye aportaciones sobre la situación de los tutsis en Ruanda, el genocidio armenio y la identidad árabo-bereber en Mauritania, con especial atención a los efectos en los niños. Para quienes conocen la situación actual entre Israel y los palestinos, resulta difícil no echar en falta la conexión con el trauma del pueblo palestino. No hay ninguna mención a los traumas derivados de la creación del Estado de Israel, como los efectos psicológicos de vivir entre checkpoints o aislados por un muro de separación. Las lecciones que enseña el Holocausto, y que sirven para ayudar a otros colectivos a superar sus traumas, ¿no podrían servir también para tratar de poner fin al sufrimiento del pueblo vecino?

Quizás sería enriquecedor plantear el Congreso como una puesta en común del sufrimiento de ambos pueblos y el modo de superarlos juntos, aprendiendo de las víctimas la necesidad de respetar la identidad y los derechos del otro. De otro modo es una actividad decontextualizada que parte de la exaltación del sufrimiento de unos y la negación, una vez más, del otro.