Alianzas

Simcha Levental frente a imágenes de la exposición

Representantes de la asociación de ex soldados israelíes “Breaking the silence” han visitado Madrid. Su exposición se puede ver en el Círculo de Bellas Artes hasta el 20 de junio, y también en el Patio Maravillas el lunes 14. En 2004, con el título de “Rompiendo el silencio: combatientes israelíes hablan de Hebrón”, un grupo de ex soldados israelíes comenzó a exponer en Tel Aviv las imágenes y testimonios de los abusos cotidianos que los soldados cometen contra los palestinos. Unos abusos de los que toda la sociedad israelí forma parte, ya que el servicio militar es obligatorio durante tres años. Como expone uno de los testimonios, “el Estado deja la enorme responsabilidad de mantener la ocupación en manos de chicos y chicas de 18 años”. Su trabajo se ha extendido a otros países pero el esfuerzo es sobre todo interno, de sensibilización a israelíes sobre la brutalidad de la ocupación.

Simcha Levental (biografía tomada del dossier “Rompiendo el silencio. Los soldados israelíes hablan” [pdf] ) es uno de los fundadores de “Breaking the silence” y su historia personal muestra una evolución que no debió de resultar fácil. Emigró con 14 años desde México con su familia,  judíos ultra-ortodoxos, que decidieron “seguir la llamada de Dios” e instalarse en el asentamiento religioso de Modi´in Illit, construido sobre tierras palestinas. Creció considerando su presencia allí parte de la reinvidicación política del derecho del pueblo judío a poblar la Tierra Santa. El rechazo de su familia a su interés por autores como Shakespeare o materias como el álgebra o las leyes de Newton, prohibidas por la yeshiva, lo llevó a acercarse a la sociedad secular israelí. Durante su período en el ejército sintió que había pasado de un grupo opresor a otro y comenzó a tomar conciencia de lo que había hecho. Lo entrevistamos en Periodismohumano para oír de un ex soldado lo que significa formar parte activa de la ocupación de un pueblo.

La rutina de la ocupación

Simcha habla con un fuerte acento mexicano y la fluidez del que ha repetido su historia cientos de veces, conoce su impacto y el interés que suscita. Es amable, solícito, se esmera en proporcionar todo el material del proyecto que tiene a mano. Natural ante la grabadora que coloco sobre la mesa y que él coge al vuelo y se coloca en el interior del bolsillo de su camisa. “Así lo oirás todo mejor después”.

Pregunta: ¿Durante cuánto tiempo formaste parte del ejército israelí?

Simcha Levental: Tres años, lo que dura el servicio militar obligatorio.

P: ¿Cuál era tu rutina de trabajo?

S.L: Vigilamos los territorios palestinos ocupados. Los checkpoints. Protegemos los asentamientos. Hacemos registros casa por casa comprobando si hay armas…

Simcha habla en presente y en plural de su paso por el ejército, a pesar de que hace años que terminó su servicio militar. Elige, conscientemente o no, el tiempo con que se describe lo habitual, los hechos que se repiten de modo rutinario, para explicar una época que no llega a formar parte del pasado porque cada día y en cada momento se suceden en los territorios ocupados escenas como las que él ha vivido y en las que todos se ven implicados.

P: ¿Cómo es la rutina de un registro? ¿Entráis en la casa de una familia palestina y qué hacéis exactamente?

S.L: Pues entramos, cogemos los DNIs, decimos “todo el mundo al suelo”, encerramos a toda la familia en un cuarto y buscamos por la casa, por los armarios y los cajones a ver si hay armas.

P: ¿Es duro hacer eso?

S.L: Hacerlo la primera vez me dolió mucho, no se me iba de la cabeza el recuerdo de la familia aterrorizada, los niños gritando… Pero a la segunda duele menos, y a la quinta ya no duele. Con el tiempo te conviertes en un robot.

P: ¿Cómo se produce esa toma de conciencia de lo que uno ha hecho? ¿Es un proceso gradual, o hay algo concreto que lo desencadena, algo que marca un antes y un después?

S.L: Es interesante la pregunta, no me lo habían preguntado antes. Fue hablando con compañeros del servicio tiempo después. Cuando eres un soldado, lo más importante en tu vida son tus compañeros, se crean unos vínculos muy fuertes. Y hablando entre nosotros, compartiendo vivencias de esos años, llegamos a entender que aquello que asimilamos como normal no lo era. Que habíamos contribuido, que todos en el ejército contribuimos a crear una nueva generación que nos odia y nos teme por el daño que nosotros les hacemos.

P: ¿Es contar lo que habéis vivido una forma de terapia?

S.L: No. Es una forma de asumir responsabilidad, y de ser un ser humano. Tomar responsabilidad de tus actos, de las cosas en las que participas.

Las imágenes

Nos levantamos y vamos viendo las fotos que cuelgan de la pared, imágenes de gran tamaño y nitidez, en la que se aprecian con enorme nivel de detalle escenas perturbadoras que Simcha va describiendo. Describe lo que se ve en la imagen pero sobre todo describe lo que no se ve. Lo que hay detrás de cada una de esas fotos que remueven al espectador.

Como una serie de imágenes tomadas por soldados tras matar a un palestino que, según cuenta Simcha, se disponía a matar civiles en Israel y al que logaron detener antes. En una de las fotos un soldado sonríe a cámara, el fusil al hombro y el pie sobre el cuello del hombre sin vida, sin camisa y con los pantalones bajados mostrando la ropa interior. Recuerda a las fotos de cazadores exponiendo satisfechos sus trofeos. En otra de las imágenes cinco soldados rodean el mismo cuerpo, al que señalan sonrientes con sus armas.

P: Qué duras estas fotos.

Simcha me corrige, parece algo contrariado.

S.L: ¿Ves?, estas son las fotos que más te molestan a ti, las que más os molestan a la mayoría. Sin embargo estas fotos no son las verdaderamente alarmantes. Este hombre iba a matar a gente y los soldados se sacan la foto porque están satisfechos de haber cumplido su deber de proteger a civiles. Esta foto está bien: te entrenan para matar a tu enemigo, y matar a tu enemigo es como cuando un escalador llega a la cima. A ti te molesta porque no es estético, pero las fotos verdaderamente alarmantes son otras, mucho más cotidianas que estas.

Señala a otra imagen. Se ve a dos soldados muy jóvenes sentados en un sofá de un saloncito, sonriendo a cámara frente a un televisor en el que se proyecta un partido de fútbol.

P: ¿Qué hacen?

S.L: Están viendo el fútbol. En casa de unos palestinos a los que están registrando. Es la vida diaria del ejército, en la que estas cosas se normalizan. A veces hacemos jornadas de 18 horas diarias, y en algún momento tienes que parar a descansar, hacer cosas normales. Aquí estos soldados decidieron descansar en mitad de un mundial y ver el partido durante un registro, mientras los dueños de la casa están encerrados en un cuarto. No ven nada raro en esta situación. Llegamos a ver como normales cosas que no lo son, que se convierten en parte de nuestra vida cotidiana, hasta que un día te das cuenta de que todo esto no es normal. De que la noción de lo que está bien y lo que está mal se nos ha alterado.

P: ¿Me explicas esta foto de los niños?

S.L: Sí, esta foto es realmente dura. Fíjate bien en los niños, ¿qué hacen?

P: Juegan, ¿no? Junto a un soldado israelí, que les sonríe.

S.L: Sí, ¿pero a qué juegan?

Sigo analizando la imagen, mientras Simcha la explica, de un modo especialmente apasionado.

S.L: Fíjate bien. Hay tres niños de espaldas, contra un muro, mientras otros dos les apuntan con un palo, como si fuese una pistola. Juegan a registrarse, a los checkpoints, algo que ven cada día. Estos niños crecen viendo a soldados registrar y apuntar con pistolas a sus padres, a sus tíos…

Se gira hacia otra imagen, también de un grupo de niños, estos ataviados con la kipá judía.

S.L: Y mira estos otros niños. Crecen viendo cómo sus familiares y vecinos agreden y registran a otros, viendo esto como algo  normal.

P: Imagino que no es fácil explicar todo esto en Israel, ¿qué trabajo de sensibilización hacéis allí?

S.L: Es muy difícil hacer entender esto allí. Hacer entender que formamos parte activa del problema. Que no hay forma posible de humanizar una ocupación, de hacerla moral. Que todo lo que nos enseñan, las indicaciones de lo que debemos hacer o no durante el servicio, de lo que está permitido o no, todo eso no sirve porque no hay forma amable de mantener una ocupación. La ocupación en sí deshumaniza, nos deshumaniza a todos, no es posible hacerla “con guantes”. Este el mensaje en el que insistimos. ¿Qué es lo que uno tiene en la vida? La seguridad de su casa, de que no va a venir nadie a echarlo de allí. Y eso es lo que les quitamos a los palestinos.

P: ¿Qué dice en esta pintada?

S.L: “Los árabes a la cámara de gas”.

P: Así que hay judíos que se refieren a un trauma de la historia del pueblo judío para aplicárselo a los palestinos.

S.L: Sí, así es.

Señala una foto en la que se ve a través del objetivo de un arma a un soldado israelí.

S.L: Mira, aquí se ve a un soldado apuntando a otro, probablemente el que está siendo apuntado ni se ha dado cuenta. El arma es parte del paisaje, un juguete más, se ha convertido en un juguete que forma parte de nuestra vida cotidiana.

P: ¿Y estos rostros? ¿Son soldados?

S: Sí, es gente que ha participado en “Breaking the silence”. Para que veáis que no tenemos cuernos, ni nada raro… (sonríe).

La política de Israel

P: ¿Sufrís algún tipo de intento de silenciaros en Israel? Imagino que lo que decís no es algo que todo el mundo está dispuesto a oír, sobre todo desde las autoridades…

S.L: No, Israel es un país democrático. Salvo casos excepcionales, nadie no silencia, subrayaría este punto. Hablamos con 3.000 personas al año, estamos en prensa, tratamos de llevar la realidad a cada casa y somos bien acogidos en general.

P: ¿Ves alguna contradicción entre el carácter judío del Estado y ese carácter democrático?

S.L: No creo. ¿Qué quiere decir judío en realidad? Lo que sí sé es lo que quiere decir democrático. Plenos derechos a todos, prensa abierta, libertad de expresión. Es un país democrático, con libertad de expresión, en el que cada uno puede pensar y decir lo que quiera.

P: ¿Dirías que la minoría árabe de Israel disfruta de los mismos derechos que los judíos?

Duda, lo piensa unos segundos.

S.L: No. No tienen los mismos derechos.

P: ¿Cómo se concilia entonces?

S.L: Esta es una lucha continua contra la corrupción del Estado. Parte de la lucha es que se extiendan los derechos democráticos a todos, pero los testimonios en sí vienen de una visión democrática. La única medicina para la corrupción es tratarla de forma pública e independiente.

P: ¿Qué política crees que debe seguirse para alcanzar una solución justa para todos?

S.L: Yo no soy político, hay gente inteligente que tiene miles de soluciones. Yo sólo soy experto en qué supone ser un ocupante. Les traigo esta realidad a todos para que quien pueda tome sus decisiones. Para que quienes tienen la capacidad de tomar decisiones políticas lo tengan en cuenta.

P: No sé si has seguido lo sucedido con la Flotilla de activistas internacionales que trataban de romper el cerco a Gaza. ¿Qué piensas de lo ocurrido?

S.L: Esto es algo que me molesta bastante… Se le da una enorme importancia a esta flotilla, y no a lo que sucede en los territorios ocupados cada día. Hay que fijarse en lo cotidiano: en los pescadores palestinos a los que se limita la capacidad de pescar, por ejemplo. Me gustaría que el enfoque se centrase en lo cotidiano. Aparte de eso, sí debería hacerse una investigación pública e independiente de lo que sucedió con los activistas.

P: ¿Trabajáis con palestinos desde la asociación?

S.L: No. El trabajo que hacemos es sobre todo con judíos. Hablamos con judíos de Israel, de EEUU, con comunidades europeas… Es más bien un trabajo interno. El 90% de mi trabajo es dentro de Israel, y lo que más me importa es el proceso que nosotros mismos estamos sufriendo. Esta es una lucha por el corazón de Israel, por la moralidad que pierde a través de su paso por el ejército. Pero sí tengo amigos palestinos, y algunos  me han comentado que también les gustaría poder pasar por un proceso de romper el silencio como nosotros lo estamos haciendo. El silencio afecta a muchos pueblos, no sólo a Israel, y me gustaría ver a otros pueblos llevar a cabo este mismo proceso. Israel tiene una buena sociedad, pero debemos parar esto.

Ante testimonios como los de Simcha y el resto de soldados, una no puede dejar de preguntarse qué más hace falta para que se ponga fin a esta situación. El extremo al que llegan los abusos y la normalización de las torturas es de sobra conocido y ante estos testimonios de los propios agresores resulta aún más difícil ignorarlos. Sin embargo, sigue mirando para otro lado la mayor parte de la comunidad política internacional, que no muestra intención alguna de presionar política y económicamente a las autoridades de Israel para que pongan fin  a la injusticia inherente a la ocupación.

(9) Comentarios

  1. Euenio

    Felicito a estos ex soldados por su labor de mea culpa,algo que sin dudas les humaniza, pero no estoy de acuerdo en que Israel sea un país democrático. Si España o cualquier país se declarara budista, católico o musulmán y excluyera e incluso persiguiera a los miembros de otra fe,y les expulsara de sus hogares, etc., no podría auto-definirse como democrático.

  2. Euenio

    ¿Qué pensarían los israelíes si los judíos recibieran en nuestros países el mismo tratamiento que reciben los palestinos en su propia tierra? ¿Acaso no hablarían de anti-semitismo? ¿Cómo debemos calificar entonces esos 60 años de ocupación y masacre permanente que el ejército de Israel le infringe al pueblo palestino? Y ya que quieren un estado solo para judíos: qué pensarían los judíos del mundo si se les obligara a dejar nuestros países y tuvieran que vivir solamente en Israel? ¿Sería democrático, sería justo, sería humano?

  3. Euenio

    inflinge*

  4. Un ejemplo transformador en un engranaje, el estado de Isrel y su ejército, que requiere una transformación radical. Se agradece escuchar opiniones abiertas de gente de Israel, un país donde predomina lo obtuso y cerrado.

  5. Gracias por esta interesante entrevista. Felicidades a todas las personas que integran “Breaking the silence” por su gran trabajo y labor. Sin embargo me llama muchísimo la atención la confianza que Simcha Levental tiene en el Estado de Israel (“es un país democrático”, “Israel tiene una buena sociedad”, “es una lucha por el corazón de Israel, por la moralidad que pierde”). No digo que me parezca mal, solo que me asombra, que no puedo entenderlo del todo. Creo que hace falta tener un gran sentimiento identitario hacia un Estado para resaltar sus aspectos positivos siendo éste una potencia ocupante y militar. Imagino que son cosas que una atea como yo no puede comprender.

  6. May

    Gracias Leila,
    muy bueno el tema, como siempre.
    El jueves los tendremos por Sevilla, será muy interesante ir (a las 20:00 hs en el Aula Magna de la Facultad de Filología – Charla organizada por Amnistía Internacional).
    Abrazos

  7. Coincido a partes iguales con la persona que os ha felicitado por la entrevista y por la labor de “Breaking the silence” y con la crítica del primer comentario al entrevistado.

    A veces hay que tener excesiva paciencia con la reealidad.Si no hay una labor de concienciación entre las propias víctimas-perpetradoras, seguirán atrincheradas a la defensiva, creyendo que los buenos son ellos y los malos el mundo antisionista.

  8. [...] esta imagen de convivencia entre historia y modernidad debe negar la realidad de esa convivencia: la brutalidad de la ocupación de Palestina sobre la que está basada el Estado, la militarización [...]

  9. [...] Fonte: http://alianzas.periodismohumano.com/2010/06/14/no-hay-forma-de-humanizar-una-ocupacion-entrevista-a… [...]

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