Alianzas

Judíos ultraortodoxos en Jerusalén, saliendo de un mercado religioso al que sólo pueden acceder hombres. Imagen de Simcha Levental

“El derecho a elegir”. Este es el mensaje destacado en la página de Hillel, asociación de voluntarios israelíes que ayuda a judíos ultraortodoxos  (jaredi o haredi en hebreo) a abandonar su comunidad. Esta asociación, junto con otros esfuerzos del Estado israelí por promover la integración de las distintas comunidades judías, da una muestra de la creciente brecha entre los judíos laicos o no religiosos y los ultraortodoxos,  que con frecuencia residen en asentamientos ilegales de los que se ha expulsado a los palestinos. Los haredi desean mantener la pureza de los valores ultraortodoxos y evitan a toda costa mezclarse con el resto de judíos del Estado.

En el contexto de la ocupación israelí de tierra palestina, a menudo pasan desapercibidos otros conflictos internos: los que dividen a los distintos sectores de la sociedad judía israelí. La semana pasada atrajo gran atención mediática el arresto de un grupo de padres de la comunidad ultraortodoxa, que se negaban a aceptar las políticas de integración (judía) que promueve el gobierno. ¿Qué es exactamente lo que protestaban estos padres?

Protestaban por el hecho de que sus hijas, de familia judía ashkenazi (de origen europeo) estudiasen con niñas judías sefardíes (procedentes de países árabes). Su petición de preservar el aislamiento entre comunidades fue apoyada por más de 100.000 judíos ultraortodoxos en manifestaciones en Jerusalén y otras ciudades.

Entre las reglas de esta comunidad está el estudio en los centros de la yeshiva, que se mantienen al margen del sistema educativo y del resto de instituciones. Se centran en el estudio del Talmud y rechazan otras fuentes de conocimiento, como matemáticas, ciencia, geografía, historia, literatura, lenguas e incluso la Biblia.  La educación se imparte por separado a hombres y mujeres. No es la única medida de segregación en una comunidad que promueve la separación de hombres y mujeres en los espacios físicos, incluidos los autobuses. No había en esta última manifestación rostros femeninos, ya que su presencia en este tipo de eventos está prohibida.

Hillel se ocupa de ayudar a miembros de estas comunidades a abandonarlas “e integrarse en el mundo moderno y pluralista que los rodea”. La asociación la financian donaciones privadas y cuenta con el apoyo de intelectuales israelíes como Amos Oz. El trabajo lo realiza un grupo de 250 voluntarios que a su vez abandonaron su entorno para incorporarse a una forma de vida radicalmente distinta. Se definen como “un refugio para quienes cuestionan los valores del mundo ultraortodoxo, en donde las preguntas “qué” y “por qué” son mal vistas por padres y profesores”. Entre los servicios que ofrecen se encuentran una línea telefónica abierta en la que se atienden todo tipo de dudas; un mentor que acompaña al nuevo miembro en sus primeros pasos fuera de la comunidad; alojamiento, normalmente con familias de acogida que les ayudan a integrarse en la vida moderna; educación (asesoramiento, clases particulares,  programa de becas para jóvenes que quieran incoporarse al sistema educativo secular); actividades de ocio y cultura (cenas, eventos, actividades de escritura, dibujo, fotografía…) y preparación para el servicio militar, que es obligatorio para los judíos de Israel con la excepción de las comunidades ultraortodoxas.

En la página de la asociación se advierte a quienes desean dar el paso de salir de estas comunidades de las dificultades que esto implica:

  • Romper con tu familia y todo tu entorno anterior
  • Adaptarte a unos códigos sociales completamente nuevos: los del mundo moderno
  • Aislamiento social y emocional
  • Carencias educativas
  • Dificultades para encontrar un empleo y lograr la independencia financiera

Estas advertencias dan una idea de la dificultad de conciliar ambos modos de vida. La población jaredi forma ya cerca de un 20% del total. La media de natalidad es de 6.8 hijos, mientras entre el resto de judíos israelíes la media es de 2.6. Ante estos datos, el periodista israelí Yair Lapid se pregunta en este artículo cómo se supone que sus 2.6 hijos mantendrán a los 6.8 de los ultraortodoxos, una comunidad que se mantiene al margen de las instituciones educativas, sociales y económicas del Estado. Probablemente en este punto radica la verdadera esencia de la amenaza que se trata de atajar con distintas medidas de integración. ¿Quién subvencionará a estas comunidades ante su imparable crecimiento demográfico? ¿Podrá el ejército mantener la ocupación ilegal de los territorios palestinos y garantizar la seguridad de los asentamientos con un creciente número de jóvenes que no realizará el servicio militar?

Se promueve y se facilita su instalación en territorios ilegalmente ocupados según las Naciones Unidas, pero a cambio se da alas a una comunidad que crece a un nivel muy superior al resto de la población y cuyos hijos serán ciudadanos improductivos que terminarán viviendo a expensas del sistema. Y que no cumplen el servicio militar. Una comunidad que amenaza desde dentro la supervivencia del Estado de Israel que contribuye a expandir.