Alianzas

Un mensaje en Twitter le ha costado el despido a Octavia Nasr, periodista de CNN. Tras 20 años de trabajo con la cadena estadounidense, ha bastado un mensaje para que los directivos anunciasen su fulgurante salida como responsable de Asuntos de Oriente Medio. ¿Qué contenía el mensaje?

Menos de 140 caracteres en los que expresaba, a través de esta red social, su admiración por el clérigo chíi Mohammad Husein Fadlalah, recientemente fallecido.

Triste tras oir que ha fallecido el Sayyed Mohammed Hussein Fadlallah… Uno de los gigantes de Hezbollah a quien admiro mucho.

Fadlalah es uno de los líderes más reverenciados del Islam chií, conocido por su oposición a las políticas estadounidenses e israelíes en Oriente Medio. Se le describe en los medios occidentales como “el líder espiritual de Hezbollah”, aunque tanto él como Hezbollah lo han negado, y recibe desde hace años críticas encarnizadas por parte de Israel y Estados Unidos. Sin embargo, tal y como señala en su blog Jillian C. York, del Berkman Center for Internet and Society, el clérigo estaba bien considerado por medios occidentales e incluso israelíes, como el caso de Hareetz, que tituló su artículo sobre la muerte de Fadlallah  “Un clérigo como ningún otro”. Se le conoce también por impulsar activamente el cese de los atentados suicidas y por sus puntos de vista relativamente progresistas en lo referente a los derechos de las mujeres.

Precisamente a este punto se acogió Octavia Nasr, periodista estadounidense de origen libanés, para justificar su comentario. Fue tal la avalancha mediática ante su mensaje en Twitter que se disculpó casi inmediatamente en su blog y en la propia red:

Según Parisa Khosravi, Vicepresidente de International Newsgathering de CNN, la credibilidad de Nasr está ahora en cuestión “por su posicionamiento y su falta de objetividad”. Sin embargo son concretamente este tipo de opiniones las que suelen provocar reacciones tan fulminantes. Sucedió algo similar con la periodista Helen Thomas, corresponsal de la Casa Blanca durante 50 años, que tras los ataque israelíes a la Flotilla de activistas internacionales que reclamaban el cese del bloqueo a Gaza respondió a la pregunta de un periodista sobre Israel:

“Dígales que se larguen de Palestina. Los palestinos están siendo ocupados en su propia tierra. No es la tierra ni de los alemanes ni de los polacos”.

Este comentario provocó su cese inmediato, bajo la lluvia de acusaciones de colaboracionismo con Hamas y Hezbollah. Esas mismas declaraciones se oyen a diario, sin embargo, referidas a los palestinos, sin que eso suponga  consecuencias. El ferviente antiárabe Martin Kramer, investigador en la Universidad de Harvard, proponía hace unos meses en la Universidad de Herzliya detener las ayudas a la población de la Franja, que bajo el paraguas de esas ayudas “continuaban teniendo hijos y produciendo jóvenes supérfluos que se convertirían en terroristas.”

Numerosos representantes políticos, como el ex-gobernador de Arkansas, no ocultan tampoco su opinión respecto a un Estado Palestino:

“Los palestinos pueden crear su Estado en cualquier otro país de Oriente Medio, fuera de Israel”

También entre los colaboradores de CNN hay quienes, como el periodista Erick Ericsson,  se caracterizan por sus comentarios racistas y sexistas. Echando un vistazo a su twitter se puede comprobar que no se anda con contemplaciones. Entre sus mensajes más sonados en esta red está el comparar a Linda Douglass, que ha sido Directora de Comunicación en la Administración Obama, con Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania nazi. O uno de sus últimos comentarios sobre los españoles:

Es la primera vez que los españoles usan el cerebro desde que financiaron a Cristóbal Colón.

Mientras que unos comentarios se aceptan como parte del derecho a la libertad de expresión, otros reciben un castigo inmediato. Parece menos una cuestión de objetividad que de rechazo de unos posicionamientos políticos e ideológicos respecto a otros.