Alianzas

Ramadán es la época de la mejor comida casera. En Siria las mesas se llenan de dulces de pistacho y almíbar, knafe, naem (tortas de pan fino tostado y cubierto de sirope de uvas),  jugo de tamarindo y regaliz para celebrar cada día el fin del ayuno, que este año resulta especialmente duro, rozando los 50 grados en Damasco. Además de la expectación ante las comidas y bebidas, endulzan la espera las series y telenovelas que sólo se emiten en esta época del año. La más popular, que desde hace cinco temporadas hace furor  a lo largo y ancho de todo el mundo árabe, es Bab El Hara.

Bab El Hara es una serie de producción siria que narra las vivencias de varias familias en el Damasco de la colonización francesa. Se ambienta en los años 30, en la época de finales del período otomano y entreguerras. El contexto histórico que sirve de soporte a las dramas, intrigas, amores y desamores que, como buena telenovela tiene, ha acercado a los sirios a la narración de una parte importante de su historia reciente. Incluso ha influido en la restauración que se ha hecho de parte de los mercados tradicionales damasquinos, que ahora lucen puertas a imagen y semejanza del decorado de la serie.

Mercado de Midhat Pasha, Damasco

El alcance de esta serie, sus tramas, su mensaje y su recreación histórica no se limita a Siria.  Las aventuras y desventuras del farmacéutico Abo Issam, su mujer Souad, su aguerrido hijo Meetez, que lucha contra los franceses, su amada Khayryeh, el cafetero Abu Hatem, son seguidas en hogares de todos los países árabes durante Ramadán. Se lanzó en 2006 a través del canal saudí con sede en Dubai MBC (Middle East Broadcasting Center), pero gracias a la emisión por satélite puede verse desde los  opulentos países del Golfo hasta la devastada Gaza.

La serie es también un fenómeno en Internet. Pueden seguirse los capítulos a través de la página de Bab El Hara en MBC y la mayoría se encuentran también en Youtube. La serie tiene entrada en Wikipedia, una página de facebook con más de 40.000 seguidores y es tema de conversación en  foros de todo tipo. Personas de distintos puntos del mundo árabe y árabes residentes en otros países se rinden al melodrama de Bab El Hara, y con ello se rinden también a lo que a Siria le gusta proyectar como su papel como pieza clave en la resistencia contra la injerencia europea.

La serie cuenta con tantos adeptos como críticos. Según Ahmad Humeid, uno de los blogueros jordanos más reconocidos, Bab El Hara es  “el opio de las masas árabes”. Humeid lamenta la pésima actuación, la mala calidad de  producción, iluminación y montaje, y la “abundancia de mostachos”.

Una de las críticas más frecuentes a la serie es su representación de las mujeres. No hay en la trama ningún personaje femenino fuerte, y las mujeres que figuran en ella son meras secundarias o personajes sin peso específico. Meros acompañantes de los héroes masculinos y limitadas al ámbito de lo doméstico. “Sí, primo”. “Como tú digas, primo”, son las frases más repetidas por estas mujeres (en la tradición siria era común el matrimonio entre primos, por lo que se extendió el uso de esta expresión para referirse al marido).

Y si la representación de las mujeres es estereotipada y plana, también lo es la de los hombres, egocéntricos, arrogantes o bufonescos. Personajes llevados al extremo, siempre al límite tanto en lo pasional como en lo cómico. Tanto unos como otros apuntan a un fenómeno que avanza en el mundo árabe: la regresión a los valores más tradicionales, de aplicación más literal de la religión y la nostalgia de un pasado mejor basado en esos valores. Bab El Hara sería desde esta lectura el espejo en el que a muchos musulmanes y árabes conservadores les gusta mirarse.

Según el activista mauritano Nasser Weddady, la serie es la respuesta siria a la también archiconocida Layali Alhelmia, telenovela histórica egipcia, ambientada en la época del Rey Faruq, con la que Egipto se coló en los hogares árabes durante los años 80 y 90. Bab El Hara representa el cambio de la hegemonía mediática de manos de Egipto a manos de Siria. Ahora es el dialecto sirio el que se oye y se imita en el resto de países, en una tendencia que ha ido en aumento desde el primer doblaje al dialecto sirio de una telenovela turca: la popular Noor, que mantuvo a millones en vilo con las aventuras de Noor y Mohannad, la versión árabe de los nombres originales turcos.

Noor se emitió en Turquía sin mayor pena ni gloria hasta que el canal turco cedió a Siria los derechos de emisión y doblaje. Los seguidores de la serie se dispararon superando cualquier expectativa y provocando efectos secundarios como el aumento del turismo entre Turquía y Siria. Un gesto que coincidió con (o selló) el comienzo de una nueva etapa en las complicadas relaciones entre Siria y Turquía. La serie despertó críticas entre los sectores más tradicionales, que no encajaron bien que se exportase al resto  del mundo árabe, y en dialecto sirio, una telenovela que trataba temas más aceptados en la sociedad turca que en la siria, donde todavía son tabú. Con Bab El Hara, en cambio, están satisfechos estos sectores tradicionales.

La finalidad tanto de las series turcas dobladas al dialecto sirio como de las series de  producción nacional, ya sean ambientadas en el momento actual o en momentos clave de la historia del país, es principalmente el beneficio generado del entretenimiento. Tener a millones de espectadores clavados al televisor en hora punta genera sin duda mucho dinero (se barajan cifras de más de 200 millones de dólares en el caso de Bab El Hara). Pero eso no significa que Siria no preste atención a las implicaciones mediáticas de esta exportación de su historia y de su imagen y a las alianzas que se puedan derivar de ella.  Su imagen en el resto del mundo árabe le importa, y mucho. De ella depende en gran medida su peso como actor geoestratégico en el siempre quebradizo escenario de Oriente Medio.

Capítulo de la 5ª temporada de Bab El Hara