Alianzas

Asistentes a la manifestación del sábado 29 de agosto en Washington D.C. Publicado por Ohio Tea Party en Twitter

Park 51, el proyecto de construír un centro comunitario musulmán cerca de la ZonaCero de Manhattan, ha dado alas a episodios de islamofobia en distintos lugares de EEUU, que alimentan los sectores más conservadores del país. La tensión ha generado una polarización aún mayor de la sociedad estadounidense, que ayer se reflejó como en un espejo en una marcha y en una contramarcha en torno al mensaje de quien todos dicen admirar: el Reverendo Martin Luther King.

El proyecto ha sido el centro de un debate sobre si es conveniente o no que en el lugar donde ocurrieron los atentados del 11 de septiembre se construya un centro musulmán. Sarah Palin, que se ha colocado a la cabeza del debate, pedía hace unas semanas en su twitter comprensión hacia el hecho de que «la Zona Cero es un asunto sensible y hará daño a muchos ver allí un centro musulmán». Esto implica una preocupante asociación entre los atentados terroristas y toda una identidad religiosa que incluye a 3.5 millones de estadounidenses. De poco ha servido que los promotores del proyecto hayan explicado que no se trata de una mezquita, sino de un «centro cultural musulmán» en el que tendrán cabida personas de otras confesiones, que podrá ser utilizado para otros eventos y celebraciones y que allí se honrará la memoria de las víctimas, estadounidenses igual que ellos.

Muchos temen que este debate haya abierto la veda a actos racistas.  En los últimos días se han sucedido incidentes que van desde el ataque a niños musulmanes a la puerta de un colegio hasta actos de vandalismo contra mezquitas  en distintos lugares del país, como Queens y California. Ahmad Sharif, que emigró de Bangladesh hasta Nueva York hace 25 años y trabaja desde entonces como taxista, es de momento la víctima más grave de los episodios de racismo. Fue apuñalado después de que el agresor, Michael Enrich, entrara en su taxi y le preguntara si era musulmán.

Blogueras como Pamela Geller se han encargado de avivar el fuego, llamando al proyecto «Monster Mosque» o «911 Mosque». Ya en mayo publicaba en su blog un artículo con este titular: «La Mezquita Monstruosa sigue adelante a la sombra de la destrucción y la muerte provocada por el Islam en el World Trade Center». En el artículo destaca «la naturaleza territorial del Islam» y compara este proyecto a la destrucción del templo de Jerusalén y la construcción de la mezquita de Al-Aqsa.

Pero que entre los musulmanes estadounidenses haya una fuerte preocupación y condena a estos actos racistas y a quienes incitan al odio no significa que todos vean con buenos ojos la decisión de construir el centro. Para muchos no podía haber peor momento.  Según Nasser Weddady, activista por los derechos civiles mauritano y residente en Estados Unidos, el proyecto es una iniciativa individual del Imam Feisal Abdel Raouf, que  cometió el error de no consultar a su propia comunidad sobre si realmente querían esa iniciativa en ese momento.

«En un mundo ideal no habría una asociación entre los atentados terroristas del 11 de septiembre y toda una identidad religiosa, pero no vivimos en un mundo ideal, los prejuicios existen y se lo hemos puesto muy fácil a los sectores más reaccionarios del país. Esos sectores pretenden simplificar una identidad que no es homogénea. No se puede hablar de una comunidad musulmana homogénea en EEUU, y la mayoría no se siente representada por los mullahs y otras figuras religiosas a los que los medios dan cabida como la voz de los musulmanes.»

La fecha prevista para la construcción coincide no sólo con las elecciones de noviembre, que llevan a la politización de un asunto como este, sino con el 10º aniversario de los atentados del 11 de septiembre. El asunto parece servido en bandeja para la alianza de políticos y medios conservadores, también a la cabeza de una marcha insólita que se celebró el 28 de agosto. La ex-gobernadora de Alaska Sarah Palin, el comunicador Glen Beck,  medios ultraconservadores y políticos de los conocidos en EEUU como los «Tea Parties», consiguieron convocar a 87.000 personas bajo el lema  «Restoring Honor». «Estamos en el lado correcto de la Historia, reclamando las libertades individuales, como hemos hecho siempre. Fuimos nosotros quienes primero luchamos por los derechos civiles», afirmaba Glenn Beck. Esta reclamación se hace nada menos que en el aniversario y en el mismo lugar donde hace 47 años Martin Luther King pronunció su discurso «I have a dream», e invoca los valores de libertad, justicia e igualdad por los que murió el Reverendo.

Esta apropiación del mensaje de Martin Luther King por parte del sector más reaccionario de Estados Unidos ha provocado la indignación de quienes no ven relación alguna entre el mensaje de paz, igualdad y justicia social de Luther King y las proclamas republicanas. Fue muy reveladora la ausencia de afroamericanos en la marcha, que supuestamente se celebró en honor al defensor de los derechos civiles que luchó por la igualdad de los negros. La periodista egipcia Mona Eltahawy la describía como «una marea blanca», aludiendo al color de los asistentes.

Los afroamericanos, junto a los latinos e inmigrantes de todas las procedencias y religiones, incluidos musulmanes, no estaban allí, sino a pocos metros, en otra marcha liderada por el Reverendo Al Sharpton:

«Puede que ellos tengan el Mall (donde Dr. Luther King pronunció su discurso), pero nosotros tenemos el mensaje. Tendrán el Estado, pero nosotros tenemos el sueño. Y como predicaba Martin Luther King, no responderemos a las provocaciones»

¿Adónde lleva esta polarización de la sociedad estadounidense? Citando de nuevo a Weddady, no es probable que esta islamofobia que muchos alimentan se consolide legalmente: «En Estados Unidos estas cosas ocurren, pero ocurren fuera de la ley. Es muy preocupante ver ataques racistas como los que estamos viviendo, y alarmante la actitud islamófoba de los ultraderechistas. Pero los ultraderechistas no representan el consenso estadounidense. La constitución estadounidense está firmemente basada en el respeto a la diversidad religiosa, los Tea Parties también lo saben y por eso se dedican a agitar a la población, porque saben que con la ley en la mano sus posicionamientos racistas no pueden prosperar».

Que el mensaje ultraderechista no se extienda al resto de la sociedad  probablemente requiera de que todos los musulmanes moderados, mayoría en EEUU, alcen la voz y participen activamente del debate en torno a ellos. En el Huffington Post, la periodista Anushay Hosaini insistía en esta necesidad:

«Tenemos que decir y recordarle a la gente que quienes atacaron las Torres Gemelas no eran musulmanes. Gente que aparca sus coches con explosivos en Times Square en el nombre del Islam no son musulmanes. Son terroristas y aterrorizan a los musulmanes tanto como a cualquiera. No son nosotros y no somos ellos. Y no hay mejor momento para los musulmanes moderados para reclamar su fe y no dejar que los terroristas la monopolicen que ahora, durante el Ramadan»