Alianzas

Últimamente no pasa una semana sin que se forme algún escándalo en torno a un comentario en la red social Twitter. El último, la detención de un político británico que bromeó con lapidar a una periodista y que ha perdido su empleo por tomar a la ligera el hecho de que todo lo que se dice en Twitter es público y puede tener consecuencias.

Gareth Compton, concejal de Erdington, publicó el miércoles este mensaje en twitter:

Traducido al español:

¿Podría alguien, por favor, lapidar hasta la muerte a Yasmin Alibhai-Brown? No se lo diré a Amnistía Internacional. Sería realmente una bendición.

El mensaje pretende ser divertido, un comentario con el que el concejal probablemente quería hacer reír a sus amigos, pero pasó en cuestión de segundos a “declaración pública de racismo e incitación al asesinato”. La periodista británica y musulmana Alibhai-Brown reaccionó enseguida al insulto pidiendo que se sentase un precedente legal que castigase este tipo de declaraciones. El mensaje se extendió como la pólvora. Se armó tal revuelo que esa misma noche Compton tenía a la policía en casa con una orden de detención. Al día siguiente se supo que la broma le había costado el empleo. El concejal ya había comentado otras veces que Twitter era un espacio “para la broma y el comentario facilón” y tardó en comprender que las consecuencias de lo que se comparte en esta red, y en todas las redes sociales, son las mismas que las de cualquier declaración pública en los espacios tradicionales. Aquí la secuencia de mensajes en las que pasa de una actitud defensiva a la disculpa, probablemente tras ver lo que se le venía encima (leer de abajo a arriba).

La lapidación está de actualidad en todos los medios de comunicación por el caso de Sakineh Mohammadi Ashtiani, la mujer iraní a la que el gobierno de Irán amenaza con ejecutar en cualquier momento. La campaña que ha iniciado Amnistía Internacional para impedir su asesinato ha llamado la atención a los abusos contra las mujeres que muchos gobiernos aún promueven. Se han hecho eco de la reinvidicación contra la lapidación otras asociaciones civiles y se han sumado representantes políticos de todo el mundo. Pero el de Sakineh no es un caso aislado.

Según  datos de Naciones Unidas, unas 5.000 mujeres mueren al año víctimas de los conocidos como “Crímenes de Honor”. Human Rights Watch define estos crímenes como “actos de violencia, normalmente asesinatos, cometidos por familiares masculinos contra mujeres que se perciben como causantes de la deshonra de la familia.” Lapidadas, estranguladas, electrocutadas, quemadas vivas o con ácido, acusadas de adulterio en la mayoría de los casos. Las cifras de asociaciones que defienden los derechos de las mujeres hablan de 20.000 víctimas al año, en una tendencia que se extiende de forma alarmante y que no se limita a Oriente Medio. Tampoco se limita a las comunidades musulmanas, la práctica se da también en comunidades cristianas de países como Jordania.  Cuando estas prácticas trascienden el ámbito familiar y se institucionalizan, como en el caso de Irán, la impunidad de estos asesinatos es absoluta.

A la cabeza de los “crímenes de honor” están el Kurdistán Iraquí, Jordania, Pakistán y Turquía. Sólo en Pakistán se asesina a 1.000 mujeres al año. En el reportaje de Robert Fisk, “La ola de crímenes que avergüenza al mundo” se pueden encontrar más datos sobre casos de “crímenes de honor” por país.

Este informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo menciona que es responsabilidad de todos erradicar estos abusos. Ante la alarmante tendencia en alza en los crímenes contra las mujeres, no sobran las iniciativas que luchen contra la impunidad y promuevan la defensa de los derechos humanos. Lo que sí sobra, desde luego, son las bromas.