Alianzas

Imagen de Nawaat.org

Algo se mueve en el Norte de África.Desde Argelia hasta Egipto, pasando por Túnez, la tensión entre gobiernos corruptos y sociedades civiles ha estallado, extendiéndose por la región. Pero en ningún país las autoridades cargan con la violencia de las tunecinas, donde las revueltas podrían suponer el final del gobierno de  Zine al-Abidine Ben Ali.

La dura situación económica en la que se encuentra Túnez, sumada al descontento con un régimen que se perpetúa en el poder, es terreno abonado para las revueltas sociales. Ha encendido la mecha la muerte de Mohamed Bouazizi, un joven que se quemó vivo después de que la policía le confiscase el puesto de fruta y verdura que había montado para alimentar a su familia, tras meses de buscar trabajo. El pueblo de Sidi Bouzid salió a la calle en solidaridad con el joven y en protesta por el desempleo, la desigualdad y la corrupción, y desde entonces las autoridades han sitiado la ciudad. Entre el sábado y el domingo las autoridades asesinaron a 50 personas entre los pueblos de Kasserine Thala, Feriana, Regueb y Meknassi, en medio de una represión policial que ha llegado al extremo de disparar contra los asistentes al funeral de los asesinados el día anterior.

Túnez tiene un historial de violación de los derechos humanos que lo posiciona como uno de los más represivos de la región. Los cables de Wikileaks relativos a Túnez lo describen como “un estado policial”. Es, según Al-Jazeera, el país árabe que más periodistas ha detenido desde el año 2000, algo que también se ha visto estos días, en los que las autoridades han impedido el acceso de los medios a las zonas donde cargaban contra los manifestantes. Se puede ver en este vídeo titulado Tunisia´s Press Black Out.

La represión se ceba también con blogueros, servicios y usuarios de Internet, en una tendencia que ha ido en aumento en los últimos meses (ya hablamos de la represión en Internet en Túnez aquí y aquí). Espacios informativos como Radio Kalima han visto interrumpida su transmisión.

El 6 de enero fue detenido el rapero Hamada Ben Ammor tras colgar un vídeo de una canción protesta, y ese mismo día los blogueros Hamadi Kaloucha y Aziz Amami. También  Slim Amamou, conocido por campañas contra la censura en Internet en Túnez. No se tienen noticias de él después de su último mensaje desde móvil en el que, a través de un servicio de geolocalización, informaba de que se encontraba en el Ministerio de Interior, en la Avenida Habib Bourguiba:

Fuente: Global Voices

A pesar de la represión en Internet,  la mayor parte de la información sobre lo que está sucediendo allí la está proporcionando el periodismo ciudadano de usuarios que desde dentro comparten lo que están viviendo a través de plataformas de Internet y medios sociales:

También desde la comunidad de usuarios Anonymous se apoya la “batalla de los tunecinos contra la opresión”, a través de Ataques de Denegación de Servicio a páginas del Gobierno, incluida la del Presidente Ben Ali.

No parece que la protestas de los ciudadanos tunecinos, tanto en la calle como en Internet, estén provocando la atención mediática que estos sucesos merecen. Según la periodista  Jillian C. York en Al-Jazeera:

La investigación de la OpenNet Initiative’s 2009-2010 sobre Túnez demostró que el país filtra de modo persistente contenidos políticos y sociales, al mismo nivel que lo hacen China e Irán. Sin embargo, en lo que respecta a la Libertad en Internet, los medios globales prestan una atención desproporcionada a lo que sucede en estos dos países e ignora la censura en Túnez.

Según el activista tunecino Sami Ben Gharbia:

Sólo hay que fijarse en la cobertura en medios occidentales de la represión contra blogueros y activistas chinos e iraníes y la que se reserva a los blogueros y activistas cuando se trata de países árabes aliados

¿Debe condicionar el hecho de que los países sean aliados o no la visiblización de la represión y los abusos? Abundan en las sociedades árabes las voces que reclaman un cambio, que plantean alternativas a los regímenes opresivos de la región y que arriesgan su vida para contárnoslo. Sólo hace falta estar dispuesto a escucharlas.