Alianzas

Un usuario de BlackBerry muestra un mensaje en el que se le notifica la suspensión del servicio. Dubai, Abril 2010. Imagen AP

Desde hace años los Gobiernos de la región de Oriente Medio y Norte de África tratan de controlar las comunicaciones de los usuarios a través de los nuevos canales y herramientas digitales. En el empoderamiento tecnológico que ha sido clave para la organización y narración de las protestas juega un papel central el auge de la tecnología móvil, con una penetración de las más altas del mundo, y la comunicación a través de móvil también ha sido objeto de cada vez más atención por parte de las autoridades.

En 2010 el Ministerio de Cultura e Información de Bahrain prohibió un grupo de chat de Blackberry y amenazó con emprender acciones legales contra los miembros del grupo. Ese mismo año Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos anunciaron la prohibición del uso de dispositivos móviles Blackberry en el país. La operadora de telefonía móvil Saudi Telecom, propiedad del Gobierno, bloqueó el servicio de texto, correo electrónico, navegación por Internet y mensajería instantánea.

¿Por qué precisamente Blackberry? Porque las comunicaciones a través de estos dispositivos son encriptadas y no permiten a las autoridades el seguimiento de la actividad de los usuarios. No sólo los Gobiernos de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, sino también los de Líbano, India y Argelia expresaron su rechazo al hecho de no poder seguir los movimientos de los usuarios a través de estos dispositivos, lo que según ellos pone en riesgo la seguridad nacional. Según los usuarios es otro modo más de vigilarlos y emprender represalias contra los críticos al régimen.

Desde que comenzaron las movilizaciones en Túnez a finales de 2010 y se extendieron durante los meses siguientes al resto de países de la región, la represión de los Gobiernos se ha cebado cada vez más con las telecomunicaciones. Egipto bloqueó entre el 27 y el 28 de enero completamente el acceso a Internet. En Siria, con cifras de más de mil muertos durante las protestas contra el régimen que comenzaron a mediados de abril, se cortaron los accesos a Internet y a la telefonía fija y móvil en los puntos de más presencia de los manifestantes. Ciudades como Homs y Daraa y barrios como Dumma llegaron a quedar completamente aislados. El Gobierno consiguió bloquear la red de telefonía 3G y teléfonos por satélite, que habían permitido a los activistas compartir con el resto del país y con el exterior hitos y sucesos de las protestas, especialmente en forma de vídeos. Muestra de cómo las autoridades del país consideran los móviles como una amenaza son las imágenes de la agencia de comunicación oficial Sana y la televisión oficial siria, que mostraban tras las protestas del 22 de abril fotos de las armas confiscadas a los manifestantes, calificados como “vándalos” y “agitadores”: machetes, latas, cuchillos y teléfonos móviles con tarjetas SIM extranjeras.

En Libia, tras las protestas del 27 de febrero, el Gobierno de Gadafi cortó la comunicación con el este del país, aislándolo mientras Benghazi se convertía en el símbolo de la resistencia contra el régimen. Mientras las movilizaciones se reprimían con crudeza, se bloqueó el acceso a Internet y las llamadas de teléfono internacionales. Con la comunicación cortada y sin permitir acceso a los periodistas que pedían acreditación para cubrir los enfrentamientos, la información se filtraba hacia el exterior a través de algunas conexiones de Internet por satélite que permitían llamadas intermitentes a través de Skype, chat de MSN y publicación de vídeos grabados a través de móvil a plataformas como Youtube.

Libyana, uno de los dos mayores proveedores de servicios móviles, consiguió seguir funcionando en el interior de la zona este del país, gracias a un sistema menos descentralizado y menos dependiente de la gestión desde Trípoli, controlada por el Gobierno. Los ingenieros de Libyana en Benghazi disponen de un registro de localización de llamada que almacena información de todos los suscriptores del servicio. Al marcar un número desde un teléfono de la compañía, el registro de localización de llamada identificaba el teléfono y lo conectaba a la red. Mientras la otra gran compañía de servicios móviles, Madar, con sus bases de datos en Trípoli, vio bloqueados sus servicios, Libyana no sólo siguió funcionando, sino que ofreció sus servicios de forma gratuita durante los enfrentamientos.  Según Faisal Fasi, jefe de telecomunicaciones locales y transporte de la oposición de Bengazi,”Gadafi cometió un error dejando todo este equipo aquí en el Este”.

Además del servicio que continuó propocionando Libyana, un empresario basado en Abu Dhabi, Ousama Abushagur, creó una nueva red, llamada Free Libyana, para facilitar a los rebeldes su propia red de telefonía móvil.

En un contexto de comunicaciones cada vez más descentralizadas, en el que los ciudadanos pueden registrar y compartir  con el mundo lo que sucede aquí y ahora, el juego del gato y el ratón entre gobiernos y activistas se dará, cada vez más, en el terreno de la tecnología móvil.

(2) Comentarios

  1. mierdosos mentirosos

  2. [...] las repercusiones de estas nuevas “Estatuas Parlantes” ha llevado a varios gobiernos a censurar el uso de móviles. Sea como sea, las nuevas tecnologías no han desplazado a los pasquines tradicionales, de papel o, [...]

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