Alianzas

En plena represión de cualquier forma de oposición en Siria, la libertad de expresión es cada vez más el principal blanco del régimen. El silencio mediático que hasta ahora reinaba en torno a Siria y en el que el Gobierno se movía cómodamente ha dado paso a la visibilidad de las violaciones de derechos humanos que han sido una constante durante décadas. En reacción a esa visibilidad que muestra sus prácticas contra sus propios ciudadanos, el último blanco de los Assad es el canal de vídeos Youtube.

La lucha del régimen sirio por contener el flujo de información que surge del interior del país y es vista en todo el mundo casi al instante es la de las formas de comunicación del siglo XX frente a las del siglo XXI. De los viejos y los nuevos formatos. Atrapadas en su narrativa oficial, la que controlan directamente a través de sus agencias institucionales, las autoridades sirias chocan con la infinidad de noticias y contenidos audiovisuales que se comparten y se redifunden del modo descentralizado que caracteriza a Internet. Ante este flujo imparable de contenidos, de poco sirven los vídeos que el Gobierno comparte en los que muestra a supuestos terroristas confesando su arrepentimiento por haber participado en manifestaciones y en los que es fácil percibir el miedo y la presión ante las cámaras. Vídeos como este de Omran Abdel Razaq al-Aqra, que aparece con la mirada perdida y con una docena de rifles como fondo de la grabación.

Ni estos vídeos, ni las acusaciones de conspiración internacional, ni el alarmismo ante la supuesta amenaza islamista que lanzan desde sus canales consiguen su objetivo, y cada vez son menos los que se hacen eco de estas versiones. Los intentos de legitimar la versión oficial logran cada vez más el efecto contrario y dejan en evidencia la desesperación del régimen, que carga a la vez contra contenidos, mensajeros y medios.

El régimen ha acusado al canal de vídeos Youtube de ser “el símbolo de la bancarrota moral de Occidente y de su apoyo al terrorismo“. Fue la reacción ante la dimisión del Fiscal General de Hama, Adnan Bakkur, que en un vídeo subido a Youtube y compartido en todo el mundo explicaba las atrocidades que el Gobierno sirio había cometido en su pueblo y apuntaba con nombres y apellidos a los responsables. Además de culpar a Youtube y a Occidente, el régimen acusó a la oposición siria de haber secuestrado a Bakkur y forzado esas declaraciones.

El régimen sirio mantiene la fuerza que le dan las armas pero carece ya de la legitimidad en la que tanto esfuerzo mediático ha invertido. Ni el impedir la entrada a los periodistas, ni desmentir lo que ciudadanos de todo el mundo ven de primera mano ni cargar contra la tecnología le devolverán esa legitimidad ni hará que dejen de conocerse los abusos, que se ven más expuestos cuanto más trata el Gobierno de ocultarlos.

(1) Comentario

  1. Es normal esta reaccion. A ningún poder le gusta ningún medio de comunicacion sobre el que no pueda ejercer control o presion.
    Esperemos que este canal y otros continuen sin censuras en cuanto a lo objetivo de mostrar hechos con independencia del trasfondo ideologico.

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