Alianzas

En el contexto de la represión que ejercen los gobiernos en Oriente Medio y Norte de África, ha sido clave el papel de la tecnología de vigilancia de la actividad de los ciudadanos en la Red. La mayor parte de estos productos, desarrollados específicamente para esta labor de seguimiento y censura de los ciudadanos online, ha sido fabricada en Occidente, según la investigación “Occidente censura a Oriente” de la OpenNet Initiative.  Una de las muestras más dramáticas de la relación directa entre este tipo de tecnología y las repercusiones para la vida y seguridad de las personas en estos países  es la empresa estadounidense Bluecoat, que ha servido mejor que ninguna otra el propósito de control del régimen sirio. El colectivo de activistas Telecomix sacó el 5 de octubre a la luz los archivos de registro de BlueCoat, revelando 54 Gigas de información sobre la actividad de los usuarios de Internet sirios.

Telecomix publicaba el 4 de octubre un comunicado en el que anunciaba la liberación de los archivos de registro en su posesión extraidos de dispositivos BlueCoat. Estos dispositivos son proxies (servidores que funcionan como intermediarios) que el Sistema de Telecomunicaciones Sirio usa para filtrar y monitorizar las conexiones en el país. La información sobre estas conexiones permite a las autoridades el seguimiento de personas implicadas en las manifestaciones en el país o en cualquier forma de oposición a sus políticas, y su arresto, asesinato o tortura. Es difícil conocer las cifras exactas pero se estima que entre unas 3000 y 6000 personas han sido asesinadas desde que comenzaron las movilizaciones en el país en marzo, y decenas de miles se encuentran detenidas y desaparecidas, en una brutalidad sin precedentes contra la población civil.

Los archivos de registro pertenecen al período entre el 22 de Julio y el 5 de Agosto de 2011. Entre la información que revelan está la identificación de dos de las palabras clave prohibidas en Siria:  “israel” y “proxy”. 

Telecomix anuncia la publicación de estos datos “para permitir a quien quiera analizarlos el acceso a una visión más profunda de la censura en Sria y promover el conocimiento sobre cómo sortear los ataques a la libertad de expresión”. Pero  ¿es este el modo adecuado de hacerlo? El comunicado especifica que las direcciones IP de los usuarios han sido eliminadas para protegerlos, pero a continuación añade que es posible acceder a datos personales de esos mismos usuarios a través de las direcciones a las que han accedido. Según el investigador en el ámbito de seguridad digital Jacob Applebaum para Phumano: “Publicar esos datos es arriesgado porque no sabemos a ciencia cierta quién ha accedido a ellos hasta el momento. Probablemente esos datos ya estaban en conocimiento de quienes quieren dañar a la población siria, pero ahora lo están sin lugar a duda. Airear esos datos ha sido irresponsable, habría sido más adecuado hacer un análisis, una interpretación de esos datos, sin revelarlos.”

Más allá de las repercusiones que pueda tener en la seguridad de los usuarios a los que se pretende ayudar, la publicación  deja en evidencia  la relación directa entre la tecnología BlueCoat y la represión que lleva a cabo el gobierno sirio de sus ciudadanos. BlueCoat ha negado en otras ocasiones que venda sus productos al régimen sirio, una venta que además violaría la política de embargo comercial de Estados Unidos con países como Siria, así que es posible que este acceso a la tecnología BlueCoat del régimen sirio se haya hecho de forma indirecta a través de Emiratos Árabes o Líbano sin el consentimento de la propia empresa, como explica Telecomix.

La exportación de tecnología occidental sin mecanismos de control sobre el uso que se hace de ella socava, según el investigador Evgeny Morozov,  “la libertad en Internet del mismo modo en que la exportación de armas socava las iniciativas de paz occidentales”. Según Jillian York, de la Fundación Frontera Electrónica, “la falta de controles significativos implica que hemos dejado la privacidad y la seguridad de los individuos en manos de las empresas y su aplicación del concepto de Responsabilidad Social Corporativa.”


El ejército israelí detuvo el viernes en Bil´in a Huwaida Arraf, una de las artífices de la iniciativa de la Flotilla, cofundadora del Free Gaza Movement y del International Solidarity Movement. Había sido detenida en uno de los barcos y posteriormente liberada. Es la última de muchas detenciones que ha sufrido esta activista palestina-estadounidense que lleva años dedicada a la resistencia no violenta contra la ocupación israelí.

Huwaida Arraf en la manifestación pacífica en Bil´in, antes de ser detenida

Alrededor de Huwaida y su presencia en uno de los barcos se ha tejido una enrevesada trama que trata de manchar su imagen y que acabó el viernes con su detención por parte de las autoridades israelíes. Huwaida fue liberada el sábado. Ha sido el último intento de silenciar a esta activista estadounidense, en la que Israel se ha cebado especialmente  desde la partida de la Flotilla.

El miércoles Israel destapó unas grabaciones en las que supuestamente se oía la voz de Huwaida junto con la de otros activistas emitiendo insultos racistas contra los judíos desde el Mavi Marmara, el barco que encabezaba la Flotilla y en el que viajaban un mayor número de activistas. Poco después se demostró que aquella no era la voz de Huwaida y que, además, ella no viajaba en el Mavi Marmara, sino en otro de los barcos. Se pueden oír las diferencias entre las distintas grabaciones en el blog de Jared Malsin. El gobierno israelí salía al paso del desmentido poco después, reconociendo que la grabación “se había alterado”, un hecho grave de manipulación de la información que sin embargo ha pasado  desapercibido. A pesar del desmentido, no han dejado de llover contra Huwaida acusaciones que se suman a la persecución mediática que llevan años sufriendo, y que incluyen desde acusaciones de antisemitismo hasta la alianza con Hamas e incluso de colaboracionismo con la CIA.

¿Por qué este especial interés en manchar la imagen de Huwaida Arraf?

Tanto el trabajo de Huwaida como su historia personal han cobrado un gran simbolismo en la lucha por los derechos humanos y las reclamaciones de autodeterminación del pueblo palestino. Nacida en Detroit, Michigan, es hija de una familia de palestinos cristianos, su madre originaria de Jerusalén y su padre de Galilea. Tiene doble nacionalidad estadounidense e israelí. Se especializó en Ciencias Políticas y Estudios Árabes y Judíos en la Universidad de Michigan y es Doctora en Derechos Humanos Internacionales y Derecho Humanitario. Estudió también en la Universidad Hebrea de Jerusalén y pasó un tiempo aprendiendo hebreo en un kibbutz. No se puede decir, por tanto, que sea desconocedora ni de la identidad judía ni de la realidad israelí. Además del trabajo que realiza sobre el terreno, es activa desde hace años en la difusión de la opresión que sufren los palestinos, algo que desafía la posición oficial estadounidense, más proclives a apoyar las posturas de las autoridades israelíes. No es extraño, por tanto, que se la considere una amenaza para la blindada versión oficial israelí del conflicto, en un contexto de cada vez mayor represión de las manifestaciones contrarias a sus políticas. El alcance de esta represión quedó en evidencia hace unos días, cuando Israel prohibió la visita de Noah Chomsky, uno de los intelectuales más reconocidos mundialmente, a la Universidad de Bir Zeit, en territorio palestino.

Huwaida Arraf está casada con un estadounidense de familia judía, el cineasta y también activista por los derechos humanos Adam Shapiro. Se conocieron en Jerusalén, cuando ambos trabajaban en Seeds for Peace, centro de promoción del diálogo entre la juventud judía y palestina. Juntos fundaron, junto con la israelí Neta Golan y los palestinos Ghassan Andoni y George N. Rishmawi, la iniciativa International Solidarity Movement, que promueve la resistencia no violenta a las agresiones israelíes. El ISM fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 2004. Además, ambos trabajan en el Free Gaza Movement, iniciativa que busca romper el bloqueo de Gaza mediante el envío de barcos de ayuda humanitaria a la Franja y que respaldan intelectuales y defensores de los derechos humanos como el arzobispo Desmond Tutu y el propio Noah Chomsky.

La trayectoria personal de ambos, su encuentro y su historia de amor ha sido contada en diversos medios de comunicación, entre ellos The Guardian, que lo titulaba “Love under fire”. Esta historia, y el trabajo que ambos realizan, envían un poderoso mensaje:  la lucha por los derechos humanos es universal y trasciende el cariz religioso del que a menudo se rodea el conflicto entre Israel y los palestinos.

Leer la entrevista que periodismohumano le ha hecho a Huwaida Arraf