Alianzas

El mapa de la Cibercensura. Imagen de Reporteros sin Fronteras

El premio que entrega Reporteros sin Fronteras al mejor Netizen (ciudadano de la Red), tiene este año más sentido que nunca. Durante los últimos meses hemos vivido de cerca, en gran parte gracias a Internet y las herramientas digitales, el estallido de años de tensiones e injusticias acumuladas en países de la región de Oriente Medio y Norte de África, de donde proceden varios de los nominados de este año al 2011 Netizen Prize.

Nawaat es el ganador de este año. Se premia así el trabajo de este blog tunecino colectivo e independiente que ha jugado un importante papel en la cobertura de las reinvidincaciones ciudadanas desde 2004 y también durante las recientes movilizaciones en el país. Se premia por extensión a toda una generación de tunecinos que ha liderado una propuesta de cambio que ha inspirado a los ciudadanos de los países vecinos. Uno de los proyectos de Nawaat, Tunileaks, recopila y analiza los cables de Wikileaks relativos a Túnez.

La lista de finalistas incluye a otros referentes de la defensa de la libertad de expresión en sus países:

  • Ali Abdulemam, que fue liberado hace unas semanas tras meses detenido por las autoridades de Bahrein por expresar sus opiniones a través del foro Bahrein Online, la página más visitada del país
  • Chiranuch Premchaiporn, conocida como Jiew, editora de Prachatai, una página web tailandesa de noticias alternativas. Se enfrenta a 70 años de prisión en Tailandia
  • Tan Zuoren, bloguero chino de 64Tianwang, un blog de derechos humanos, que ha sido condenado a cinco años de cárcel
  • Pham Minh Hoang, bloguero franco-vietnamita y profesor en el Instituto de Tecnología de Ho Chi Minh, detenido desde 2010
  • Natalia Radzina, periodista de Charter 97, página web de noticias que cubre casos de arrestos, ataques físicos y acoso contra periodistas y activistas de derechos humanos. Lleva detenida desde diciembre

World Day Against Cyber-Censorship

Y si esta lista de “netizens” ganadores y finalistas supone un reconocimiento a la defensa de la libertad de expresión a través de Internet, en la otra cara de la moneda se encuentra la lista de Enemigos de Internet, que publica también anualmente Reporteros sin Fronteras, coincidiendo con el Día Mundial contra la Censura, que  busca concienciar sobre la necesidad de apoyar una Internet libre y sin restricciones, accesible para todos:

La lista de los Estados donde más se reprime a los usuarios de Internet incluye una división entre los países abiertamente hostiles a Internet y otros que ejercen una fuerte vigilancia sobre los usuarios:

El Informe incluye datos verdaderamente alarmantes:

Uno de cada tres usuarios de Internet no tiene acceso a una conexión de Internet sin restricciones

Alrededor de 60 países censuran en Internet o acosan a los “netizens” (ciudadanos en la Red) en diferentes grados

Al menos 119 personas se encuentran en prisión por usar Internet por expresar libremente sus opiniones

Internet ha jugado un papel muy importante en la organización y comunicación de las movilizaciones en países como Egipto o Túnez, pero esto no ha frenado los intentos de control de los gobiernos. Al contrario, estos redoblan sus esfuerzos para manipular y eliminar contenido crítico que cuestione sus políticas. Son muchos los espacios que se abren a nuevas formas de expresión y de comunicación, pero también cada vez mayores los riesgos y la necesidad de apoyar la libertad de expresión, dentro y fuera de Internet.


El próximo 5 de abril charlaremos con Sami Ben Gharbia, uno de los fundadores de Nawaat, y otros blogueros y activistas especializados en el uso de Internet y los medios sociales para reclamar y promover reformas en la región de Oriente Medio y Norte de África. Será en las conferencias Internet and 21st Century Revolutions que organiza AERCO (Asociación Española de Responsables de Comunidades Online) con la colaboración de La Casa Encendida.


Imágenes de manifestantes iraníes identificados por el Gobierno a través de crowdsourcing

Cuando una violación de los derechos humanos no recibe atención mediática aumenta el riesgo para las víctimas, indefensas ante unas autoridades que quedan impunes. Pero con la visibilidad, cada vez mayor a través de Internet y las redes sociales, viene también el peligro de entregar en bandeja a las autoridades información que les facilita la identificación y persecución de los ciudadanos contrarios a sus políticas.

Internet y los medios sociales han proporcionado a los ciudadanos la posibilidad de comunicarse con el mundo sin necesidad de intermediarios. A través de herramientas como Youtube, Facebook o Twitter los usuarios pueden contar su propia visión de lo que sucede en contextos donde a menudo no hay medios de comunicación para recogerlo. Las sociedades civiles  árabes han usado estas herramientas de forma muy efectiva para movilizarse, convocar encuentros y manifestaciones y para construir su propia narrativa de las revoluciones, una narrativa de la que ahora beben los medios de comunicación tradicionales. Pero estas mismas herramientas están a disposición también de los gobiernos, que las usan, cada vez mejor, en su beneficio. La combinación del cada vez mayor conocimiento de los gobiernos del funcionamiento de Internet y las propias condiciones de uso de las redes ponen en gran riesgo a los activistas que las utilizan en estos contextos.

No les faltan a estos regímenes autoritarios asesores sobre el funcionamiento de Internet y los medios sociales, algunos tan reconocidos como Clay Shirky, que aparece como “asesor del gobierno libio” en su biografía. Llamaba la atención sobre este tipo de asesoría Evgeny Morozov, autor de The Net Delusion, en Twitter:

Estos gobiernos llevan años imponiendo restricciones al acceso a sitios web, blogs y espacios en los que los usuarios puedan crear e intercambiar contenidos que escapen al control de las autoridades. Es común el bloqueo de sitios como Youtube, Facebook o Blogger en países como Bahrein, Túnez, Egipto o Arabia Saudí, que encabezan la lista de los “Principales enemigos de Internet” que elabora Reporteros sin Fronteras. Llevado al extremo, este miedo a la libre expresión de los ciudadanos a través de nuevos espacios ha llegado al bloqueo total del acceso a Internet, como han hecho en los últimos días primero Egipto y luego Libia. Unas medidas sin precedentes que buscaban aislar a los manifestantes en un momento en el que el mundo volcaba su atención en las protestas.

Tráfico de Internet en Egipto entre el 27 y 28 de enero

Pero estas medidas, además de difíciles de mantener, son muy impopulares  y fomentan una solidaridad internacional que juega en contra de quienes las imponen. El bloqueo total de Internet en Egipto ha hecho que Google, que en ocasiones anteriores ha cedido a las peticiones de gobiernos como el de China, haya trabajado junto con Twitter en una herramienta, speak2tweet, que permite a los manifestantes enviar mensajes de Twitter a través de conexión telefónica. Un posicionamiento claro y oficial de Google con el pueblo egipcio (lo expresaba a través de su blog), es una buena noticia para la libertad de expresión y una mala noticia para estos gobiernos represivos. El bloqueo del acceso a Internet es una medida poco inteligente que no ha servido para contener las protestas ni para ocultarlas al mundo.

Es mucho más inteligente y práctico aprovechar el material que los propios usuarios les sirven en bandeja y utilizarlo para identificarlos y perseguirlos, algo que cada vez más gobiernos comprenden y que aumenta los riesgos de los usuarios de estas tecnologías.

Material como los miles de vídeos e imágenes que circulan a través de servicios como Youtube o Flickr, en los que se suele citar la autoría y el contacto de quien los graba y los comparte, ahorra a las autoridades un trabajo que hasta hace poco era mucho más laborioso. Este material ofrece también la posibilidad de identificar a quienes han participado en las manifestaciones y actos de protesta contras las autoridades en distintos puntos del país. Basta con revisar los vídeos y fotos de los usuarios para identificar a los líderes de las revueltas, los participantes más activos, seguirles la pista y emprender represalias, como ha sucedido estos días en Libia y como sucedió durante las protestas de 2009 en Irán, cuando el gobierno puso en marcha Gerdab.ir, un servicio basado en crowdsourcing (externalización de tareas a un grupo numeroso de personas o una comunidad) que ofrecía recompensa a quienes colaborasen en identificar a los manifestantes.  La persecución incluía a quienes grabaron y fotografiaron a Neda Aga al-Sultan, la joven asesinada que se convirtió en símbolo de las protestas contra el régimen.

O como este vídeo de Asma Mahfouz, uno de los catalizadores de la revolución egipcia, que ha hecho que su autora fuese perseguida por las autoridades de Mubarak:

La tecnología para la protección del anonimato en Internet se ha basado en la protección de datos, a través de encriptación, utilización de servidores intermediarios (proxies), o tecnologías de circunvención, que ocultan los datos transmitidos y la identidad de la persona que los transmite. Pero ¿qué ocurre con la privacidad y el derecho al anonimato de las personas que, voluntariamente o no, son fotografiadas o grabadas en vídeo?

Programas como Tor ocultan la dirección IP desde donde se envían los vídeos pero no impiden que quienes aparecen en él puedan ser identificados con software de reconocimiento facial. Este mismo software de reconomiento facial está instalado también en herramientas de Facebook, como la de subida de imágenes, aumentando los riesgos a los que se exponen los usuarios.

Facebook, además, facilita el trabajo de los gobiernos con su política contraria al anonimato y a la utilización de pseudónimos. En el apartado “Seguridad de la cuenta y registro” de su Declaración de Derechos y Responsabilidades lo especifica. De los puntos que incluye este apartado, estos son los más problemáticos para quienes por el contexto en el que viven necesitan mantener el anonimato:

Los usuarios de Facebook proporcionan sus nombres e información reales y necesitamos tu colaboración para que siga siendo así. Éstos son algunos de los compromisos que aceptas en relación con el registro y mantenimiento de la seguridad de tu cuenta:

  • No proporcionarás información personal falsa en Facebook, ni crearás una cuenta para otras personas sin su autorización
  • No crearás más de un perfil personal
  • Si inhabilitamos tu cuenta, no crearás otra sin nuestro permiso
  • Mantendrás la información de contacto exacta y actualizada
  • No compartirás la contraseña (o en el caso de los desarrolladores, tu clave secreta), no dejarás que otra persona acceda a tu cuenta, ni harás cualquier cosa que pueda poner en peligro la seguridad de tu cuenta
  • No transferirás la cuenta (incluida cualquier página o aplicación que administres) a nadie sin nuestro consentimiento previo por escrito
  • Si seleccionas un nombre de usuario para tu cuenta, nos reservamos el derecho a  eliminarlo o reclamarlo si lo consideramos oportuno

Las condiciones de uso de Facebook permiten a las autoridades no sólo identificar a quienes utilizan la red como herramienta de activismo sino también su red de contactos. Basándose en esta política, Facebook cierra con frecuencia páginas y perfies de usuarios que incumplen estas normas. Páginas como la del grupo “Todos somos Khaled Said“, creada por Wael Ghonim, el ingeniero de Google egipcio y uno de los líderes de las movilizaciones del 15 de enero, fueron cerradas en un momento clave de la organización de las revueltas. Ghonim, que fue detenido durante 12 días, realizaba su actividad bajo el pseudónimo de “El-Shaheed”.

Desde Witness.org, proyecto de promoción de los derechos humanos a través de vídeo, se preguntan:

En Witness estamos trabajando en facilitar opciones de “privacidad visual” y “anonimato visual”. ¿Qué papel deberían jugar proveedores de servicios como Facebook y Youtube, en la protección, dentro de sus espacios, de quienes trabajan por los derechos humanos a través de vídeos e imágenes?

http://www.youtube.com/watch?v=SgjIgMdsEuk&feature=player_embedded

Ha pasado más de un año desde la llamada “Revolución iraní en Twitter”, que reflejaba la euforia ante el potencial de Internet y las redes sociales para cambiar el mundo. El mundo sigue hoy plagado de gobiernos autoritarios donde la represión de la libertad de expresión se ha extendido de los espacios físicos a los digitales, y a la euforia inicial ha seguido un cuestionamiento de si es realista confiar en que las voces de la sociedad civil a través de Internet podrán minar el autoritarismo de los estados. Especialmente en regiones como Oriente Medio y Norte de África, dominado en su mayoría por gobiernos represivos que reciben un tratamiento muy distinto por parte de Occidente: el apoyo de las reclamaciones de la sociedad civil en unos casos y el silencio y la invisibilidad en otros.

Internet ha ayudado a parte de las sociedades civiles de países con sistemas autoritarios a encontrar  canales en los que expresarse con una libertad que no abunda en los espacios físicos. A través de blogs, foros, sitios web o redes sociales como Facebook y Twitter, cuestiones y debates censurados en los espacios públicos de países como Irán, Arabia Saudí o Egipto han encontrado un margen de expresión, ofreciendo un balón de oxígeno a voces reprimidas hasta entonces (hablamos de esto aquí). Pero no era difícil prever que ese margen dependería de la capacidad de reacción de los gobiernos de estos países. A medida que han ido entendiendo el potencial de estos nuevos espacios, los Estados han comenzado a fijar su atención en los movimientos de los usuarios a través de los distintos canales y servicios de Internet, a ocupar esos mismos espacios con sus propias fuentes de información, a controlar, redirigir o desviar los debates y a silenciar las voces contrarias a sus políticas.

Según el proyecto Threatened Voices, que hace un seguimiento de blogueros amenazados, arrestados o asesinados, estos son los países que encabezan la lista, junto con el número de blogueros amenazados en 2010:

Además de estos países, en los últimos meses ha escalado puestos Bahrein, que a pocos días de las elecciones reprime las reclamaciones de la población chií y protagoniza una oleada de detenciones sin juicio a activistas por los derechos humanos, como el bloguero bahreiní Ali Abdulemam (el banner que encabeza esta entrada es la imagen de la campaña por su liberación).

En todos estos países se violan los derechos humanos, pero no todos reciben la misma presión mediática, y es difícil no asociar esta visibilización de la represión de la libertad en Internet en unos casos y no en otros con los distintos intereses geoestratégicos de los países occidentales.

La postura de Estados Unidos y la mayoría de países europeos con respecto a la represión de la libertad en Internet en estos países no se desmarca del resto de sus políticas. Cuando los gobiernos son aliados, se sellan con ellos compromisos y acuerdos sin tener en cuenta las castigadas sociedades civiles árabes, como en el caso de Arabia Saudí, que está en la lista de países “Enemigos de Internet” que elabora Reporteros sin Fronteras. Cuando los países no son aliados llueven las críticas y las condenas a la represión de las voces de los ciudadanos, como en el caso de Irán. Lo que se conoció como “revolución iraní en twitter” es criticado por muchos como una campaña magnificada por Estados Unidos y Europa para mostrar al mundo la oposición interna al gobierno de Irán.

Por legítimas que sean las críticas a Irán y a sus abusos de los derechos humanos, el distinto baremo con el que se mide a unos y a otros hace difícil creer que Estados Unidos y los países europeos puedan liderar el apoyo a la libertad de expresión en Internet. Esta es una de las ideas centrales del muy comentado artículo de Sami Ben Gharbia, activista tunecino y Advocacy Director de Global Voices:  La Falacia de la Libertad en Internet y el Activismo Digital Árabe, que cuestiona los intereses estadounidenses al apoyar el activismo digital árabe y sostiene que ese apoyo no sólo no beneficia, sino que perjudica y pervierte la lucha de las sociedades árabes por la libertad de expresión:

Muchos fuera de Estados Unidos, no sólo en el mundo árabe, tienen la impresión de que el mantra de Libertad en Internet que emite Washington encubre su agenda geopolítica. Las políticas de promoción de la Libertad en Internet seguirán proyectando las mismas prioridades. (…) La hiperpolitización del movimiento de activisimo digital y la apropiación de su éxito para alcanzar objetivos geopolíticos y satisfacer a la burbuja de Washington pueden considerarse como “el beso de la muerte”.

En palabras del periodista palestino-estadounidense Rami Khouri en el NY Times:

“Es difícil tomar en serio a gobiernos que financian a jóvenes activistas árabes mientras proporcionan también fondos y armas que ayudan a cementar el poder  de los mismos gobiernos árabes que los jóvenes activistas luchan por cambiar.”

La agenda occidental se ve en iniciativas como el National Endowment for Democracies, del mismo modo que se ve en encuentros como los que se celebran en el marco de ITU, la Agencia de la ONU para asuntos relativos a las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Estos encuentros, que tienen el objetivo de “conectar el mundo en beneficio de la comunidad global, y en particular del mundo en desarrollo”, integran  y normalizan la presencia de gobiernos represores de las libertades y no a representantes de la sociedad civil de esos países. Se extienden también iniciativas como el foro MENA ICT, evento sobre Servicios de Tecnologías de la Información y la Comunicación en Oriente Medio y Norte de África, en el que se analizan distintos aspectos de los avances de la tecnología en la región, excepto los relativos a las libertades.

Habrá esperanza para la libertad en Internet en la misma medida en que la haya para la libertad a secas. En la medida en que las sociedades civiles continúen encontrando nuevos espacios en los que expresarse, reclamar sus derechos y soertear la censura. Dados los esfuerzos de los estados por controlar a sus ciudadanos, también a través de Internet, y la poca coherencia del apoyo occidental a las voces de sociedades civiles que buscan nuevas vías de expresión, quizás la esperanza está, como planteaba hace unos días un usuario un twitter, “no en el modo de gobernar Internet, sino en diseñarla para que sea ingobernable.”


Este fin de semana he estado inmersa en el seguimiento de un “reality show” histórico: la emisión en directo desde la Flotilla que parte rumbo a Gaza para romper el bloqueo israelí  sobre la Franja, de la que Periodismo Humano se ha hecho eco  desde su salida. Se ha podido seguir el día y día, segundo a segundo, de la vida de los activistas por los derechos humanos de todo el mundo que viajan en los barcos, mientras se encaminan hacia el desenlace: el encuentro con la Armada israelí, que no parece dispuesta a dejarles entrar en el territorio sobre el que mantienen un férreo control.

Tanto la Flotilla, a la que se han sumado miembros del Parlamento de distintos países, como la cobertura que los mismos pasajeros están haciendo y su repercusión a través de nuevos canales de comunicación, son algo histórico que probablemente marcará un antes y un después en la comunicación del activismo. Es la primera vez que podemos ver con tal nivel de detalle y realismo el avance de una iniciativa de resistencia no violenta de esta magnitud. Más de 30.000 seguidores del canal de Live Stream ven en directo las emisiones desde la Flotilla, que muestran imágenes de la cotidianeidad de los pasajeros. Comen, charlan, toman café, estiran las piernas, escriben, observan el mar desde cubierta, se dirigen a cámara y cuentan por qué están ahí. Quienes lo seguimos nos transformamos en una especie de Gran Hermano atento a la evolución de los activistas, con los que se crea una fuerte empatía que no sería posible a través de otros canales.

Una de las activistas, una joven en vaqueros y manga corta, habla a cámara, micrófono en mano, en hebreo si no me equivoco. Varias banderas (ahora asoman la de Turquía y la de Palestina) ondean sobre su cabeza, con el mar azul de fondo. Termina de hablar y ocupa su lugar otra activista, esta cubierta con hiyab, mientras un grupo charla animadamente, sentados en cubierta. Ahora uno de los periodistas que los acompañan presenta al viajero más joven del barco, un niño de un año, mientras explica en árabe que el objetivo del viaje es la solidaridad con la población de Gaza y el fin del bloqueo sobre la Franja. Se dirigen al mundo, uno tras otro, cada uno en su idioma, conscientes de la importancia de comunicar lo que están haciendo. Los periodistas entrevistan a los pasajeros, les preguntan por su motivación y sus historias personales y nos dejan ver el making-off de las crónicas que graban para medios de comunicación como Al-Jazeera. Cada cierto tiempo se interrumpe la transmisión y ocupan su lugar imágenes de archivo del conflicto, crónicas de resumen del día en los barcos, canciones y vídeos musicales de artistas comprometidos con los derechos de los palestinos, como este del cantante sueco de origen libanés Maher Zein. Parece una película interrumpida de vez en cuando por anuncios, sólo que estos anuncios no dejan indiferente. Toda una experiencia para espectadores activos.

Además del directo, los activistas mantienen actualizados a quienes quieran seguirlos a través de sitios web, blogs, redes sociales. Desde páginas como Witness Gaza y Free Gaza se comparten noticias, imágenes, vídeos y todos los contenidos que se van generando. En Youtube pueden verse vídeos como el de Hedi Upstain, la pasajera del barco de mayor edad, superviviente del holocausto judío que apoya con su presencia los derechos humanos, en la que quizás sea su última oportunidad de encontrarse con la gente de Gaza. Está convencida de que desde los medios de comunicación tradicionales de su país, Estados Unidos, la cobertura de la Flotilla no se ajustará a la realidad de la iniciativa, y se compromete a contar a su regreso todo lo que haya visto.

A través de Facebook se incluyen también las actualizaciones de la Flotilla, como en la página de Gaza Freedom March, y muchos de los miembros aprovechan la conexión para compartir también las novedades a través de sus perfiles en esta red.  Uno de los tres representantes españoles, Manuel Tapial, de la asociación Cultura y Paz Haydée Santaa María, es particularmente activo en la actualización de sus seguidores, a los que pide apoyo con la  difusión.

Pero es sobre todo Twitter la herramienta donde más contenido y con mayor frecuencia se está compartiendo en tiempo real, y también donde surgen las mayores polémicas. Bajo la etiqueta #Flotilla se pueden seguir las continuas actualizaciones de los barcos, pero también otros contenidos relacionados con Palestina, Israel y los distintos posicionamientos ante la ocupación. Defensores del fin de la ocupación y de los derechos de los palestinos comparten noticias, opinan sobre la inciativa, denuncian la agresión israelí y animan a otros a sumarse a la difusión. Estos son los 3 tweets más redifundidos de hoy:

Pero no todos los mensajes son de apoyo a la Flotilla. Israel es conocido por su hábil manejo de las tecnologías de la información y la comunicación para transmitir su visión del conflicto y también en esta ocasión ha movilizado a ciberactivistas partidarios de sus políticas para contrarrestar lo que califican de propaganda antiisraelí, como este:

Además de los ciberactivistas que a título personal le ofrecen su apoyo mediático, el Estado israelí se comunica también en las redes sociales a través de sus instituciones. El twitter oficial del Ejército Israelí mantiene una intensa actividad, con mensajes en los que justifican la presencia militar y restan importancia a la crisis humanitaria con noticias como “Palestinos lanzan piedras a un tanque del ejército”, “El ejército ha encontrado un cuchillo de 12 cm. al registrar la casa de un palestino en Ramallah”, o “45 personas han salido de Gaza para recibir tratamiento médico”. También el twitter oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores está particularmente activo estos días, con mensajes en los que explica la actitud israelí ante la Flotilla, cuestiona los motivos humanitarios de la iniciativa, la acusa de apoyar a Hamas y niega que Israel mantenga una ocupación en Gaza. También interactúan con otros usuarios, les hacen preguntas y les ofrecen amablemente más información sobre la postura israelí. Los tweets no siempre son tan correctos y con frecuencia se enzarzan usuarios a favor y en contra de la ocupación de Palestina, derivando en insultos y ataques personales y dispersando en ocasiones la atención del objetivo actual: que la Flotilla alcance la costa de Gaza.

Los pasajeros se han puesto ya los chalecos salvavidas. Ante el anuncio israelí de que impedirán por todos los medios que los barcos lleguen a su destino, se preparan para lo peor. “Se respira una mezcla de determinación y aprensión”, dice un periodista en árabe, transmitiendo el ambiente en un momento crucial de esta iniciativa. Una iniciativa de la sociedad civil que cumple un papel que los representantes políticos se niegan a asumir: presionar por el cumplimento de los derechos humanos y la legalidad internacional. Y esta vez, con el altavoz que proporciona Internet y las redes sociales, será difícil creer que alguien no sepa lo que estaba sucediendo.


Imagen del blog Antikor

Hace unas semanas hablábamos en este blog sobre el bloqueo de dos canales de vídeo por parte de las autoridades tunecinas. Aquel no fue un caso aislado, sino el comienzo de una represión que ha ido en aumento, alcanzando unos extremos chocantes incluso en una región en la que la censura de Internet es habitual.

Túnez es un país que pasa desapercibido frente a países que están de actualidad por ese motivo, como Irán, del que constantemente oímos noticias. El gobierno, que se describe como una república en la que el presidente es elegido por sufragio universal, muestra un aumento  incesante de la represión, como denuncia Amnistía Internacional. La censura de Internet por parte de las autoridades tunecinas ha ido a más, atacando todos los frentes, a veces de modo arbitrario. El bloqueo de páginas, blogs, servicios, perfiles de usuarios de redes sociales se ha convertido en algo sistemático y cotidiano que desespera a los internautas tunecinos. Estos son algunos de los sucesos del último mes:

Tres nuevos canales de vídeo han sido bloqueados: Blip.tv, metacafe.com and vidoemo.com, servicios que habían aumentado considerablemente su popularidad desde el bloqueo de Youtube y Daily Motion.

Flickr fue bloqueado el 28 de abril y continúa inaccesible desde Túnez, lo que ha despertado reacciones masivas en las redes sociales (aquí pueden verse los mensajes relativos a este asunto durante la última semana en Twitter).

Decenas de blogs y páginas web se han bloqueado, de modo que ya no son accesibles desde el país, la mayoría blogs conocidos por sus críticas al gobierno pero también otros que nunca habían tratado este aspecto o que llevaban meses inactivos. Concretamente el 27 de abril se bloquearon tantos blogs que el día fue bautizado por los internautas como el Día Negro para los Blogueros.  Estos son algunos:

  1. http://amchafibled.blogspot.com
  2. http://trapboy.blogspot.com
  3. http://antikor.blogspot.com
  4. http://arabasta1.blogspot.com
  5. http://yatounes.blogspot.com
  6. http://abidklifi.blogspot.com
  7. http://ounormal.blogspot.com
  8. http://carpediem-selim.blogspot.com
  9. http://bent-3ayla.blogspot.com
  10. http://artartticuler.blogspot.com
  11. http://blog.kochlef.com

También Global Voices Online ha sido bloqueada. Esta comunidad de más de 300 blogueros y traductores recoge desde 2005 información de blogs y medios ciudadanos que no suelen tener espacio en la prensa tradicional y es particularmente activa en la denuncia de la censura en Internet.

Esta última oleada de censura en Túnez ha provocado una fuerte reacción de los internautas: Difusión de los casos de represión a través de las redes sociales, grupos y páginas dedicadas a difundir los abusos, cartas abiertas al Presidente… Muchos blogs muestran desde ese día este mensaje de error 404 (el código de “no encontrado” que aparece en los sitios bloqueados) en señal de protesta por la censura de los contenidos en su país:

Gran parte de las protestas se dirigen a Ammar 404, usuario ficticio de Internet que se ha convertido en la metáfora de la represión contra los internautas. Un pseudónimo acuñado por los tunecinos para referirse a su censor. A su Gran Hermano particular, que los observa, controla e intenta silenciar. Hay incluso una página, Ammar 404, que recoge mensajes de protesta de los usuarios en forma de imágenes. Pero es twitter la herramienta que más se está utilizando para actualizar en tiempo real sobre los casos de represión contra usuarios de Iternet, la misma herramienta que se popularizó como apoyo a la resistencia contra el régimen iraní.


Con la colaboración de Husein Khzam

Irán es un país que recibe una gran atención mediática. A través de los medios de comunicación conocemos un estado gobernado por un régimen basado en la sharia o ley islámica que reprime con dureza la oposición popular. Sin embargo, junto a Irán existe un Estado de características similares del que apenas escuchamos nada: Arabia Saudí, un país gobernado por una monarquía basada también en la sharia. Ambos países mantienen un duelo por la hegemonía en Oriente Medio a través de la politización de sus diferencias religiosas, pero Occidente sólo concentra su atención y sus denuncias sobre Irán.

Autoridad en Oriente Medio

Ambos países intentan dominar la región extendiendo su ideología, Irán como Estado chií  y Arabia Saudí como Estado sunní, en un enfrentamiento existencial que se renueva cada década. Las raíces históricas de este enfrentamiento provienen del desacuerdo entre los líderes islámicos tras la muerte del Profeta Mohammad, entre quienes reconocían su continuidad a través de sus familiares directos (chiíes) y quienes a su muerte preferían derivar el liderazgo hacia otras autoridades reconocidas (sunníes). De este desacuerdo original nacen dos interpretaciones distintas del Corán, de los dichos del Profeta y de las características del Estado islámico. Los chiíes, salvo algunas excepciones, se mantuvieron en la oposición durante casi toda su historia. Los sunníes eran mayoría y su poder se extendió durante siglos: el califato Omeya, los abbasíes, los otomanos… Estos últimos  dominaron durante 400 años la región de Oriente Medio y el norte de África excepto Irán, que se convirtió en el refugio chií. 1.400 años de enfrentamiento existencial nos llevan al momento actual de guerra fría entre ambos países. Una guerra que tiene su reflejo en todos los conflictos de Oriente Medio y en sus manifestaciones país por país. Veamos algunos:

  • En Líbano: Ambos países se presentan como respaldo de las legítimas aspiraciones de los libaneses.  Arabia Saudí, con su apoyo a la coalición sunní liderada por la familia Hariri, se posiciona como impulsor de la estabilidad y el desarrollo económico de  Líbano en un marco neoliberal respaldado por los poderes occidentales. Irán se autoproclama defensor de la legítima resistencia a la ocupación israelí y los intereses occidentales en el país mediante su apoyo al grupo chií Hezbollah.
  • En Irak: Ambos países desempeñan en Irak un doble juego:  Irán dio su respaldo al gobierno temporal tutelado por Estados Unidos tras la caída de su enemigo durante décadas, Saddam Husein, promoviendo al mismo tiempo atentados que desestabilizan el país. Arabia Saudí facilitó las operaciones militares de su aliado EEUU, proporcionándoles incluso una base militar, sin dejar de apoyar la reacción sunní contra los chiíes que Estados Unidos respalda.
  • En Yemen: En 2009 estalló en el país un conflicto que reabrió las heridas de la guerra civil de los años 90 entre el Norte y el Sur. Irán apoyó al movimiento chií del Norte y Arabia Saudí intervino apoyando al gobierno, que históricamente se ha apropiado de los recursos del Sur. La presencia en este país en enormemente estratégica por ser la única vía al Mar Rojo.
  • En Palestina: La causa palestina es central en Oriente Medio, una ocupación que despierta enormes sensibilidades en la población de los países árabes y puede minar más que cualquier otro aspecto la cuestionada legitimidad de sus gobiernos. Cuando Hamas sufrió el boicot internacional tras ganar las elecciones en 2006, Irán le dio su apoyo como representante legítimo de la lucha contra la ocupación israelí. Arabia Saudí, en un posicionamiento similar al de Egipto, legitima a Fatah y se presenta ante la comunidad internacional como mediador por la paz entre Israel y los palestinos.

Represión y derechos humanos

Las violaciones de derechos humanos y represión de las libertades en Irán son una constante, aunque cobraron protagonismo mediático con el estallido de las protestas populares contra unas elecciones cuestionables que dieron la victoria a Mahmud Ahmadinejad. Amnistía Internacional y Human Rights Watch denuncian la gravedad de la represión en Irán: ejecuciones y torturas por motivos políticos, religiosos o de orientación sexual, lapidaciones, persecución de las minorías, (kurdos, azeríes, balochíes, ahwazíes), que conforman la población del 50 por ciento del país.  Esta represión se ha extendido a Internet, que está en el punto de mira de las autoridades del país, que lanzan campañas con “Ciberejércitos” como los Hackers Islámicos.

En Arabia Saudí no es posible ninguna manifestación pública que no esté alineada con la ideología de las autoridades que gobiernan, una monarquía autoimpuesta que se legitima bajo el paraguas de la religión. Esto lleva al país a una situación de represión institucionalizada e inmovilista que empeoró tras el 11 de septiembre. Aplaudido por Estados Unidos y las potencias occidentales, las autoridades recluyen sin juicio a miles de acusados de terrorismo.  La minoría chií sufre discriminación sistemática en el acceso a la educación, justicia y empleo, según Human Rights Watch. Son habituales las ejecuciones y condenas a prisión de activistas por los derechos humanos, presos de conciencia, homosexuales, y las mujeres sufren una discriminación alarmante que también está institucionalizada (ver Informe de Derechos Humanos de Amnistía Internacional). Con la justificación de proteger los valores islámicos, el Estado persigue cada vez más también las manifestaciones de libertad en Internet, deteniendo a blogueros y ciberactivistas que denuncian los abusos. El Informe de 2008 de Reporteros sin Fronteras situaba a Arabia Saudí como uno de los países más represivos para la libertad de prensa (en el puesto 161 de 173) y el Informe de este año lo coloca entre los principales “enemigos de Internet”. El recelo de las autoridades saudíes hacia el potencial subversivo de medios como Twitter o Youtube merece que le dediquemos otro post.

La complicidad occidental respecto a Arabia Saudí es alarmante. Hay un silencio casi absoluto hacia los abusos de este Estado con quien se establecen todo tipo de lazos comerciales, políticos y diplomáticos por el hecho de que mantiene una posición de apoyo oficial de las decisiones estadounidenses. En España son conocidos los derroches y caprichos del Rey Fahd durante sus vacaciones en Marbella, donde lo visitaban en su mansión personalidades como el Rey Juan Carlos. Irán, entre tanto, es unánimemente denunciado y sufre presiones políticas, económicas y diplomáticas por unas violaciones de las libertades que nos alarman, pero nos dejan indiferentes si vienen del país vecino. En 2009 Irán vivía lo que los medios occidentales celebraron como la “revolución iraní en twitter”, el comienzo de una nueva era de resistencia civil a través de las redes sociales. Por esas mismas fechas Arabia Saudí bloqueaba el acceso a Twitter a activistas saudíes por los derechos humanos.

Otras fuentes no mencionadas en el post: Katib, Global Voices Online, Maktoob Business, Al Islam, CNN (versión árabe).