Alianzas

Una ocupación necesita normalizarse para mantenerse en el tiempo. Que la violencia y las injusticias que surgen de un modo circunstancial se instalen en lo cotidiano, se asimilen poco a poco como la situación natural a medida que se van institucionalizando. El gobierno israelí trabaja en todos los frentes en esta normalización para legitimar su estado ante el mundo, y una de las herramientas fundamentales en esta legitimización es la promoción del turismo. Se busca así proyectar una imagen atractiva que resalte sus luces y oculte sus sombras.

La imagen de la nueva campaña turística de Israel, con el lema “Jerusalén sin prisa, Tel Aviv sin pausa” habla por sí misma: A la izquierda la Jerusalén antigua de calles de piedra, en una panorámica tan hermosa como retocada. A la derecha un grupo de jóvenes juega al voleibol en la playa, con bikinis y cuerpos perfectos ellas, bañadores surferos y torsos musculados ellos. Rubios la mayoría, se atisba alguno con una piel algo más morena que da color al conjunto. La foto recuerda a las desenfadadas pandillas playeras de las series y películas estadounidenses. Y en medio, superpuesta a las dos imágenes de fondo, el rostro de una joven rubia de piel blanquísima y rasgos nada semitas. Ojos claros, nariz fina, casi plástica de tan perfecta, invita con una sonrisa a quien observe el anuncio a visitar Israel: concretamente Jerusalén (sin prisa) y Tel Aviv (sin pausa). La joven levanta con la mano el Jerusalén tradicional que recubre, a modo de cortina, el escenario moderno y occidentalizado del fondo.

La campaña muestra de un modo casi cándido de tan transparente lo que Israel quiere ser. Quiere ser la convivencia entre lo tradicional y lo moderno. Quiere ser el puente entre la herencia histórica oriental y los valores económicos y sociopolíticos occidentales, en un estado que se autoproclama el bastión de Occidente en Oriente.

El problema es que Israel no es, o no solo, lo que quiere ser. Y para poder visibilizar esta imagen de convivencia entre historia y modernidad debe negar la realidad de esa convivencia: la brutalidad de la ocupación de Palestina sobre la que está basada el Estado, la militarización de la sociedad, la institucionalización de las desigualdades, la destrucción de todos los ámbitos de la vida de los palestinos y el irreparable daño psicológico del servicio militar obligatorio en los israelíes generación tras generación, son algunas de esas realidades que es necesario negar para poder dejarse atrapar por la atractiva visión que ofrece el anuncio.

Lo que desde luego va sin prisa en Israel es el llamado proceso de paz, que mientras se mantenga como proceso teórico sin repercusión alguna en el terreno permitirá seguir adelante con la ocupación en Jerusalén Este y en el resto de los territorios palestinos. Y lo que sigue sin pausa es la política de asentamientos que acaban con la Palestina histórica y la institucionalización, día a día, de las desigualdades de un sistema que no tiene nada que envidiar al Apartheid sudafricano.


Irene, el barco cargado de ayuda humanitaria y miembros de Jews for Justice for Palestine, rumbo a Gaza. Foto de Vish Vishvanath/Metro

Se llama Irene (paz en griego) y navega con bandera inglesa. Organiza el viaje la asociación Judíos por la Justicia en Palestina y sus pasajeros son judíos de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania e Israel. Este catamarán zarpó el domingo desde Chipre cargado con material de ayuda humanitaria para la población de Gaza y es un acto simbólico de protesta contra la ocupación israelí de Palestina y el bloqueo a la Franja.

En la página Jewish Boat to Gaza. Two peoples, one future se pueden seguir los avances de esta iniciativa. La página incluye comunicados de prensa, información sobre los pasajeros y los movimentos del barco en un mapa a tiempo real. También se puede seguir a través de twitter y facebook.

Lynne Segal, académica británica, miembro de Independent Jewish Voices y una de las fundadoras de Jews for Justice for Palestinians, habló para Periodismo Humano sobre la iniciativa.

¿Cómo surgió la idea de un barco con tripulación y pasajeros judíos?

Surgió tras el terrible shock que sufrimos cuando Israel atacó la Flotilla de activistas internacionales. La situación es insostenible desde el bloqueo a Gaza, en 2001, pero es todavía peor desde 2007 y los que creemos en una convivencia justa entre palestinos e israelíes nos sentimos cada vez más impotentes. Creemos que es importante, simbólico, que la iniciativa sea judía, que mostremos al mundo que no todos los judíos apoyan las políticas israelíes y que pidamos a los gobiernos  que reaccionen ante la ocupación y el bloqueo. Así que me puse en contacto con mi amigo Eyad Sarraj, psiquiatra que dirige el Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza, para organizar con ellos el viaje.

¿Por qué ha tardado tanto tiempo en zarpar?

Por un lado no teníamos suficiente financiación. También nos faltaba experiencia navegando. Encontrarás muchos judíos médicos y abogados, pero marinos… no hay muchos (risas) y ha sido difícil reunir a una tripulación judía para el barco. Además montar un sistema de comunicación global para poder estar conectados con el mundo desde el barco ha tomado su tiempo también.

¿Podrías facilitarnos más detalles sobre la ruta del barco?

Todo se ha mantenido muy en secreto por miedo al sabotaje. Tratarán de encontrar la ruta más corta y entrar en Gaza. Y desde luego contamos con que el ejército israelí intercepte el barco.

¿Cuál será la respuesta de los activistas?

Mostrar resistencia pacífica, ya que están en su derecho de navegar en aguas internacionales. Israel bloquea ilegalmente Gaza, las aguas de Gaza, boicotea la pesca de los pescadores gazatíes y también controla las aguas internacionales ilegalmente. Queremos llamar la atención a la continua ilegalidad y a la continua tragedia de esta situación.

Los pasajeros del barco antes de zarpar. Foto de Vish Vishvanath/Metro


Hassan Nasrallá (AP)

Hassan Nasrallah (AP)

De Hassan Nasrallah , el lider de Hezbollah, se suele destacar una caracteristica: que no miente. Su discurso del miércoles fue seguido por millones en todo el mundo árabe. El “Sayyid” (“el Senhor”), como se le conoce aquí, respondió en directo y con contundencia a las acusaciones que ponen a su partido en el punto de mira.

Más de dos horas de discurso en las que Nasr Allah insistió en que Líbano no consentirá agresiones como las de esta semana, que acabaron con la muerte de tres soldados libaneses, un periodista libanés y un coronel del ejército israelí. Según el ejército israelií sus soldados se encontraban en una operación rutinaria en la frontera cuando recibieron disparos repentinos del ejército libanés. Según los medios libaneses, los soldados israelíes trataban de arrancar árboles en el lado libanés de la frontera, lo que el Primer Ministro Libanés, Saad Hariri, calificó como una “violación de la soberanía libanesa”. Lo que parece cierto es que la tensión entre Líbano e Israel va en aumento y cualquiera puede ser el desencadenante de nuevos enfrentamientos.

La policia controla la ciudad durante la visita de los mandatarios árabes a Beirut

La visita del Presidente de Siria, el Rey de Arabia Saudí y el Emir de Qatar el fin de semana pasado a Beirut es un indicador más del punto de giro en el que se encuentra el país. Precisamente visité la ciudad ese día y pude comprobar el colapso que provocó esta visita histórica. En el taxi desde Ashtura hasta Beirut el conductor señalaba la interminable cola de coches de policía en pleno caos de tráfico. Al preguntarle su opinión sobre el motivo de esta reunión entre jefes de estado árabes, parecía convencido, igual que la mayoría, de las verdaderas razones de la visita. “Por lo del Tribunal. Y lo que puede pasar con el Tribunal.”

El Tribunal Especial para Líbano (STL), creado bajo el acuerdo de las Naciones Unidas y Líbano, se ocupa de enjuiciar a los responsables del atentado de 14 de febrero de 2005 que causó la muerte del Primer Ministro Rafiq Hariri y provocó varios muertos y heridos. Las acusaciones se dirigieron desde el principio a Siria, y cuatro personas sospechosas de su apoyo al régimen de Basshar Al Asad están detenidas sin cargos desde entonces. En los últimos días se ha filtrado la noticia de que la próxima resolución del Tribunal apuntará no a Siria sino a Hezbollah como autora del asesinato, lo que ha causado un revuelo sin precedentes. Muestra de lo inusitado del contexto es la visita del Presidente sirio, que no acude el país vecino desde antes del asesinato de Hariri y que ha declarado que la situación actual en la region requiere de “un esfuerzo conjunto por restablecer la calma.”

Según el Cheikh Nabil Kaouk, el representante del partido en el Sur del país, a quien conocimos en el marco del encuentro Summer University of Palestine en la Universidad Internacional de Líbano (LIU), tras esta resolución está Israel y su aliado incondicional, Estados Unidos. Según Kaouk, esta acusación tiene sólo un fundamento: demonizar a Hezbollah y allanar el terreno para futuras sanciones y ataques contra el país. Afirma que su partido estaba en buenos términos con Hariri en la última etapa de su vida y que ambos trabajaban en el proceso de pacificación del país cuando el coche de Hariri sufrió un atentado bomba.

El académico judío estadounidense Norman Finkelstein, autor de “La industria del Holocausto”, incidía también en el encuentro en la LIU en que nos encontramos ante un momento histórico para el futuro de la zona. Según Finkelstein, nunca antes Israel se había sentido tan acorralado y tan cuestionado, posicionándose en una actitud similar a la previa a la guerra de 1967. Lo relaciona con la crisis de la Flotilla por la Libertad de Gaza, que sostiene ha tenido un impacto mayor que cualquier iniciativa anterior, dañando la imagen del Estado y su ejército internacionalmente y presentándolo no sólo como un estado violento sino, tras las imágenes de soldados heridos y atendidos por pacifistas internacionales, como incompetente. “Israel se puede permitir parecer violento, pero no incompetente. Así que ahora está dispuesto a todo para probar su fuerza.”

Finkelstein considera más que probable un ataque indiscriminado a la zona que sirva como castigo ejemplar y “que hará palidecer ataques anteriores”. Debido a los problemas de conectividad su charla en la Universidad Internacional de Líbano no está accesible online todavía pero la publicaremos completa en este mismo blog en breve.

En su último discurso de más de dos horas, emitido por pantalla gigante desde el estadio Al-Raya al sur de Beirut, Nasr Allah dio la bienvenida a la unidad árabe en torno a Líbano. Se refirió a Siria y Arabia Saudi como “S-S”, “Si S-S estan unidas, Líbano es el primer beneficiado. Si están enfrentadas, Líbano es el primer perjudicado”. Se preguntó qué pruebas tiene la comunidad internacional para acusar a Hezbollah y anunció que él mismo presentará sus propias pruebas de que es Israel quien está realmente implicado en el asesinato. Será el 9 de agosto, este lunes. Insistió en que su partido trabaja mano a mano con el ejército libanés , que ambos representan la unidad libanesa en la resistencia a la ocupación y que responderán con contudencia a la próxima agresión.


Miembros de la familia Al-Kurd con sus objetos personales tras el desalojo de su casa. Imagen de Activestills.org

Familia de Sheikh Jarrah con sus objetos personales después de que la policía y colonos los desalojasen. Imagen de Activestills.org

Cada viernes desde hace meses un grupo de activistas israelíes, la mayoría judíos, se manifiestan contra los desalojos que autoriza el gobierno de Israel contra los palestinos de Sheikh Jarrah y otros barrios de Jerusalén oriental. Piden que cese la injusticia de dejar sin hogar a una población doblemente refugiada. Los vecinos de estos barrios son en su mayoría personas que se vieron obligadas a abandonar sus hogares con la Declaración del Estado de Israel y el estallido de la guerra de 1948 y que fueron realojados en Jerusalén por la UNWRA (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos) y el gobierno jordano. Los desalojos de estas familias no son un hecho aislado, como analizó periodismohumano en el reportaje “Israel derriba casas a su antojo”.

Este movimiento de resistencia no violenta contra los desalojos incluye a distintas personas y agrupaciones políticas y no políticas, como Taayush, Peace Now, Anarchists against the Wall, Hadash, y al escritor David Grossman, un habitual en las manifestaciones.  En la página web del movimiento se explica que la ocupación de estas zonas es parte de un plan de “establecer una continuidad judía” en torno a la ciudad de Jerusalén (Sheikh Jarrah, el Monte de los Olivos y Silwan). Según el alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, estos desalojos son necesarios para construir espacios como un parque arqueológico en honor del Rey David en el barrio de Silwan y desarrollar así la zona oriental de Jerusalén.

Instalando a judíos en esas zonas y expulsando a palestinos se boicotea la posibilidad de una conviencia entre ambos pueblos. Para evitarlo,  los activistas de Sheikh Jarrah se acercan a las casas de los palestinos y permanecen con ellos hasta el momento del desalojo, tratando de protegerlos tanto de la policía como de los colonos, preparados para instalarse en la casa en cuanto la familia palestina es obligada a abandonarla.

Mujer palestina frente a su puerta, entre un policía y un colono esperando a apropiarse de su casa en Sheikh Jarrah. Imagen de Activestills.org

Otras iniciativas incluyen personarse frente a casas de altos cargos políticos y pedirles que abandonen su hogar en favor de un supuesto plan de construcción. Este martes hay prevista una vigilia frente al chalet del propio Nir Barkat, en la que se pedirá a su familia que abandone la casa en favor de un parque arqueológico. La organiza Paz Ahora, que llama a sumarse a las movilizaciones “contra la entrega de Jerusalén a los colonos.” La asociación trabaja también en la geolocalización de los asentamientos. En este mapa puede verse el avance de la judaización de la zona oriental de Jerusalén.

Mapa de asentamientos judíos en Jerusalén Este. Imagen de Peace Now

Yuval Drier Shilo, uno de los activistas, me cuenta desde Jerusalén que ha sido arrestado varias veces en distintas manifestaciones. En una de las últimas lograron reunir a más de 5.000 personas, “un número considerable teniendo en cuenta lo difícil que es movilizar a los judíos israelíes y conseguir que salgan a la calle a manifestarse”. Ahora preparan una para el 2 de agosto, en conmemoración del aniversario de los primeros desalojos en Sheikh Jarrah, en la que esperan superar este número. Le pregunto en qué es diferente esta movilización de otras anteriores. Responde que “es la primera vez que una iniciativa conjunta entre palestinos e israelíes adquiere tanta visilidad, precisamente en el punto caliente del debate para una solución al conflicto: Jerusalén. Es la primera vez también que los medios dan tanta cobertura a una iniciativa de este tipo (puede verse aquí, aquí y aquí), y el nombre “Sheikh Jarrah” se está convirtiendo en el símbolo de la resistencia no violenta.”

Le pregunto si cree que movilizaciones como esta tendrán algún efecto. “Lo que intentamos con estas iniciativas es obligar a los israelíes a posicionarse. A no mantenerse al margen, a salir de la pasividad en la que vive gran parte de la sociedad. A elegir de qué lado están, de la justicia o de la injusticia, y a defender su postura activamente.”

Manifestación contra el desalojo de familias palestinas en Sheikh Jarrah. Imagen de Activestills.org

Los activistas de Sheikh Jarrah luchan también contra la presión de los judíos que sin haber vivido nunca en Israel idealizan el Estado y fantasean con sus luces sin tener en cuenta sus sombras. Hace unos meses el escritor y Premio Nobel húngaro Elie Wessel dirigió al Presidente estadounidense, Barack Obama, una carta en la que pedía aplazar el asunto de la capitalidad compartida de Jerusalén, “por ser un tema sensible, inherente al judaismo y ausente en la religión musulmana.” Los activistas respondieron con otra carta, que termina con una frase que se ha convertido en el lema del movimiento:

A nosotros, la gente de Jerusalén, no se nos puede sacrificar por las fantasías de aquellos que aman nuestra ciudad desde la distancia. La Jerusalén real, terrenal, debe ser compartida por la gente de las dos naciones que residen en ella. Sólo una ciudad compartida estará a la altura de la visión del profeta: “Sión  será redimida a través de la justicia”. Como entonamos en las noches de vigilia en Sheikh Jarrah: ¡Nada puede ser santo ni sagrado en una ciudad ocupada!


Judíos ultraortodoxos en Jerusalén, saliendo de un mercado religioso al que sólo pueden acceder hombres. Imagen de Simcha Levental

“El derecho a elegir”. Este es el mensaje destacado en la página de Hillel, asociación de voluntarios israelíes que ayuda a judíos ultraortodoxos  (jaredi o haredi en hebreo) a abandonar su comunidad. Esta asociación, junto con otros esfuerzos del Estado israelí por promover la integración de las distintas comunidades judías, da una muestra de la creciente brecha entre los judíos laicos o no religiosos y los ultraortodoxos,  que con frecuencia residen en asentamientos ilegales de los que se ha expulsado a los palestinos. Los haredi desean mantener la pureza de los valores ultraortodoxos y evitan a toda costa mezclarse con el resto de judíos del Estado.

En el contexto de la ocupación israelí de tierra palestina, a menudo pasan desapercibidos otros conflictos internos: los que dividen a los distintos sectores de la sociedad judía israelí. La semana pasada atrajo gran atención mediática el arresto de un grupo de padres de la comunidad ultraortodoxa, que se negaban a aceptar las políticas de integración (judía) que promueve el gobierno. ¿Qué es exactamente lo que protestaban estos padres?

Protestaban por el hecho de que sus hijas, de familia judía ashkenazi (de origen europeo) estudiasen con niñas judías sefardíes (procedentes de países árabes). Su petición de preservar el aislamiento entre comunidades fue apoyada por más de 100.000 judíos ultraortodoxos en manifestaciones en Jerusalén y otras ciudades.

Entre las reglas de esta comunidad está el estudio en los centros de la yeshiva, que se mantienen al margen del sistema educativo y del resto de instituciones. Se centran en el estudio del Talmud y rechazan otras fuentes de conocimiento, como matemáticas, ciencia, geografía, historia, literatura, lenguas e incluso la Biblia.  La educación se imparte por separado a hombres y mujeres. No es la única medida de segregación en una comunidad que promueve la separación de hombres y mujeres en los espacios físicos, incluidos los autobuses. No había en esta última manifestación rostros femeninos, ya que su presencia en este tipo de eventos está prohibida.

Hillel se ocupa de ayudar a miembros de estas comunidades a abandonarlas “e integrarse en el mundo moderno y pluralista que los rodea”. La asociación la financian donaciones privadas y cuenta con el apoyo de intelectuales israelíes como Amos Oz. El trabajo lo realiza un grupo de 250 voluntarios que a su vez abandonaron su entorno para incorporarse a una forma de vida radicalmente distinta. Se definen como “un refugio para quienes cuestionan los valores del mundo ultraortodoxo, en donde las preguntas “qué” y “por qué” son mal vistas por padres y profesores”. Entre los servicios que ofrecen se encuentran una línea telefónica abierta en la que se atienden todo tipo de dudas; un mentor que acompaña al nuevo miembro en sus primeros pasos fuera de la comunidad; alojamiento, normalmente con familias de acogida que les ayudan a integrarse en la vida moderna; educación (asesoramiento, clases particulares,  programa de becas para jóvenes que quieran incoporarse al sistema educativo secular); actividades de ocio y cultura (cenas, eventos, actividades de escritura, dibujo, fotografía…) y preparación para el servicio militar, que es obligatorio para los judíos de Israel con la excepción de las comunidades ultraortodoxas.

En la página de la asociación se advierte a quienes desean dar el paso de salir de estas comunidades de las dificultades que esto implica:

  • Romper con tu familia y todo tu entorno anterior
  • Adaptarte a unos códigos sociales completamente nuevos: los del mundo moderno
  • Aislamiento social y emocional
  • Carencias educativas
  • Dificultades para encontrar un empleo y lograr la independencia financiera

Estas advertencias dan una idea de la dificultad de conciliar ambos modos de vida. La población jaredi forma ya cerca de un 20% del total. La media de natalidad es de 6.8 hijos, mientras entre el resto de judíos israelíes la media es de 2.6. Ante estos datos, el periodista israelí Yair Lapid se pregunta en este artículo cómo se supone que sus 2.6 hijos mantendrán a los 6.8 de los ultraortodoxos, una comunidad que se mantiene al margen de las instituciones educativas, sociales y económicas del Estado. Probablemente en este punto radica la verdadera esencia de la amenaza que se trata de atajar con distintas medidas de integración. ¿Quién subvencionará a estas comunidades ante su imparable crecimiento demográfico? ¿Podrá el ejército mantener la ocupación ilegal de los territorios palestinos y garantizar la seguridad de los asentamientos con un creciente número de jóvenes que no realizará el servicio militar?

Se promueve y se facilita su instalación en territorios ilegalmente ocupados según las Naciones Unidas, pero a cambio se da alas a una comunidad que crece a un nivel muy superior al resto de la población y cuyos hijos serán ciudadanos improductivos que terminarán viviendo a expensas del sistema. Y que no cumplen el servicio militar. Una comunidad que amenaza desde dentro la supervivencia del Estado de Israel que contribuye a expandir.


Simcha Levental frente a imágenes de la exposición

Representantes de la asociación de ex soldados israelíes “Breaking the silence” han visitado Madrid. Su exposición se puede ver en el Círculo de Bellas Artes hasta el 20 de junio, y también en el Patio Maravillas el lunes 14. En 2004, con el título de “Rompiendo el silencio: combatientes israelíes hablan de Hebrón”, un grupo de ex soldados israelíes comenzó a exponer en Tel Aviv las imágenes y testimonios de los abusos cotidianos que los soldados cometen contra los palestinos. Unos abusos de los que toda la sociedad israelí forma parte, ya que el servicio militar es obligatorio durante tres años. Como expone uno de los testimonios, “el Estado deja la enorme responsabilidad de mantener la ocupación en manos de chicos y chicas de 18 años”. Su trabajo se ha extendido a otros países pero el esfuerzo es sobre todo interno, de sensibilización a israelíes sobre la brutalidad de la ocupación.

Simcha Levental (biografía tomada del dossier “Rompiendo el silencio. Los soldados israelíes hablan” [pdf] ) es uno de los fundadores de “Breaking the silence” y su historia personal muestra una evolución que no debió de resultar fácil. Emigró con 14 años desde México con su familia,  judíos ultra-ortodoxos, que decidieron “seguir la llamada de Dios” e instalarse en el asentamiento religioso de Modi´in Illit, construido sobre tierras palestinas. Creció considerando su presencia allí parte de la reinvidicación política del derecho del pueblo judío a poblar la Tierra Santa. El rechazo de su familia a su interés por autores como Shakespeare o materias como el álgebra o las leyes de Newton, prohibidas por la yeshiva, lo llevó a acercarse a la sociedad secular israelí. Durante su período en el ejército sintió que había pasado de un grupo opresor a otro y comenzó a tomar conciencia de lo que había hecho. Lo entrevistamos en Periodismohumano para oír de un ex soldado lo que significa formar parte activa de la ocupación de un pueblo.

La rutina de la ocupación

Simcha habla con un fuerte acento mexicano y la fluidez del que ha repetido su historia cientos de veces, conoce su impacto y el interés que suscita. Es amable, solícito, se esmera en proporcionar todo el material del proyecto que tiene a mano. Natural ante la grabadora que coloco sobre la mesa y que él coge al vuelo y se coloca en el interior del bolsillo de su camisa. “Así lo oirás todo mejor después”.

Pregunta: ¿Durante cuánto tiempo formaste parte del ejército israelí?

Simcha Levental: Tres años, lo que dura el servicio militar obligatorio.

P: ¿Cuál era tu rutina de trabajo?

S.L: Vigilamos los territorios palestinos ocupados. Los checkpoints. Protegemos los asentamientos. Hacemos registros casa por casa comprobando si hay armas…

Simcha habla en presente y en plural de su paso por el ejército, a pesar de que hace años que terminó su servicio militar. Elige, conscientemente o no, el tiempo con que se describe lo habitual, los hechos que se repiten de modo rutinario, para explicar una época que no llega a formar parte del pasado porque cada día y en cada momento se suceden en los territorios ocupados escenas como las que él ha vivido y en las que todos se ven implicados.

P: ¿Cómo es la rutina de un registro? ¿Entráis en la casa de una familia palestina y qué hacéis exactamente?

S.L: Pues entramos, cogemos los DNIs, decimos “todo el mundo al suelo”, encerramos a toda la familia en un cuarto y buscamos por la casa, por los armarios y los cajones a ver si hay armas.

P: ¿Es duro hacer eso?

S.L: Hacerlo la primera vez me dolió mucho, no se me iba de la cabeza el recuerdo de la familia aterrorizada, los niños gritando… Pero a la segunda duele menos, y a la quinta ya no duele. Con el tiempo te conviertes en un robot.

P: ¿Cómo se produce esa toma de conciencia de lo que uno ha hecho? ¿Es un proceso gradual, o hay algo concreto que lo desencadena, algo que marca un antes y un después?

S.L: Es interesante la pregunta, no me lo habían preguntado antes. Fue hablando con compañeros del servicio tiempo después. Cuando eres un soldado, lo más importante en tu vida son tus compañeros, se crean unos vínculos muy fuertes. Y hablando entre nosotros, compartiendo vivencias de esos años, llegamos a entender que aquello que asimilamos como normal no lo era. Que habíamos contribuido, que todos en el ejército contribuimos a crear una nueva generación que nos odia y nos teme por el daño que nosotros les hacemos.

P: ¿Es contar lo que habéis vivido una forma de terapia?

S.L: No. Es una forma de asumir responsabilidad, y de ser un ser humano. Tomar responsabilidad de tus actos, de las cosas en las que participas.

Las imágenes

Nos levantamos y vamos viendo las fotos que cuelgan de la pared, imágenes de gran tamaño y nitidez, en la que se aprecian con enorme nivel de detalle escenas perturbadoras que Simcha va describiendo. Describe lo que se ve en la imagen pero sobre todo describe lo que no se ve. Lo que hay detrás de cada una de esas fotos que remueven al espectador.

Como una serie de imágenes tomadas por soldados tras matar a un palestino que, según cuenta Simcha, se disponía a matar civiles en Israel y al que logaron detener antes. En una de las fotos un soldado sonríe a cámara, el fusil al hombro y el pie sobre el cuello del hombre sin vida, sin camisa y con los pantalones bajados mostrando la ropa interior. Recuerda a las fotos de cazadores exponiendo satisfechos sus trofeos. En otra de las imágenes cinco soldados rodean el mismo cuerpo, al que señalan sonrientes con sus armas.

P: Qué duras estas fotos.

Simcha me corrige, parece algo contrariado.

S.L: ¿Ves?, estas son las fotos que más te molestan a ti, las que más os molestan a la mayoría. Sin embargo estas fotos no son las verdaderamente alarmantes. Este hombre iba a matar a gente y los soldados se sacan la foto porque están satisfechos de haber cumplido su deber de proteger a civiles. Esta foto está bien: te entrenan para matar a tu enemigo, y matar a tu enemigo es como cuando un escalador llega a la cima. A ti te molesta porque no es estético, pero las fotos verdaderamente alarmantes son otras, mucho más cotidianas que estas.

Señala a otra imagen. Se ve a dos soldados muy jóvenes sentados en un sofá de un saloncito, sonriendo a cámara frente a un televisor en el que se proyecta un partido de fútbol.

P: ¿Qué hacen?

S.L: Están viendo el fútbol. En casa de unos palestinos a los que están registrando. Es la vida diaria del ejército, en la que estas cosas se normalizan. A veces hacemos jornadas de 18 horas diarias, y en algún momento tienes que parar a descansar, hacer cosas normales. Aquí estos soldados decidieron descansar en mitad de un mundial y ver el partido durante un registro, mientras los dueños de la casa están encerrados en un cuarto. No ven nada raro en esta situación. Llegamos a ver como normales cosas que no lo son, que se convierten en parte de nuestra vida cotidiana, hasta que un día te das cuenta de que todo esto no es normal. De que la noción de lo que está bien y lo que está mal se nos ha alterado.

P: ¿Me explicas esta foto de los niños?

S.L: Sí, esta foto es realmente dura. Fíjate bien en los niños, ¿qué hacen?

P: Juegan, ¿no? Junto a un soldado israelí, que les sonríe.

S.L: Sí, ¿pero a qué juegan?

Sigo analizando la imagen, mientras Simcha la explica, de un modo especialmente apasionado.

S.L: Fíjate bien. Hay tres niños de espaldas, contra un muro, mientras otros dos les apuntan con un palo, como si fuese una pistola. Juegan a registrarse, a los checkpoints, algo que ven cada día. Estos niños crecen viendo a soldados registrar y apuntar con pistolas a sus padres, a sus tíos…

Se gira hacia otra imagen, también de un grupo de niños, estos ataviados con la kipá judía.

S.L: Y mira estos otros niños. Crecen viendo cómo sus familiares y vecinos agreden y registran a otros, viendo esto como algo  normal.

P: Imagino que no es fácil explicar todo esto en Israel, ¿qué trabajo de sensibilización hacéis allí?

S.L: Es muy difícil hacer entender esto allí. Hacer entender que formamos parte activa del problema. Que no hay forma posible de humanizar una ocupación, de hacerla moral. Que todo lo que nos enseñan, las indicaciones de lo que debemos hacer o no durante el servicio, de lo que está permitido o no, todo eso no sirve porque no hay forma amable de mantener una ocupación. La ocupación en sí deshumaniza, nos deshumaniza a todos, no es posible hacerla “con guantes”. Este el mensaje en el que insistimos. ¿Qué es lo que uno tiene en la vida? La seguridad de su casa, de que no va a venir nadie a echarlo de allí. Y eso es lo que les quitamos a los palestinos.

P: ¿Qué dice en esta pintada?

S.L: “Los árabes a la cámara de gas”.

P: Así que hay judíos que se refieren a un trauma de la historia del pueblo judío para aplicárselo a los palestinos.

S.L: Sí, así es.

Señala una foto en la que se ve a través del objetivo de un arma a un soldado israelí.

S.L: Mira, aquí se ve a un soldado apuntando a otro, probablemente el que está siendo apuntado ni se ha dado cuenta. El arma es parte del paisaje, un juguete más, se ha convertido en un juguete que forma parte de nuestra vida cotidiana.

P: ¿Y estos rostros? ¿Son soldados?

S: Sí, es gente que ha participado en “Breaking the silence”. Para que veáis que no tenemos cuernos, ni nada raro… (sonríe).

La política de Israel

P: ¿Sufrís algún tipo de intento de silenciaros en Israel? Imagino que lo que decís no es algo que todo el mundo está dispuesto a oír, sobre todo desde las autoridades…

S.L: No, Israel es un país democrático. Salvo casos excepcionales, nadie no silencia, subrayaría este punto. Hablamos con 3.000 personas al año, estamos en prensa, tratamos de llevar la realidad a cada casa y somos bien acogidos en general.

P: ¿Ves alguna contradicción entre el carácter judío del Estado y ese carácter democrático?

S.L: No creo. ¿Qué quiere decir judío en realidad? Lo que sí sé es lo que quiere decir democrático. Plenos derechos a todos, prensa abierta, libertad de expresión. Es un país democrático, con libertad de expresión, en el que cada uno puede pensar y decir lo que quiera.

P: ¿Dirías que la minoría árabe de Israel disfruta de los mismos derechos que los judíos?

Duda, lo piensa unos segundos.

S.L: No. No tienen los mismos derechos.

P: ¿Cómo se concilia entonces?

S.L: Esta es una lucha continua contra la corrupción del Estado. Parte de la lucha es que se extiendan los derechos democráticos a todos, pero los testimonios en sí vienen de una visión democrática. La única medicina para la corrupción es tratarla de forma pública e independiente.

P: ¿Qué política crees que debe seguirse para alcanzar una solución justa para todos?

S.L: Yo no soy político, hay gente inteligente que tiene miles de soluciones. Yo sólo soy experto en qué supone ser un ocupante. Les traigo esta realidad a todos para que quien pueda tome sus decisiones. Para que quienes tienen la capacidad de tomar decisiones políticas lo tengan en cuenta.

P: No sé si has seguido lo sucedido con la Flotilla de activistas internacionales que trataban de romper el cerco a Gaza. ¿Qué piensas de lo ocurrido?

S.L: Esto es algo que me molesta bastante… Se le da una enorme importancia a esta flotilla, y no a lo que sucede en los territorios ocupados cada día. Hay que fijarse en lo cotidiano: en los pescadores palestinos a los que se limita la capacidad de pescar, por ejemplo. Me gustaría que el enfoque se centrase en lo cotidiano. Aparte de eso, sí debería hacerse una investigación pública e independiente de lo que sucedió con los activistas.

P: ¿Trabajáis con palestinos desde la asociación?

S.L: No. El trabajo que hacemos es sobre todo con judíos. Hablamos con judíos de Israel, de EEUU, con comunidades europeas… Es más bien un trabajo interno. El 90% de mi trabajo es dentro de Israel, y lo que más me importa es el proceso que nosotros mismos estamos sufriendo. Esta es una lucha por el corazón de Israel, por la moralidad que pierde a través de su paso por el ejército. Pero sí tengo amigos palestinos, y algunos  me han comentado que también les gustaría poder pasar por un proceso de romper el silencio como nosotros lo estamos haciendo. El silencio afecta a muchos pueblos, no sólo a Israel, y me gustaría ver a otros pueblos llevar a cabo este mismo proceso. Israel tiene una buena sociedad, pero debemos parar esto.

Ante testimonios como los de Simcha y el resto de soldados, una no puede dejar de preguntarse qué más hace falta para que se ponga fin a esta situación. El extremo al que llegan los abusos y la normalización de las torturas es de sobra conocido y ante estos testimonios de los propios agresores resulta aún más difícil ignorarlos. Sin embargo, sigue mirando para otro lado la mayor parte de la comunidad política internacional, que no muestra intención alguna de presionar política y económicamente a las autoridades de Israel para que pongan fin  a la injusticia inherente a la ocupación.


El ejército israelí detuvo el viernes en Bil´in a Huwaida Arraf, una de las artífices de la iniciativa de la Flotilla, cofundadora del Free Gaza Movement y del International Solidarity Movement. Había sido detenida en uno de los barcos y posteriormente liberada. Es la última de muchas detenciones que ha sufrido esta activista palestina-estadounidense que lleva años dedicada a la resistencia no violenta contra la ocupación israelí.

Huwaida Arraf en la manifestación pacífica en Bil´in, antes de ser detenida

Alrededor de Huwaida y su presencia en uno de los barcos se ha tejido una enrevesada trama que trata de manchar su imagen y que acabó el viernes con su detención por parte de las autoridades israelíes. Huwaida fue liberada el sábado. Ha sido el último intento de silenciar a esta activista estadounidense, en la que Israel se ha cebado especialmente  desde la partida de la Flotilla.

El miércoles Israel destapó unas grabaciones en las que supuestamente se oía la voz de Huwaida junto con la de otros activistas emitiendo insultos racistas contra los judíos desde el Mavi Marmara, el barco que encabezaba la Flotilla y en el que viajaban un mayor número de activistas. Poco después se demostró que aquella no era la voz de Huwaida y que, además, ella no viajaba en el Mavi Marmara, sino en otro de los barcos. Se pueden oír las diferencias entre las distintas grabaciones en el blog de Jared Malsin. El gobierno israelí salía al paso del desmentido poco después, reconociendo que la grabación “se había alterado”, un hecho grave de manipulación de la información que sin embargo ha pasado  desapercibido. A pesar del desmentido, no han dejado de llover contra Huwaida acusaciones que se suman a la persecución mediática que llevan años sufriendo, y que incluyen desde acusaciones de antisemitismo hasta la alianza con Hamas e incluso de colaboracionismo con la CIA.

¿Por qué este especial interés en manchar la imagen de Huwaida Arraf?

Tanto el trabajo de Huwaida como su historia personal han cobrado un gran simbolismo en la lucha por los derechos humanos y las reclamaciones de autodeterminación del pueblo palestino. Nacida en Detroit, Michigan, es hija de una familia de palestinos cristianos, su madre originaria de Jerusalén y su padre de Galilea. Tiene doble nacionalidad estadounidense e israelí. Se especializó en Ciencias Políticas y Estudios Árabes y Judíos en la Universidad de Michigan y es Doctora en Derechos Humanos Internacionales y Derecho Humanitario. Estudió también en la Universidad Hebrea de Jerusalén y pasó un tiempo aprendiendo hebreo en un kibbutz. No se puede decir, por tanto, que sea desconocedora ni de la identidad judía ni de la realidad israelí. Además del trabajo que realiza sobre el terreno, es activa desde hace años en la difusión de la opresión que sufren los palestinos, algo que desafía la posición oficial estadounidense, más proclives a apoyar las posturas de las autoridades israelíes. No es extraño, por tanto, que se la considere una amenaza para la blindada versión oficial israelí del conflicto, en un contexto de cada vez mayor represión de las manifestaciones contrarias a sus políticas. El alcance de esta represión quedó en evidencia hace unos días, cuando Israel prohibió la visita de Noah Chomsky, uno de los intelectuales más reconocidos mundialmente, a la Universidad de Bir Zeit, en territorio palestino.

Huwaida Arraf está casada con un estadounidense de familia judía, el cineasta y también activista por los derechos humanos Adam Shapiro. Se conocieron en Jerusalén, cuando ambos trabajaban en Seeds for Peace, centro de promoción del diálogo entre la juventud judía y palestina. Juntos fundaron, junto con la israelí Neta Golan y los palestinos Ghassan Andoni y George N. Rishmawi, la iniciativa International Solidarity Movement, que promueve la resistencia no violenta a las agresiones israelíes. El ISM fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 2004. Además, ambos trabajan en el Free Gaza Movement, iniciativa que busca romper el bloqueo de Gaza mediante el envío de barcos de ayuda humanitaria a la Franja y que respaldan intelectuales y defensores de los derechos humanos como el arzobispo Desmond Tutu y el propio Noah Chomsky.

La trayectoria personal de ambos, su encuentro y su historia de amor ha sido contada en diversos medios de comunicación, entre ellos The Guardian, que lo titulaba “Love under fire”. Esta historia, y el trabajo que ambos realizan, envían un poderoso mensaje:  la lucha por los derechos humanos es universal y trasciende el cariz religioso del que a menudo se rodea el conflicto entre Israel y los palestinos.

Leer la entrevista que periodismohumano le ha hecho a Huwaida Arraf

El próximo 15 de mayo es el aniversario de lo que los israelíes conocen como el Día de la Independencia de Israel y los palestinos como la “Nakba”, o catástrofe palestina. Durante toda la semana se celebran en paralelo actividades de conmemoración en distintas ciudades del mundo, desde enfoques opuestos. La celebración ha ido acompañada en los últimos años de un intento de negar el derecho a la expresión del duelo palestino.

Palestinos esperan un barco en Haifa, tras ser expulsados por el ejército judío en 1948 (AP)

El avance de la ocupación israelí, que desde el ámbito de lo físico y lo territorial se extiende a todo el resto de  ámbitos, arrincona a los palestinos no sólo geográficamente sino en el terreno de las libertades fundamentales, como la expresión de su identidad. Uno de los ejemplos más recientes y sonados es el Proyecto de Ley de la Nakba presentado por Avigdor Lieberman, el ultraderechista Ministro de Exteriores israelí (recibido hace unos días por el Presidente español). El Proyecto de Ley propone prohibir y tipificar como delito la celebración de eventos públicos o ceremonias para conmemorar la Nakba palestina. Esto supone privar a los palestinos que permanecieron en Israel tras el establecimiento de este estado en 1948 de la libre expresión de dolor por el sufrimiento de su pueblo. El texto dice literalmente que se impondrán penas a quien “muestre signos de tristeza o luto en las fronteras de Israel”, unas fronteras que el Estado israelí continúa sin definir y que expande ilegalmente mediante asentamientos judíos en zonas declaradas palestinas según las Naciones Unidas. Según el Centro por los Derechos Civiles de Israel, la mayor organización de derechos humanos israelí, legislaciones de este tipo suponen un brutal atentado contra la libertad de expresión y un gran retroceso en materia de derechos civiles.

La tendencia se extiende a la educación. El Ministerio de Educación israelí ha eliminado también el término “Nakba” de los libros de texto de alumnos de primaria de origen palestino en colegios israelíes. El párrafo en el que se menciona este término dice Los árabes llaman a esta guerra “Nakba”, guerra de catástrofe, pérdida y humillación, mientras que los judíos lo conocen como “Guerra de Independencia”. Según el gobierno este término en el ámbito educativo supone incentivar la propaganda antiisraelí.

Esta legislación es un paso más en la reafirmación de un pueblo mediante la negación de otro. Un proceso que impregna los distintos ámbitos de la vida pública y que contribuye a destruir la memoria.

Precisamente la memoria es el tema de una de las actividades con las que se conmemora en España la creación del Estado de Israel. La Casa Sefarad- Israel celebra esta semana el congreso “Trauma y Memoria. Primer Congreso Internacional de Psicotraumatología”, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, la AECID y la Comunidad de Madrid.  La iniciativa busca tender puentes entre especialistas en los efectos psicológicos de los conflictos,  investigadores judíos del Holocausto y otros  procedentes de distintos países que pondrán en común las lecciones aprendidas del Holocausto. Los organizadores del Congreso describen el porqué de esta puesta en común:

Los estudios sobre las víctimas de la Shoah (el Holocausto judío) nos brindan un contexto teórico que  permite la investigación y  el acercamiento a otros tipos de víctimas (guerras, terrorismo, maltrato en general…) Pero ante todo nos obligan a una doble reflexión: por un lado sobre lo indecible del horror, y por otro sobre las formas de superación y valentía del ser humano en situaciones  de catástrofe.

El Congreso plantea el Holocausto como ejemplo que puede ayudar a superar sus traumas a otros colectivos, e incluye aportaciones sobre la situación de los tutsis en Ruanda, el genocidio armenio y la identidad árabo-bereber en Mauritania, con especial atención a los efectos en los niños. Para quienes conocen la situación actual entre Israel y los palestinos, resulta difícil no echar en falta la conexión con el trauma del pueblo palestino. No hay ninguna mención a los traumas derivados de la creación del Estado de Israel, como los efectos psicológicos de vivir entre checkpoints o aislados por un muro de separación. Las lecciones que enseña el Holocausto, y que sirven para ayudar a otros colectivos a superar sus traumas, ¿no podrían servir también para tratar de poner fin al sufrimiento del pueblo vecino?

Quizás sería enriquecedor plantear el Congreso como una puesta en común del sufrimiento de ambos pueblos y el modo de superarlos juntos, aprendiendo de las víctimas la necesidad de respetar la identidad y los derechos del otro. De otro modo es una actividad decontextualizada que parte de la exaltación del sufrimiento de unos y la negación, una vez más, del otro.


Aunque con cierta discreción y procurando que no trascienda demasiado, el Gobierno español ha recibido con honores de jefe de estado a Avigdor Lieberman. ¿Quién es este político con el que el Presidente se ha reunido con sigilo y al que ha escuchado y atendido ofreciéndole la mayor legitimidad diplomática?

El Ministro de Asuntos Exteriores israelí Avigdor Lieberman, a la derecha, estrecha la mano de su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos en el Palacio de Viana. Madrid, jueves 22 de abril. Imagen de STR. AP.

Lieberman es el Ministro de Asuntos Exteriores israelí, que representa el ala más ultraderechista del gobierno derechista de Israel. Emigró desde Moldavia a Israel en los años 70 y formó parte del partido Kach, que pide la expulsión de todos los palestinos del territorio que consideran judío según la Biblia. Kach fue ilegalizado por sus ataques terroristas y figura en la lista de organizaciones terroristas del gobierno de Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá. Tras su paso por esta organización, Lieberman formó la suya propia: Yisrael Beytenu (“Israel es nuestra casa”), que según explica la propia web del partido se basa en la política de emigración de judíos a Israel, establecimiento de colonias judías (en zonas declaradas palestinas), y defensa armada del territorio por un Israel seguro y judío. El partido aglutina principalmente a inmigrantes de las ex repúblicas soviéticas que se han convertido en un grupo de población clave a la hora de hacer pactos electorales.  A pesar de su posición abiertamente racista, o a causa de ella, Lieberman asumió en 2009 el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno israelí, desde donde anima a un recrudecimiento de las posiciones antipalestinas.  Se refiere a Gaza y Cisjordania como Judea y Samaria y hace apología de los asentamientos ilegales,  viviendo él mismo en uno como forma de ostentación de su posicionamiento en el conflicto. Es frecuente oirle terminar sus discursos con un “¡Muerte a los árabes!”. Estas son algunas otras perlas de sus discursos:

Nuestros soldados están haciendo un buen trabajo en Gaza, pero la solución no es la invasión. La solución pasa por medidas como la que EE.UU adoptó con Japón en Hiroshima y Nagasaki.

Cuando se da una contradicción entre valores democráticos y valores judíos, deben primar los valores judíos y sionistas.

Ejecutemos a los diputados árabes que entablen contactos con Hamás.

Los árabes de Israel tendrán que encontrar una nueva entidad árabe en la que vivir. Este no es su lugar. Pueden recoger sus cosas y marcharse a algún otro sitio.

Ahogaremos a los palestinos en el Mar Muerto.

Las conversaciones con Moratinos y Zapatero se centraron sobre todo en la represión contra trabajadores de ONGs, información recogida  por varios medios como El País.  Pero en visitas como esta lo de menos es el tema de conversación.  Lo cuestionable es la legitimidad que se da al invitado al recibirlo. Esta visita no es sólo incómoda para el gobierno y objetable desde el punto de vista de los derechos humanos. También es innecesaria. Con gestos como este, el gobierno español está ofreciendo a Israel una legitimidad que ni siquiera le ofrecen gobiernos europeos derechistas conocidos por un apoyo casi incondicional a Israel.

Como Francia. Nicolas Sarkozy se negó a recibir a Lieberman cuando Netanyahu le comunicó que pensaba enviarlo en visita diplomática. El Presidente francés le pidió que se deshiciera de él y le recomendó en su lugar a Tzipi Livni. Livni tiene suficientes crímenes de guerra a sus espaldas como para que un tribunal británico abra una orden de captura contra ella bajo la ley de jurisdicción universal, pero la mayoría de los gobiernos occidentales la ven con buenos ojos. El discurso abiertamente racista y de incitación al genocidio de Lieberman es, sin embargo, demasiado hasta para los gobiernos más derechistas de Europa. No para el español.

¿A qué juega España en política internacional? ¿Cuál es su posicionamiento, más allá de tibias peticiones de cese de la violencia? Sorprende esta absoluta falta de coherencia en el trato a un país que viola sistemáticamente la legalidad internacional. Acuerdos económicos, venta de armas, estrechamiento de lazos diplomáticos son el premio a una política de apartheid que no encuentra apenas resistencia por parte de los gobiernos occidentales. Pero es precisamente un gobierno que se dice socialista quien da la bienvenida a uno de los políticos que más han hecho para impedir una solución justa y equitativa al conflicto entre Israel y los palestinos. España ostenta además la presidencia de la Unión Europea, lo que refuerza aún más la legitimidad ofrecida al actual gobierno israelí y su ala más radical. ¿Está España tan abierta al diálogo que dialoga con ultraderechistas racistas? Parece ingenuo pensar que pueda surgir una conversación constructiva con un político que aboga por el cese de cualquier diálogo con los palestinos.


En la guerra por el territorio que libra Israel con los palestinos, juega un papel clave la correcta comunicación del mensaje. Tan relevante como los hechos sobre el terreno, o más, es la narración de los hechos sobre el terreno. Israel es muy consciente de ello pero incluso este Estado que depende en gran medida de su proyección mediática comete a veces errores que ponen en evidencia sus contradicciones.

La legitimidad del Estado israelí está en entredicho por sus constantes desafíos a la legalidad internacional. Sin embargo, la actitud que actualmente toma  el gobierno israelí ante las críticas no es la de una reflexión sobre la forma y el fondo de la ocupación que mantiene en el territorio legalmente declarado palestino, sino un enfoque de marketing y comunicación. El debate se centra en las mejores estrategias para resaltar los aspectos positivos de Israel y mantener el foco alejado de las violaciones de derechos humanos, lo que se refleja en campañas e iniciativas de distinto tipo.

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En este debate radiofónico de la agencia de relaciones públicas PRNewser distintos expertos en relaciones públicas hablan de la percepción pública de Israel como algo tan crucial como sus armas militares y su propia existencia. Algunos expertos en relaciones públicas recomiendan un enfoque moderno y renovado para hacer frente a las críticas, a través del uso de redes sociales, y otros prefieren un enfoque “top-down”, en el que desde las autoridades se determine el mensaje común. Se menciona también una campaña de “relaciones públicas preventivas” de cara a futuras agresiones que puedan despertar críticas.

En esta estrategia de visibilización de sus aspectos positivos, Israel cuenta con una gran capacidad mediática. Conscientes del potencial de las Tecnologías de la Información y la Comunicación y las redes sociales como nuevas formas de transmitir y compartir información, han puesto en marcha distintas campañas a través de Internet, sin descuidar las tradicionales. Durante los momentos de mayor cuestionamiento de su despliegue militar, el ejército israelí abrió un canal de televisión por cable dedicado a emitir informes desde Gaza y un canal en Youtube (algo que ningún ejército había hecho antes) para contar su versión de los ataques y calmar los ánimos frente a la dureza de las críticas. Desde estos canales comparten la visión de los agresores en distintos foros y redes sociales. Estas iniciativas entran dentro de lo que en los medios israelíes se conoce como hasbara (propaganda), un término que cada vez se usa más desde fuera de Israel para referirse a las campañas de apoyo a las agresiones israelíes.

Pero la estrategia no se limita a contar su versión de los hechos, sino que hay un esfuerzo por desviar la atención a otros asuntos. Esta semana Israel ha hecho público un plan para desafiar el poder del petróleo mediante el fomento de las energías renovables (la noticia completa en el blog de Jonathan Cook).  De esa forma reviste la “lucha contra el terror” global de un manto de sostenibilidad y respeto por el planeta y sus recursos naturales. Según Avner de Shalit, Profesor de Política en la Universidad Hebrea de Jerusalén, con este paso Israel busca la simpatía de Occidente en un tema de interés general y que esto haga ceder las reclamaciones de cesiones a los palestinos.

Este repentino interés por el medio ambiente no concuerda con el historial, muy pobre, de Israel en cuestión de sostenibilidad, como afirma Gideon Bromberg, presidente del grupo israelí Amigos de la Tierra. Es de sobra conocida la destrucción de tierras y recursos naturales que lleva a cabo en zonas palestinas, entre otras violaciones de los derechos humanos y la legalidad internacional pero ¿conseguirá aún así posicionarse como un país respetuoso del medio ambiente y la sostenibilidad? En un contexto de preocupación global por el cambio climático, no sería extraño que una iniciativa medioambiental ambiciosa pesase más en la balanza que las violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Imagen: Dora McPhee. Australians for Palestine

A pesar del despliegue de medios e iniciativas,  incluso Israel comete errores de comunicación que pueden dejarlo en evidencia. La incoherencia entre el mensaje de diálogo que trata de proyectar el encuentro entre el Vicepresidente de EEUU Joseph Biden y el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu y el mensaje de absoluta falta de voluntad de cualquier cesión a los palestinos que transmite el anuncio de la creación de nuevas colonias en Jerusalén Este (ocupado ilegalmente en 1967) ha puesto esta contradicción en el foco de atención mediática. Analizando el día a día de los hechos y el modo en que Palestina desaparece gradualmente del mapa (imagen de la pérdida de territorio  a la izquierda, podéis ver la evolución completa por años aquí) parece evidente la falta de compromiso del gobierno israelí con una solución que no sea unilateral. Sin embargo ha hecho falta un error garrafal de comunicación y medición de los tiempos para visibilizar lo que es una realidad cotidiana: la contradicción entre el discurso de paz que lanza Israel a través de los medios de comunicación y su boicoteo sobre el terreno de cualquier posibilidad real de paz.

¿Ganará visibilidad esta incoherencia o cobrarán peso iniciativas que desvíen la atención a otros asuntos?