Alianzas

El mapa de la Cibercensura. Imagen de Reporteros sin Fronteras

El premio que entrega Reporteros sin Fronteras al mejor Netizen (ciudadano de la Red), tiene este año más sentido que nunca. Durante los últimos meses hemos vivido de cerca, en gran parte gracias a Internet y las herramientas digitales, el estallido de años de tensiones e injusticias acumuladas en países de la región de Oriente Medio y Norte de África, de donde proceden varios de los nominados de este año al 2011 Netizen Prize.

Nawaat es el ganador de este año. Se premia así el trabajo de este blog tunecino colectivo e independiente que ha jugado un importante papel en la cobertura de las reinvidincaciones ciudadanas desde 2004 y también durante las recientes movilizaciones en el país. Se premia por extensión a toda una generación de tunecinos que ha liderado una propuesta de cambio que ha inspirado a los ciudadanos de los países vecinos. Uno de los proyectos de Nawaat, Tunileaks, recopila y analiza los cables de Wikileaks relativos a Túnez.

La lista de finalistas incluye a otros referentes de la defensa de la libertad de expresión en sus países:

  • Ali Abdulemam, que fue liberado hace unas semanas tras meses detenido por las autoridades de Bahrein por expresar sus opiniones a través del foro Bahrein Online, la página más visitada del país
  • Chiranuch Premchaiporn, conocida como Jiew, editora de Prachatai, una página web tailandesa de noticias alternativas. Se enfrenta a 70 años de prisión en Tailandia
  • Tan Zuoren, bloguero chino de 64Tianwang, un blog de derechos humanos, que ha sido condenado a cinco años de cárcel
  • Pham Minh Hoang, bloguero franco-vietnamita y profesor en el Instituto de Tecnología de Ho Chi Minh, detenido desde 2010
  • Natalia Radzina, periodista de Charter 97, página web de noticias que cubre casos de arrestos, ataques físicos y acoso contra periodistas y activistas de derechos humanos. Lleva detenida desde diciembre

World Day Against Cyber-Censorship

Y si esta lista de “netizens” ganadores y finalistas supone un reconocimiento a la defensa de la libertad de expresión a través de Internet, en la otra cara de la moneda se encuentra la lista de Enemigos de Internet, que publica también anualmente Reporteros sin Fronteras, coincidiendo con el Día Mundial contra la Censura, que  busca concienciar sobre la necesidad de apoyar una Internet libre y sin restricciones, accesible para todos:

La lista de los Estados donde más se reprime a los usuarios de Internet incluye una división entre los países abiertamente hostiles a Internet y otros que ejercen una fuerte vigilancia sobre los usuarios:

El Informe incluye datos verdaderamente alarmantes:

Uno de cada tres usuarios de Internet no tiene acceso a una conexión de Internet sin restricciones

Alrededor de 60 países censuran en Internet o acosan a los “netizens” (ciudadanos en la Red) en diferentes grados

Al menos 119 personas se encuentran en prisión por usar Internet por expresar libremente sus opiniones

Internet ha jugado un papel muy importante en la organización y comunicación de las movilizaciones en países como Egipto o Túnez, pero esto no ha frenado los intentos de control de los gobiernos. Al contrario, estos redoblan sus esfuerzos para manipular y eliminar contenido crítico que cuestione sus políticas. Son muchos los espacios que se abren a nuevas formas de expresión y de comunicación, pero también cada vez mayores los riesgos y la necesidad de apoyar la libertad de expresión, dentro y fuera de Internet.


El próximo 5 de abril charlaremos con Sami Ben Gharbia, uno de los fundadores de Nawaat, y otros blogueros y activistas especializados en el uso de Internet y los medios sociales para reclamar y promover reformas en la región de Oriente Medio y Norte de África. Será en las conferencias Internet and 21st Century Revolutions que organiza AERCO (Asociación Española de Responsables de Comunidades Online) con la colaboración de La Casa Encendida.


Imágenes de manifestantes iraníes identificados por el Gobierno a través de crowdsourcing

Cuando una violación de los derechos humanos no recibe atención mediática aumenta el riesgo para las víctimas, indefensas ante unas autoridades que quedan impunes. Pero con la visibilidad, cada vez mayor a través de Internet y las redes sociales, viene también el peligro de entregar en bandeja a las autoridades información que les facilita la identificación y persecución de los ciudadanos contrarios a sus políticas.

Internet y los medios sociales han proporcionado a los ciudadanos la posibilidad de comunicarse con el mundo sin necesidad de intermediarios. A través de herramientas como Youtube, Facebook o Twitter los usuarios pueden contar su propia visión de lo que sucede en contextos donde a menudo no hay medios de comunicación para recogerlo. Las sociedades civiles  árabes han usado estas herramientas de forma muy efectiva para movilizarse, convocar encuentros y manifestaciones y para construir su propia narrativa de las revoluciones, una narrativa de la que ahora beben los medios de comunicación tradicionales. Pero estas mismas herramientas están a disposición también de los gobiernos, que las usan, cada vez mejor, en su beneficio. La combinación del cada vez mayor conocimiento de los gobiernos del funcionamiento de Internet y las propias condiciones de uso de las redes ponen en gran riesgo a los activistas que las utilizan en estos contextos.

No les faltan a estos regímenes autoritarios asesores sobre el funcionamiento de Internet y los medios sociales, algunos tan reconocidos como Clay Shirky, que aparece como “asesor del gobierno libio” en su biografía. Llamaba la atención sobre este tipo de asesoría Evgeny Morozov, autor de The Net Delusion, en Twitter:

Estos gobiernos llevan años imponiendo restricciones al acceso a sitios web, blogs y espacios en los que los usuarios puedan crear e intercambiar contenidos que escapen al control de las autoridades. Es común el bloqueo de sitios como Youtube, Facebook o Blogger en países como Bahrein, Túnez, Egipto o Arabia Saudí, que encabezan la lista de los “Principales enemigos de Internet” que elabora Reporteros sin Fronteras. Llevado al extremo, este miedo a la libre expresión de los ciudadanos a través de nuevos espacios ha llegado al bloqueo total del acceso a Internet, como han hecho en los últimos días primero Egipto y luego Libia. Unas medidas sin precedentes que buscaban aislar a los manifestantes en un momento en el que el mundo volcaba su atención en las protestas.

Tráfico de Internet en Egipto entre el 27 y 28 de enero

Pero estas medidas, además de difíciles de mantener, son muy impopulares  y fomentan una solidaridad internacional que juega en contra de quienes las imponen. El bloqueo total de Internet en Egipto ha hecho que Google, que en ocasiones anteriores ha cedido a las peticiones de gobiernos como el de China, haya trabajado junto con Twitter en una herramienta, speak2tweet, que permite a los manifestantes enviar mensajes de Twitter a través de conexión telefónica. Un posicionamiento claro y oficial de Google con el pueblo egipcio (lo expresaba a través de su blog), es una buena noticia para la libertad de expresión y una mala noticia para estos gobiernos represivos. El bloqueo del acceso a Internet es una medida poco inteligente que no ha servido para contener las protestas ni para ocultarlas al mundo.

Es mucho más inteligente y práctico aprovechar el material que los propios usuarios les sirven en bandeja y utilizarlo para identificarlos y perseguirlos, algo que cada vez más gobiernos comprenden y que aumenta los riesgos de los usuarios de estas tecnologías.

Material como los miles de vídeos e imágenes que circulan a través de servicios como Youtube o Flickr, en los que se suele citar la autoría y el contacto de quien los graba y los comparte, ahorra a las autoridades un trabajo que hasta hace poco era mucho más laborioso. Este material ofrece también la posibilidad de identificar a quienes han participado en las manifestaciones y actos de protesta contras las autoridades en distintos puntos del país. Basta con revisar los vídeos y fotos de los usuarios para identificar a los líderes de las revueltas, los participantes más activos, seguirles la pista y emprender represalias, como ha sucedido estos días en Libia y como sucedió durante las protestas de 2009 en Irán, cuando el gobierno puso en marcha Gerdab.ir, un servicio basado en crowdsourcing (externalización de tareas a un grupo numeroso de personas o una comunidad) que ofrecía recompensa a quienes colaborasen en identificar a los manifestantes.  La persecución incluía a quienes grabaron y fotografiaron a Neda Aga al-Sultan, la joven asesinada que se convirtió en símbolo de las protestas contra el régimen.

O como este vídeo de Asma Mahfouz, uno de los catalizadores de la revolución egipcia, que ha hecho que su autora fuese perseguida por las autoridades de Mubarak:

La tecnología para la protección del anonimato en Internet se ha basado en la protección de datos, a través de encriptación, utilización de servidores intermediarios (proxies), o tecnologías de circunvención, que ocultan los datos transmitidos y la identidad de la persona que los transmite. Pero ¿qué ocurre con la privacidad y el derecho al anonimato de las personas que, voluntariamente o no, son fotografiadas o grabadas en vídeo?

Programas como Tor ocultan la dirección IP desde donde se envían los vídeos pero no impiden que quienes aparecen en él puedan ser identificados con software de reconocimiento facial. Este mismo software de reconomiento facial está instalado también en herramientas de Facebook, como la de subida de imágenes, aumentando los riesgos a los que se exponen los usuarios.

Facebook, además, facilita el trabajo de los gobiernos con su política contraria al anonimato y a la utilización de pseudónimos. En el apartado “Seguridad de la cuenta y registro” de su Declaración de Derechos y Responsabilidades lo especifica. De los puntos que incluye este apartado, estos son los más problemáticos para quienes por el contexto en el que viven necesitan mantener el anonimato:

Los usuarios de Facebook proporcionan sus nombres e información reales y necesitamos tu colaboración para que siga siendo así. Éstos son algunos de los compromisos que aceptas en relación con el registro y mantenimiento de la seguridad de tu cuenta:

  • No proporcionarás información personal falsa en Facebook, ni crearás una cuenta para otras personas sin su autorización
  • No crearás más de un perfil personal
  • Si inhabilitamos tu cuenta, no crearás otra sin nuestro permiso
  • Mantendrás la información de contacto exacta y actualizada
  • No compartirás la contraseña (o en el caso de los desarrolladores, tu clave secreta), no dejarás que otra persona acceda a tu cuenta, ni harás cualquier cosa que pueda poner en peligro la seguridad de tu cuenta
  • No transferirás la cuenta (incluida cualquier página o aplicación que administres) a nadie sin nuestro consentimiento previo por escrito
  • Si seleccionas un nombre de usuario para tu cuenta, nos reservamos el derecho a  eliminarlo o reclamarlo si lo consideramos oportuno

Las condiciones de uso de Facebook permiten a las autoridades no sólo identificar a quienes utilizan la red como herramienta de activismo sino también su red de contactos. Basándose en esta política, Facebook cierra con frecuencia páginas y perfies de usuarios que incumplen estas normas. Páginas como la del grupo “Todos somos Khaled Said“, creada por Wael Ghonim, el ingeniero de Google egipcio y uno de los líderes de las movilizaciones del 15 de enero, fueron cerradas en un momento clave de la organización de las revueltas. Ghonim, que fue detenido durante 12 días, realizaba su actividad bajo el pseudónimo de “El-Shaheed”.

Desde Witness.org, proyecto de promoción de los derechos humanos a través de vídeo, se preguntan:

En Witness estamos trabajando en facilitar opciones de “privacidad visual” y “anonimato visual”. ¿Qué papel deberían jugar proveedores de servicios como Facebook y Youtube, en la protección, dentro de sus espacios, de quienes trabajan por los derechos humanos a través de vídeos e imágenes?

http://www.youtube.com/watch?v=SgjIgMdsEuk&feature=player_embedded

Durante el 2010, gracias a Periodismo Humano, he tenido la oportunidad de compartir en este espacio aspectos relacionados con Oriente Medio y Norte de África, algunos de ellos con poca cobertura en otros medios. A través del trabajo de estos meses he conocido a blogueros y activistas por los derechos humanos que nos ayudan a acercarnos, sin necesidad de intermediarios, a las complejas y diversas realidades de la región. Me gustaría dedicar este primer post de 2011 a algunos de esos blogueros, concretamente a 10 con los que he colaborado este año, y a su contribución al conocimiento de la región.

Banner de las protestas en Sidi Bouzid. Nawaat.org

  1. Ali Abudlemam: Bloguero bahreiní, autor del proyecto Global Voices y fundador del foro Bahrein Online, uno de los más visitados del país. En septiembre fue detenido en medio de una campaña de represión contra la oposición al Gobierno de país, junto con otros activistas. Abdulemam es un pionero entre los activistas árabes en el uso de Internet para promover una reforma democrática pacífica. Desde su detención se ha creado una campaña para presionar por su liberación y la del resto de detenidos, que promueven, entre otros, los blogueros que menciono a continuación y con los que he tenido la suerte de colaborar estos meses.
  2. Anas Qtiesh: Bloguero y traductor sirio especializado en la blogosfera y el acceso a Internet en Siria. Es editor de GlobalVoices, comunidad internacional de blogueros que hace un seguimiento de la blogosfera y el periodismo ciudadano en cada país.
  3. Hicham Almiraat: Médico marroquí residente en Francia, es autor de Global Voices y co-fundador junto con Jillian C York del foro por el diálogo y la libertad de expresión en Marruecos Talk Morocco,. Escribe sobre gobernanza, derechos humanos y hace un seguimiento de la blogosfera marroquí y los riesgos y problemas a los que se enfrentan los blogueros en su país y en el resto de la región.
  4. Jillian C York: Periodista estadounidense que escribe sobre activismo y libertad de expresión, con un enfoque especializado en Oriente Medio y Norte de África y en las comunidades musulmanas en EEUU. Trabaja en el Berkman Center for Internet and Society de Harvard, es co-fundadora del foro sobre Marruecos Talk Morocco, autora de Global Voices y colaboradora de distintos medios, en los que ofrece una visión que no abunda en los medios de comunicación estadounidenses.
  5. Malek Al-Khadraoui: Activista tunecino residente en París, es administrador del blog colectivo Nawaat.org, blog colectivo sobre noticias relacionadas con Túnez que incluye el proyecto Tunileaks, que recopila y analiza los cables de Wikileaks relacionados con Túnez.
  6. Mohammed al-Gohary: Ingeniero egipcio, responsable de medios sociales del diario Al-Masry Alyoum. Cuenta desde dentro la tensión entre el Gobierno de su país y la sociedad civil, la represión contra la libertad de expresión y en particular contra blogueros y activistas en Internet. Ha ofrecido una amplia cobertura de las elecciones en Egipto y la cuestionable victoria del Partido Nacional Democrático, que gobierna desde hace casi 60 años, y de las protestas tras los ataques a una Iglesia copta el 1 de enero Alejandría.
  7. Mustafa AlHasan: Periodista saudí basado en Líbano y en distintos países del Golfo. En el contexto de Arabia Saudí, aliado de los países occidentales y del que apenas se visibilizan los abusos (hablamos sobre el contraste entre la visibilización mediática de Irán y Arabia Saudí aquí), AlHasan ofrece desde dentro una perspectiva muy valiosa para acercarse a asuntos relacionados con la libertad religiosa, la igualdad y los derechos humanos en su país y en el resto de la región.
  8. Nasser Weddady: Activista mauritano dedicado a la defensa de los derechos civiles en Oriente Medio y Norte de África. Es el Outreach Director del Congreso Islámico Americano, que promueve la tolerancia y el diálogo enre las comunidades musulmanas y el resto de poblaciones. Ha formado parte del movimiento contra la esclavitud en Mauritania y es especialmente activo en campañas por la liberación de blogueros detenidos en países como Bahrein.
  9. Ramy Raoof: Autor del Blog Egipcio por los Derechos Humanos y de Global Voices,  comparte, al igual que Gohary, la actualidad egipcia desde dentro en un contexto de aumento de la represión. Sus últimas contribuciones incluyen la cobertura a través de Twitter de las protestas en El Cairo solidaridad con las víctimas de la represión en Túnez.
  10. Sami Ben Gharbia: Activista tunecino, Director de Global Voices Advocacy y co-fundador de Nawaat. En un país en el que la represión contra cualquier forma de oposición al Gobierno va en aumento, la contribución de Ben Gharbia ha ayudado a atraer la atención sobre campañas de represión como la última que ha puesto en marcha el Gobierno contra el pueblo de Sidi Bouzid. Es también un referente en el análisis del activismo digital árabe, con textos como The Internet Freedom Fallacy and the Arab Digital Activism.

Son sólo algunos de los activistas que comparten distintos aspectos de la realidad en la región, en muchos casos arriesgando su vida, y que aportan una perspectiva necesaria y valiosa para conocer el contexto de estos países y lo que ocurre en rincones donde no siempre hay cámaras para mostrárnoslo.


Ha pasado más de un año desde la llamada “Revolución iraní en Twitter”, que reflejaba la euforia ante el potencial de Internet y las redes sociales para cambiar el mundo. El mundo sigue hoy plagado de gobiernos autoritarios donde la represión de la libertad de expresión se ha extendido de los espacios físicos a los digitales, y a la euforia inicial ha seguido un cuestionamiento de si es realista confiar en que las voces de la sociedad civil a través de Internet podrán minar el autoritarismo de los estados. Especialmente en regiones como Oriente Medio y Norte de África, dominado en su mayoría por gobiernos represivos que reciben un tratamiento muy distinto por parte de Occidente: el apoyo de las reclamaciones de la sociedad civil en unos casos y el silencio y la invisibilidad en otros.

Internet ha ayudado a parte de las sociedades civiles de países con sistemas autoritarios a encontrar  canales en los que expresarse con una libertad que no abunda en los espacios físicos. A través de blogs, foros, sitios web o redes sociales como Facebook y Twitter, cuestiones y debates censurados en los espacios públicos de países como Irán, Arabia Saudí o Egipto han encontrado un margen de expresión, ofreciendo un balón de oxígeno a voces reprimidas hasta entonces (hablamos de esto aquí). Pero no era difícil prever que ese margen dependería de la capacidad de reacción de los gobiernos de estos países. A medida que han ido entendiendo el potencial de estos nuevos espacios, los Estados han comenzado a fijar su atención en los movimientos de los usuarios a través de los distintos canales y servicios de Internet, a ocupar esos mismos espacios con sus propias fuentes de información, a controlar, redirigir o desviar los debates y a silenciar las voces contrarias a sus políticas.

Según el proyecto Threatened Voices, que hace un seguimiento de blogueros amenazados, arrestados o asesinados, estos son los países que encabezan la lista, junto con el número de blogueros amenazados en 2010:

Además de estos países, en los últimos meses ha escalado puestos Bahrein, que a pocos días de las elecciones reprime las reclamaciones de la población chií y protagoniza una oleada de detenciones sin juicio a activistas por los derechos humanos, como el bloguero bahreiní Ali Abdulemam (el banner que encabeza esta entrada es la imagen de la campaña por su liberación).

En todos estos países se violan los derechos humanos, pero no todos reciben la misma presión mediática, y es difícil no asociar esta visibilización de la represión de la libertad en Internet en unos casos y no en otros con los distintos intereses geoestratégicos de los países occidentales.

La postura de Estados Unidos y la mayoría de países europeos con respecto a la represión de la libertad en Internet en estos países no se desmarca del resto de sus políticas. Cuando los gobiernos son aliados, se sellan con ellos compromisos y acuerdos sin tener en cuenta las castigadas sociedades civiles árabes, como en el caso de Arabia Saudí, que está en la lista de países “Enemigos de Internet” que elabora Reporteros sin Fronteras. Cuando los países no son aliados llueven las críticas y las condenas a la represión de las voces de los ciudadanos, como en el caso de Irán. Lo que se conoció como “revolución iraní en twitter” es criticado por muchos como una campaña magnificada por Estados Unidos y Europa para mostrar al mundo la oposición interna al gobierno de Irán.

Por legítimas que sean las críticas a Irán y a sus abusos de los derechos humanos, el distinto baremo con el que se mide a unos y a otros hace difícil creer que Estados Unidos y los países europeos puedan liderar el apoyo a la libertad de expresión en Internet. Esta es una de las ideas centrales del muy comentado artículo de Sami Ben Gharbia, activista tunecino y Advocacy Director de Global Voices:  La Falacia de la Libertad en Internet y el Activismo Digital Árabe, que cuestiona los intereses estadounidenses al apoyar el activismo digital árabe y sostiene que ese apoyo no sólo no beneficia, sino que perjudica y pervierte la lucha de las sociedades árabes por la libertad de expresión:

Muchos fuera de Estados Unidos, no sólo en el mundo árabe, tienen la impresión de que el mantra de Libertad en Internet que emite Washington encubre su agenda geopolítica. Las políticas de promoción de la Libertad en Internet seguirán proyectando las mismas prioridades. (…) La hiperpolitización del movimiento de activisimo digital y la apropiación de su éxito para alcanzar objetivos geopolíticos y satisfacer a la burbuja de Washington pueden considerarse como “el beso de la muerte”.

En palabras del periodista palestino-estadounidense Rami Khouri en el NY Times:

“Es difícil tomar en serio a gobiernos que financian a jóvenes activistas árabes mientras proporcionan también fondos y armas que ayudan a cementar el poder  de los mismos gobiernos árabes que los jóvenes activistas luchan por cambiar.”

La agenda occidental se ve en iniciativas como el National Endowment for Democracies, del mismo modo que se ve en encuentros como los que se celebran en el marco de ITU, la Agencia de la ONU para asuntos relativos a las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Estos encuentros, que tienen el objetivo de “conectar el mundo en beneficio de la comunidad global, y en particular del mundo en desarrollo”, integran  y normalizan la presencia de gobiernos represores de las libertades y no a representantes de la sociedad civil de esos países. Se extienden también iniciativas como el foro MENA ICT, evento sobre Servicios de Tecnologías de la Información y la Comunicación en Oriente Medio y Norte de África, en el que se analizan distintos aspectos de los avances de la tecnología en la región, excepto los relativos a las libertades.

Habrá esperanza para la libertad en Internet en la misma medida en que la haya para la libertad a secas. En la medida en que las sociedades civiles continúen encontrando nuevos espacios en los que expresarse, reclamar sus derechos y soertear la censura. Dados los esfuerzos de los estados por controlar a sus ciudadanos, también a través de Internet, y la poca coherencia del apoyo occidental a las voces de sociedades civiles que buscan nuevas vías de expresión, quizás la esperanza está, como planteaba hace unos días un usuario un twitter, “no en el modo de gobernar Internet, sino en diseñarla para que sea ingobernable.”