Alianzas

El hemiciclo del Parlamento Europeo estaba lleno durante la entrega de los Premios Sajarov a la libertad de conciencia. Cinco activistas árabes han sido premiados este año, pero el hecho de que sólo dos pudiesen acudir a la ceremonia en Estrasburgo es una muestra de la situación tan dramática en la que se encuentran los ciudadanos de esta región.

El Presidente del Parlamento Europeo Jersy Buzek presentó los premios pidiendo un minuto de silencio en memoria del tunecino Mohammad Bouazizi, premiado póstumamente, y de todas las personas asesinadas por reivindicar libertad y justicia en sus países. Presentó a continuación al activista libio Ahmed al-Zubair Ahmed al-Sanusi, conocido como el prisionero de conciencia que más tiempo ha pasado en prisión tras 31 años en las cárceles de Gadafi, como “una persona excepcional que ha pagado un alto precio por intentar derrocar a un dictador” y expresó su deseo de que su sufrimiento fuese compensado con la reconciliación nacional en su país. Sanusi agradeció al Parlamento Europeo su reconocimiento y el apoyo a la lucha de los libios por la libertad y los derechos humanos.

Asmaa Mahfouz, la joven egipcia que a través de un vídeo de Youtube llamó a su pueblo a salir a la calle, fue descrita como la prueba de “cómo un individuo puede marcar la diferencia” y de la importancia el papel de las mujeres en la Primavera Árabe. Al recoger el premio, Mahfouz criticó los prejuicios que han impregnado la imagen que tiene Europa de árabes y musulmanes y el apoyo que los países europeos han ofrecido a las dictaduras de la región y que han contribuido a legitimar a estos gobiernos durante décadas.

Había tres sillas vacías: una por Mohammad Bouazizi, que murió sin saber el efecto que su sacrificio desencadenaría en la región, y dos por los activistas sirios premiados, una ausencia palpable que remitía a la brutalidad de la represión en el país, con una cifra de entre 5.000 y 10.000 asesinados y decenas de miles de detenidos, desaparecidos y torturados. Razan Zeitune, abogada y responsable de coordinación local de las manifestaciones sirias, vive en la clandestinidad desde hace meses, y el dibujante Ali Ferzat, al que fuerzas del régimen golpearon brutalmente y rompieron las manos, se encuentra en rehabilitación en Kuwait, donde ha tenido que exiliarse. Con el hemiciclo en pie, en uno de los momentos más emocionantes de la ceremonia, Ferzat envió un mensaje a través de vídeo en el que lamentó que  cada minuto que pasaba en su país aumentaba el número de muertos.

Mensaje en vídeo de Ali Ferzat en el Parlamento Europeo, 14 de diciembre de 2011. Imagen de Phumano

El hecho de que dos activistas sirios recibiesen el premio parece un reconocimiento europeo a la lucha del pueblo sirio contra la brutal represión en el país, donde el régimen tiene el control absoluto de los medios de comunicación y prohíbe la entrada de prensa extranjera. El premiar a la Primavera Árabe en sí es, según explicó a Periodismo Humano María Muñiz, miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento, “un modo de compensar a los ciudadanos de la región por las políticas erróneas que ha mantenido Europa con países como Libia”. ¿Pero viene este gesto simbólico acompañado de cambios en la política europea de vecindad?

Según Buzek, ya se están produciendo esos cambios. “La política de vecindad se está reorientando para adaptarse a las necesidades de las sociedades civiles de la región de Oriente Medio y Norte de África.” Cuando en la rueda de prensa posterior a la ceremonia se cuestionó el respaldo que Europa había ofrecido a estos gobiernos sin consideración por el respeto a los derechos humanos, Buzek respondió que “no se puede culpar a todos los países, organizaciones, instituciones que han mantenido vínculos con estos regímenes. Como representantes de países europeos, existían acuerdos económicos que beneficiaban a nuestros ciudadanos y que no eran fáciles de romper.” Añadió que la Primavera Árabe había enseñado a Europa una lección: que la estabilidad requiere democracia.


“Me alegra mucho que reciban el premio activistas árabes. Que Europa reconozca y respalde de este modo simbólico nuestra lucha por la libertad.”

Son palabras de Ahmed al-Zubair Ahmed al-Sanusi, conocido como el preso de conciencia que más tiempo ha pasado en la cárcel, 31 años en las celdas de Gadafi. Es uno de los ganadores del Premio Sajarov que entrega el Parlamento Europeo a la libertad de conciencia. Su lucha es la de tantos ciudadanos que tras años de represión han logrado este año cambios vertiginosos en sus países y atraer la atención del mundo a la situación de derechos humanos en la región. Periodismo Humano ha hablado con él en Estrasburgo, donde se celebra la entrega del premio.

Al-Sanusi, de 78 años, participó en 1970 en el intento de derrocar al coronel Gadafi. Fue apresado, encerrado en celdas de aislamiento y torturado sistemáticamente durante más de tres décadas. Hoy es miembro del Consejo de Transición Libio. “Tenemos mucho trabajo por hacer para avanzar hacia un sistema democrático, que respete los derechos humanos y en los que exista la libertad de expresión, que no hemos tenido”. Habla despacio y en un tono de voz muy suave, pero con determinación, y sonríe cuando afirma que les desea lo mismo a los sirios. “Igual que los libios, están sacrificando mucho por su libertad y merecen todo nuestro apoyo.”

El ex preso de conciencia Ahmed al-Sanusi, en Estrasburgo. 13 de diciembre. Parlamento Europeo / Pau Palanco

Según María Muñiz, miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, con este premio Europa intenta compensar de algún modo los errores cometidos en el apoyo a regímenes que violaban los derechos humanos. “Nos hemos equivocado en nuestra relación con países como Libia y el reconocimiento a la labor de Sanusi remite precisamente a eso. También es importante reconocer el papel de las mujeres y de los jóvenes en la región, y Asmaa Mahfouz es ambas cosas. Debemos estar pendientes del desarrollo político en Egipto y de que se garantice que las mujeres estén integradas en los procesos, y no haya un retroceso en ese ámbito en función de quién acceda al poder.”  Al preguntarle si han primado los acuerdos económicos sobre los derechos humanos en la política de vecindad, Muñiz admite que en ocasiones sí. “Eso es algo que se trata de enmendar a través de distintas formas de apoyo a las transiciones en estos países: observadores electorales, comisiones a largo plazo… Estamos en proceso de reorientar la política de vecindad a las necesidades de estos países.”

Asmaa Mahfouz, la activista egipcia que llamó a su pueblo a salir a la calle en un vídeo que fue uno de los catalizadores de la revolución, cuestionaba el apoyo a largo plazo de la Unión Europea a los ciudadanos de su país y de la región. “Yo me he dirigido en distintos momentos a representantes políticos europeos y les he dicho que eran cómplices de la situación que hemos sufrido los egipcios durante décadas. Ha habido parlamentarios que me han pedido disculpas por ese apoyo que durante tanto tiempo recibió Mubarak, y no dudo de que haya gente muy bienintencionada y que trabaja en buscar formas de apoyarnos.  Pero al final son los intereses económicos, y no los derechos humanos, los que priman.”

La activista egipcia Asmaa Mahfouz, en Estrasburgo. 13 de diciembre. Parlamento Europeo / Pau Palanco

Los demás premiados no están, y se siente su ausencia. La del fallecido Mohammed Bouazizi, que al inmolarse en Túnez como acto de protesta contra la injusticia que imperaba en el país se convirtió en catalizador de las revoluciones que han sacudido la región. La de los sirios: Razan Zeituneh, responsable siria de coordinación local de las movilizaciones, perseguida por el régimen de Damasco y en la clandestinidad desde entonces. La de Ali Ferzat, caricaturista sirio al que sicarios del régimen rompieron las dos manos en represalia por haber dibujado esta caricatura de Bashar el-Asad:

La caricatura que provocó la represalia del régimen sirio contra Ali Ferzat.

Los sirios no han estado presentes, pero el hecho de que hayan sido premiados precisamente dos representantes de la lucha contra la represión en Siria resulta un gesto de respaldo simbólico a las reivindicaciones de este pueblo en plena escalada de detenciones, torturas y asesinatos de manifestantes y activistas (las cifras oscilan entre 5.000 y 10.000 asesinados desde el comienzo de las movilizaciones en marzo). Sin embargo no parece que este gesto simbólico vaya acompañado de una postura firme y unificada por parte de Europa con respecto al régimen sirio. Según Muñiz, “el caso de Siria es distinto al de Libia. No hay intervención, pero el Parlamento Europeo condena firmemente la brutal represión del régimen sirio contra su población, pide el fin de la violencia y que Asad abandone el poder y dé paso a una transición democrática. Y finalmente, Asad deberá comparecer también ante el Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad.”

La ceremonia de entrega de los premios Sajarov se celebra el 14 de diciembre a las 12.00 y podrá seguirse en directo desde la web del Parlamento Europeo.


Un usuario de BlackBerry muestra un mensaje en el que se le notifica la suspensión del servicio. Dubai, Abril 2010. Imagen AP

Desde hace años los Gobiernos de la región de Oriente Medio y Norte de África tratan de controlar las comunicaciones de los usuarios a través de los nuevos canales y herramientas digitales. En el empoderamiento tecnológico que ha sido clave para la organización y narración de las protestas juega un papel central el auge de la tecnología móvil, con una penetración de las más altas del mundo, y la comunicación a través de móvil también ha sido objeto de cada vez más atención por parte de las autoridades.

En 2010 el Ministerio de Cultura e Información de Bahrain prohibió un grupo de chat de Blackberry y amenazó con emprender acciones legales contra los miembros del grupo. Ese mismo año Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos anunciaron la prohibición del uso de dispositivos móviles Blackberry en el país. La operadora de telefonía móvil Saudi Telecom, propiedad del Gobierno, bloqueó el servicio de texto, correo electrónico, navegación por Internet y mensajería instantánea.

¿Por qué precisamente Blackberry? Porque las comunicaciones a través de estos dispositivos son encriptadas y no permiten a las autoridades el seguimiento de la actividad de los usuarios. No sólo los Gobiernos de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, sino también los de Líbano, India y Argelia expresaron su rechazo al hecho de no poder seguir los movimientos de los usuarios a través de estos dispositivos, lo que según ellos pone en riesgo la seguridad nacional. Según los usuarios es otro modo más de vigilarlos y emprender represalias contra los críticos al régimen.

Desde que comenzaron las movilizaciones en Túnez a finales de 2010 y se extendieron durante los meses siguientes al resto de países de la región, la represión de los Gobiernos se ha cebado cada vez más con las telecomunicaciones. Egipto bloqueó entre el 27 y el 28 de enero completamente el acceso a Internet. En Siria, con cifras de más de mil muertos durante las protestas contra el régimen que comenzaron a mediados de abril, se cortaron los accesos a Internet y a la telefonía fija y móvil en los puntos de más presencia de los manifestantes. Ciudades como Homs y Daraa y barrios como Dumma llegaron a quedar completamente aislados. El Gobierno consiguió bloquear la red de telefonía 3G y teléfonos por satélite, que habían permitido a los activistas compartir con el resto del país y con el exterior hitos y sucesos de las protestas, especialmente en forma de vídeos. Muestra de cómo las autoridades del país consideran los móviles como una amenaza son las imágenes de la agencia de comunicación oficial Sana y la televisión oficial siria, que mostraban tras las protestas del 22 de abril fotos de las armas confiscadas a los manifestantes, calificados como “vándalos” y “agitadores”: machetes, latas, cuchillos y teléfonos móviles con tarjetas SIM extranjeras.

En Libia, tras las protestas del 27 de febrero, el Gobierno de Gadafi cortó la comunicación con el este del país, aislándolo mientras Benghazi se convertía en el símbolo de la resistencia contra el régimen. Mientras las movilizaciones se reprimían con crudeza, se bloqueó el acceso a Internet y las llamadas de teléfono internacionales. Con la comunicación cortada y sin permitir acceso a los periodistas que pedían acreditación para cubrir los enfrentamientos, la información se filtraba hacia el exterior a través de algunas conexiones de Internet por satélite que permitían llamadas intermitentes a través de Skype, chat de MSN y publicación de vídeos grabados a través de móvil a plataformas como Youtube.

Libyana, uno de los dos mayores proveedores de servicios móviles, consiguió seguir funcionando en el interior de la zona este del país, gracias a un sistema menos descentralizado y menos dependiente de la gestión desde Trípoli, controlada por el Gobierno. Los ingenieros de Libyana en Benghazi disponen de un registro de localización de llamada que almacena información de todos los suscriptores del servicio. Al marcar un número desde un teléfono de la compañía, el registro de localización de llamada identificaba el teléfono y lo conectaba a la red. Mientras la otra gran compañía de servicios móviles, Madar, con sus bases de datos en Trípoli, vio bloqueados sus servicios, Libyana no sólo siguió funcionando, sino que ofreció sus servicios de forma gratuita durante los enfrentamientos.  Según Faisal Fasi, jefe de telecomunicaciones locales y transporte de la oposición de Bengazi,”Gadafi cometió un error dejando todo este equipo aquí en el Este”.

Además del servicio que continuó propocionando Libyana, un empresario basado en Abu Dhabi, Ousama Abushagur, creó una nueva red, llamada Free Libyana, para facilitar a los rebeldes su propia red de telefonía móvil.

En un contexto de comunicaciones cada vez más descentralizadas, en el que los ciudadanos pueden registrar y compartir  con el mundo lo que sucede aquí y ahora, el juego del gato y el ratón entre gobiernos y activistas se dará, cada vez más, en el terreno de la tecnología móvil.


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Manifestación a favor de las revueltas en Libia celebrada en Washington (Collin David Anderson / Flickr)

La sanguinaria represión de las manifestaciones en Libia desde el 17 de febrero hace palidecer la del resto de gobiernos de la región. Los médicos hablan de más de 500 muertos y miles de heridos, pero cuesta seguir las cifras. Es la respuesta a las protestas ciudadanas que reclaman el fin de una dictadura de 42 años. Muammar Gaddafi, el Presidente que gobierna el país desde hace más de cuatro décadas, ha tenido tiempo de ver cómo caían sus vecinos y preparar su propia guerra contra cualquier forma de oposición a sus políticas.

Entre las medidas que ha tomado el régimen para sofocar las revueltas está la contratación de mercenarios de países del África subsahariana, a los que paga para cargar contra los manifestantes. Estos comandos disparan indiscriminadamente contra civiles, según testigos de las protestas.

Las revueltas no son nuevas en Libia, que ya en 2006 vivió un levantamiento en Benghazi, la segunda ciudad más grande del país, donde hoy se manifiestan de nuevo contra el régimen. Las autoridades declararon entonces el toque de queda y enviaron al ejército a reprimir las protestas, que terminaron con decenas de muertos y cientos de detenidos y torturados en las cárceles libias. Casi cinco años después, los hospitales de Benghazi no dan abasto para atender a todos los heridos. Según los médicos de estos hospitales, se acaban también los suministros necesarios.

El Índice de Libertad de Prensa coloca a Libia en el número 160 de una lista de 178 países, organizaciones como Human Rights Watch denuncian la inexistencia de una prensa libre, la censura de organizaciones independientes, la detención y tortura de prisioneros políticos. Sólo en 1996 fueron asesinados en las cárceles libias 1200 presos de conciencia.

Si en Túnez Ben Ali vio cómo sus aliados occidentales le daban la espalda y en Egipto Mubarak recibió también presiones para “escuchar las demandas de su pueblo”, en el caso de Gadafi las reacciones han sido mucho más tibias. ¿Por qué no se reclama una transición democrática también al Presidente libio?

Libia es el tercer mayor exportador de petróleo a Europa, con un 10 por ciento del total. Ejerce también un papel de contención de la inmigración africana hacia Europa (hace unos meses Periodismo Humano lo analizó en el artículo “50 millones para evitar la Europa negra”). Esto le ha ganado el favor de los representantes europeos, algo impensable hace unas décadas. Aunque no todos muestran su buena relación con tanta efusividad como el Presidente italiano Silvio Berlusconi, que decía ayer “no querer molestar al Presidente libio”.

Pero no sólo los países occidentales no están a la altura. El jeque Sadiq Ghariani se preguntaba hoy en Al Jazeera:

Lo que está pasando el Libia es una catástrofe. ¿Dónde está la Liga Árabe, el Consejo de Seguridad de la ONU, la Conferencia Islámica?

El silencio de las instituciones protege a Gadafi, aunque muchos se desmarcan y muestran su apoyo a las reclamaciones de sus ciudadanos. Como el embajador de la Liga Árabe en Libia, que presentó hoy su dimisión ante “los crímenes masivos contra el pueblo libio”. Lo contaba el periodista de Al-Jazeera Abdurahman Warsame en Twitter:

Libya’s Arab League representative resigns from his post in protest of the killing of Libyan civilians #Libya #Feb17

Con apoyos institucionales o sin ellos, los ciudadanos libios, igual que los del resto de la región, han dicho “Basta”: