Alianzas

Una ocupación necesita normalizarse para mantenerse en el tiempo. Que la violencia y las injusticias que surgen de un modo circunstancial se instalen en lo cotidiano, se asimilen poco a poco como la situación natural a medida que se van institucionalizando. El gobierno israelí trabaja en todos los frentes en esta normalización para legitimar su estado ante el mundo, y una de las herramientas fundamentales en esta legitimización es la promoción del turismo. Se busca así proyectar una imagen atractiva que resalte sus luces y oculte sus sombras.

La imagen de la nueva campaña turística de Israel, con el lema “Jerusalén sin prisa, Tel Aviv sin pausa” habla por sí misma: A la izquierda la Jerusalén antigua de calles de piedra, en una panorámica tan hermosa como retocada. A la derecha un grupo de jóvenes juega al voleibol en la playa, con bikinis y cuerpos perfectos ellas, bañadores surferos y torsos musculados ellos. Rubios la mayoría, se atisba alguno con una piel algo más morena que da color al conjunto. La foto recuerda a las desenfadadas pandillas playeras de las series y películas estadounidenses. Y en medio, superpuesta a las dos imágenes de fondo, el rostro de una joven rubia de piel blanquísima y rasgos nada semitas. Ojos claros, nariz fina, casi plástica de tan perfecta, invita con una sonrisa a quien observe el anuncio a visitar Israel: concretamente Jerusalén (sin prisa) y Tel Aviv (sin pausa). La joven levanta con la mano el Jerusalén tradicional que recubre, a modo de cortina, el escenario moderno y occidentalizado del fondo.

La campaña muestra de un modo casi cándido de tan transparente lo que Israel quiere ser. Quiere ser la convivencia entre lo tradicional y lo moderno. Quiere ser el puente entre la herencia histórica oriental y los valores económicos y sociopolíticos occidentales, en un estado que se autoproclama el bastión de Occidente en Oriente.

El problema es que Israel no es, o no solo, lo que quiere ser. Y para poder visibilizar esta imagen de convivencia entre historia y modernidad debe negar la realidad de esa convivencia: la brutalidad de la ocupación de Palestina sobre la que está basada el Estado, la militarización de la sociedad, la institucionalización de las desigualdades, la destrucción de todos los ámbitos de la vida de los palestinos y el irreparable daño psicológico del servicio militar obligatorio en los israelíes generación tras generación, son algunas de esas realidades que es necesario negar para poder dejarse atrapar por la atractiva visión que ofrece el anuncio.

Lo que desde luego va sin prisa en Israel es el llamado proceso de paz, que mientras se mantenga como proceso teórico sin repercusión alguna en el terreno permitirá seguir adelante con la ocupación en Jerusalén Este y en el resto de los territorios palestinos. Y lo que sigue sin pausa es la política de asentamientos que acaban con la Palestina histórica y la institucionalización, día a día, de las desigualdades de un sistema que no tiene nada que envidiar al Apartheid sudafricano.


En la guerra por el territorio que libra Israel con los palestinos, juega un papel clave la correcta comunicación del mensaje. Tan relevante como los hechos sobre el terreno, o más, es la narración de los hechos sobre el terreno. Israel es muy consciente de ello pero incluso este Estado que depende en gran medida de su proyección mediática comete a veces errores que ponen en evidencia sus contradicciones.

La legitimidad del Estado israelí está en entredicho por sus constantes desafíos a la legalidad internacional. Sin embargo, la actitud que actualmente toma  el gobierno israelí ante las críticas no es la de una reflexión sobre la forma y el fondo de la ocupación que mantiene en el territorio legalmente declarado palestino, sino un enfoque de marketing y comunicación. El debate se centra en las mejores estrategias para resaltar los aspectos positivos de Israel y mantener el foco alejado de las violaciones de derechos humanos, lo que se refleja en campañas e iniciativas de distinto tipo.

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En este debate radiofónico de la agencia de relaciones públicas PRNewser distintos expertos en relaciones públicas hablan de la percepción pública de Israel como algo tan crucial como sus armas militares y su propia existencia. Algunos expertos en relaciones públicas recomiendan un enfoque moderno y renovado para hacer frente a las críticas, a través del uso de redes sociales, y otros prefieren un enfoque “top-down”, en el que desde las autoridades se determine el mensaje común. Se menciona también una campaña de “relaciones públicas preventivas” de cara a futuras agresiones que puedan despertar críticas.

En esta estrategia de visibilización de sus aspectos positivos, Israel cuenta con una gran capacidad mediática. Conscientes del potencial de las Tecnologías de la Información y la Comunicación y las redes sociales como nuevas formas de transmitir y compartir información, han puesto en marcha distintas campañas a través de Internet, sin descuidar las tradicionales. Durante los momentos de mayor cuestionamiento de su despliegue militar, el ejército israelí abrió un canal de televisión por cable dedicado a emitir informes desde Gaza y un canal en Youtube (algo que ningún ejército había hecho antes) para contar su versión de los ataques y calmar los ánimos frente a la dureza de las críticas. Desde estos canales comparten la visión de los agresores en distintos foros y redes sociales. Estas iniciativas entran dentro de lo que en los medios israelíes se conoce como hasbara (propaganda), un término que cada vez se usa más desde fuera de Israel para referirse a las campañas de apoyo a las agresiones israelíes.

Pero la estrategia no se limita a contar su versión de los hechos, sino que hay un esfuerzo por desviar la atención a otros asuntos. Esta semana Israel ha hecho público un plan para desafiar el poder del petróleo mediante el fomento de las energías renovables (la noticia completa en el blog de Jonathan Cook).  De esa forma reviste la “lucha contra el terror” global de un manto de sostenibilidad y respeto por el planeta y sus recursos naturales. Según Avner de Shalit, Profesor de Política en la Universidad Hebrea de Jerusalén, con este paso Israel busca la simpatía de Occidente en un tema de interés general y que esto haga ceder las reclamaciones de cesiones a los palestinos.

Este repentino interés por el medio ambiente no concuerda con el historial, muy pobre, de Israel en cuestión de sostenibilidad, como afirma Gideon Bromberg, presidente del grupo israelí Amigos de la Tierra. Es de sobra conocida la destrucción de tierras y recursos naturales que lleva a cabo en zonas palestinas, entre otras violaciones de los derechos humanos y la legalidad internacional pero ¿conseguirá aún así posicionarse como un país respetuoso del medio ambiente y la sostenibilidad? En un contexto de preocupación global por el cambio climático, no sería extraño que una iniciativa medioambiental ambiciosa pesase más en la balanza que las violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Imagen: Dora McPhee. Australians for Palestine

A pesar del despliegue de medios e iniciativas,  incluso Israel comete errores de comunicación que pueden dejarlo en evidencia. La incoherencia entre el mensaje de diálogo que trata de proyectar el encuentro entre el Vicepresidente de EEUU Joseph Biden y el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu y el mensaje de absoluta falta de voluntad de cualquier cesión a los palestinos que transmite el anuncio de la creación de nuevas colonias en Jerusalén Este (ocupado ilegalmente en 1967) ha puesto esta contradicción en el foco de atención mediática. Analizando el día a día de los hechos y el modo en que Palestina desaparece gradualmente del mapa (imagen de la pérdida de territorio  a la izquierda, podéis ver la evolución completa por años aquí) parece evidente la falta de compromiso del gobierno israelí con una solución que no sea unilateral. Sin embargo ha hecho falta un error garrafal de comunicación y medición de los tiempos para visibilizar lo que es una realidad cotidiana: la contradicción entre el discurso de paz que lanza Israel a través de los medios de comunicación y su boicoteo sobre el terreno de cualquier posibilidad real de paz.

¿Ganará visibilidad esta incoherencia o cobrarán peso iniciativas que desvíen la atención a otros asuntos?