Alianzas

Ha pasado más de un año desde la llamada “Revolución iraní en Twitter”, que reflejaba la euforia ante el potencial de Internet y las redes sociales para cambiar el mundo. El mundo sigue hoy plagado de gobiernos autoritarios donde la represión de la libertad de expresión se ha extendido de los espacios físicos a los digitales, y a la euforia inicial ha seguido un cuestionamiento de si es realista confiar en que las voces de la sociedad civil a través de Internet podrán minar el autoritarismo de los estados. Especialmente en regiones como Oriente Medio y Norte de África, dominado en su mayoría por gobiernos represivos que reciben un tratamiento muy distinto por parte de Occidente: el apoyo de las reclamaciones de la sociedad civil en unos casos y el silencio y la invisibilidad en otros.

Internet ha ayudado a parte de las sociedades civiles de países con sistemas autoritarios a encontrar  canales en los que expresarse con una libertad que no abunda en los espacios físicos. A través de blogs, foros, sitios web o redes sociales como Facebook y Twitter, cuestiones y debates censurados en los espacios públicos de países como Irán, Arabia Saudí o Egipto han encontrado un margen de expresión, ofreciendo un balón de oxígeno a voces reprimidas hasta entonces (hablamos de esto aquí). Pero no era difícil prever que ese margen dependería de la capacidad de reacción de los gobiernos de estos países. A medida que han ido entendiendo el potencial de estos nuevos espacios, los Estados han comenzado a fijar su atención en los movimientos de los usuarios a través de los distintos canales y servicios de Internet, a ocupar esos mismos espacios con sus propias fuentes de información, a controlar, redirigir o desviar los debates y a silenciar las voces contrarias a sus políticas.

Según el proyecto Threatened Voices, que hace un seguimiento de blogueros amenazados, arrestados o asesinados, estos son los países que encabezan la lista, junto con el número de blogueros amenazados en 2010:

Además de estos países, en los últimos meses ha escalado puestos Bahrein, que a pocos días de las elecciones reprime las reclamaciones de la población chií y protagoniza una oleada de detenciones sin juicio a activistas por los derechos humanos, como el bloguero bahreiní Ali Abdulemam (el banner que encabeza esta entrada es la imagen de la campaña por su liberación).

En todos estos países se violan los derechos humanos, pero no todos reciben la misma presión mediática, y es difícil no asociar esta visibilización de la represión de la libertad en Internet en unos casos y no en otros con los distintos intereses geoestratégicos de los países occidentales.

La postura de Estados Unidos y la mayoría de países europeos con respecto a la represión de la libertad en Internet en estos países no se desmarca del resto de sus políticas. Cuando los gobiernos son aliados, se sellan con ellos compromisos y acuerdos sin tener en cuenta las castigadas sociedades civiles árabes, como en el caso de Arabia Saudí, que está en la lista de países “Enemigos de Internet” que elabora Reporteros sin Fronteras. Cuando los países no son aliados llueven las críticas y las condenas a la represión de las voces de los ciudadanos, como en el caso de Irán. Lo que se conoció como “revolución iraní en twitter” es criticado por muchos como una campaña magnificada por Estados Unidos y Europa para mostrar al mundo la oposición interna al gobierno de Irán.

Por legítimas que sean las críticas a Irán y a sus abusos de los derechos humanos, el distinto baremo con el que se mide a unos y a otros hace difícil creer que Estados Unidos y los países europeos puedan liderar el apoyo a la libertad de expresión en Internet. Esta es una de las ideas centrales del muy comentado artículo de Sami Ben Gharbia, activista tunecino y Advocacy Director de Global Voices:  La Falacia de la Libertad en Internet y el Activismo Digital Árabe, que cuestiona los intereses estadounidenses al apoyar el activismo digital árabe y sostiene que ese apoyo no sólo no beneficia, sino que perjudica y pervierte la lucha de las sociedades árabes por la libertad de expresión:

Muchos fuera de Estados Unidos, no sólo en el mundo árabe, tienen la impresión de que el mantra de Libertad en Internet que emite Washington encubre su agenda geopolítica. Las políticas de promoción de la Libertad en Internet seguirán proyectando las mismas prioridades. (…) La hiperpolitización del movimiento de activisimo digital y la apropiación de su éxito para alcanzar objetivos geopolíticos y satisfacer a la burbuja de Washington pueden considerarse como “el beso de la muerte”.

En palabras del periodista palestino-estadounidense Rami Khouri en el NY Times:

“Es difícil tomar en serio a gobiernos que financian a jóvenes activistas árabes mientras proporcionan también fondos y armas que ayudan a cementar el poder  de los mismos gobiernos árabes que los jóvenes activistas luchan por cambiar.”

La agenda occidental se ve en iniciativas como el National Endowment for Democracies, del mismo modo que se ve en encuentros como los que se celebran en el marco de ITU, la Agencia de la ONU para asuntos relativos a las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Estos encuentros, que tienen el objetivo de “conectar el mundo en beneficio de la comunidad global, y en particular del mundo en desarrollo”, integran  y normalizan la presencia de gobiernos represores de las libertades y no a representantes de la sociedad civil de esos países. Se extienden también iniciativas como el foro MENA ICT, evento sobre Servicios de Tecnologías de la Información y la Comunicación en Oriente Medio y Norte de África, en el que se analizan distintos aspectos de los avances de la tecnología en la región, excepto los relativos a las libertades.

Habrá esperanza para la libertad en Internet en la misma medida en que la haya para la libertad a secas. En la medida en que las sociedades civiles continúen encontrando nuevos espacios en los que expresarse, reclamar sus derechos y soertear la censura. Dados los esfuerzos de los estados por controlar a sus ciudadanos, también a través de Internet, y la poca coherencia del apoyo occidental a las voces de sociedades civiles que buscan nuevas vías de expresión, quizás la esperanza está, como planteaba hace unos días un usuario un twitter, “no en el modo de gobernar Internet, sino en diseñarla para que sea ingobernable.”