Alianzas

Las movilizaciones que sacuden la región de Oriente Medio y Norte de África desde finales de 2010 parecen haberse asentado también en Arabia Saudí. En un país en que la discriminación de la mitad de la población está institucionalizada, las mujeres lideran las recientes manifestaciones universitarias a las que se suman también sus compañeros y, paso a paso, distintos agentes de la sociedad saudí.

Las mujeres y el camino hacia la revolución

El 6 de marzo cientos de estudiantes de la facultad de Artes en la Universidad del Rey Khaled en Abha, al sur de Arabia Saudí, se manifestaron para reinvindicar mejoras en las condiciones del entorno universitario, que aparecía cubierto de basura en fotos publicadas en la prensa local. Según el diario Al-Watan, durante el segundo día de protestas fuerzas de seguridad entraron al campus y golpearon a decenas de manifestantes, dejando heridas a 53 de ellas. Este vídeo muestra a las estudiantes gritando durante la protesta:

Las manifestantes pedían la dimisión de Abdullah Al Rashid, máximo responsable de la Universidad, a quien culpan de la corrupción y el deterioro que ha sufrido la Universidad en la última década. Parece un gesto pequeño pero este cuestionamiento de la autoridad implica mucho más viniendo de un grupo de mujeres, que tienen restringida la participación en la mayor parte de la vida pública de su país.

En los últimos meses las mujeres saudíes, que continúan subordinadas a los hombres de acuerdo al Derecho de Familia, han dado pasos que hasta hace poco resultaban impensables. Desde que en 2008 la escritoria y activista Wajeha al-Huwaider decidió desafiar la prohibición de conducir durante el Día Internacional de la Mujer, otras activistas se han unido a la protesta contra una prohibición que no se da en ningún otro país del mundo. En mayo de 2011, la propia Wajeha acompañó a la activista por los derechos humanos
Manal Al-Sharif mientras ambas se grababan conduciendo y comentando ejemplos de la necesidad de conducir para ser autosuficientes. Manal fue detenida por conducir e incitar a otras a hacerlo. Fue liberada poco después, tras una enorme campaña de presión interna y externa, mientras decenas de mujeres saudíes se sumaban a la iniciativa y salían a conducir en solidaridad con ella.

La persecución de las activistas ha sido mucho menor que la que sufrieron quienes desafiaron la prohibición en 1990, cuando decenas de mujeres fueron despedidas de sus trabajos y sufrieron saqueos en sus casas como castigo. El régimen saudí parece dispuesto a hacer ciertas concesiones. En septiembre aprobó un decreto que permite a las mujeres participar en las elecciones municipales. Varias universidades del país han anunciado que abrirán a las mujeres carreras universitarias hasta ahora sólo accesibles para los hombres, como Derecho e Ingeniería.

¿Serán suficientes las concesiones para acallar las protestas?

No parece que estos logros vayan a detener las reivindicaciones ciudadanas, a las que se suman hombres y mujeres en un contexto de represión de la libertad de expresión y de injusticias institucionalizadas. Según explicó a Periodismo Humano Ahmed Al-Omran, periodista de NPR, “es prematuro hablar de revolución en Arabia Saudí, pero las últimas protestas son realmente significativas y sin duda se enmarcan en el contexto de la Primavera Árabe.”

Pocos días después de las protestas de las estudiantes de Rey Khaled, alumnos del campus masculino salieron a reclamar la dimisión del responsable de la Universidad. Aunque el Príncipe había advertido que no toleraría “ninguna alteración de la seguridad”, el gobernador de Assir cedió a la presión el sábado y se dirigió a los estudiantes ofreciéndoles reunirse con 20 de ellos. Este vídeo muestra a los estudiantes cantando el himno de Arabia Saudí durante la protesta:

El régimen saudí no puede permitirse que las movilizaciones vayan a más. Desde el comienzo de la Primavera Árabe, las autoridades han reforzado el control de cualquier forma de oposición interna, temiendo que sus ciudadanos se reconozcan en las reivindicaciones de libertad, igualdad y justicia por las que los pueblos árabes se manifiestan. Y aunque el contexto económico y social es distinto con respecto al de sociedades como la egipcia o la siria, no parece que vaya a resultar fácil frenar el proceso de reivindicaciones ciudadanas que comienza a calar también en Arabia Saudí.

El activista Mohamed al-Bajadi, miembro de la Asociación Saudí de Derechos Civiles y Políticos, lleva desde el 22 de febrero en huelga de hambre, en protesta por haber sufrido una detención arbitraria. Según la Asociación, Bajadi fue detenido tras revelar que las autoridades saudíes habían torturado a un ciudadano yemení, Sultan Abdo al-Duais. Decenas de ciudadanos se han solidarizado con Bajadi y planean una huelga de hambre simbólica entre el jueves y el viernes.

Los saudíes reivindican justicia, igualdad de derechos, libertad de expresión. No piden la caída del régimen pero tampoco la pedían ciudadanos de algunos de los países de Oriente Medio al comienzo de las movilizaciones. En los próximos meses veremos cuál es la capacidad del régimen saudí de satisfacer esas demandas en un contexto de revoluciones que no cesan y reflejan la necesidad de cambios profundos en la región.


Decenas de miles de personas se reunieron ayer en Tahrir para celebrar un año de la revolución egipcia. Las movilizaciones ciudadanas que llevaron a la dimisión de Mubarak continúan hoy contra el ejército, que ha ocupado el poder y gobierna del mismo modo totalitario contra el que los egipcios se levantaron. Tahrir se ha convertido en algo más que el símbolo de la revolución egipcia y es hoy el punto donde las revoluciones del resto del mundo confluyen. Sirios, yemeníes, bahreiníes y otros ciudadanos de la región expresan allí sus reivindicaciones, las mismas para todos: justicia, libertad y dignidad. La conexión es especialmente palpable en el caso de Siria, cuyos ciudadanos se enfrentan a una brutalidad sin precedentes.

En esta vista aérea de plaza Tahrir el 25 de enero se distinguen dos enormes banderas: la egipcia y la siria.

Fuente de la imagen: Kalnaga

La conexión entre la revolución egipcia y la siria está muy presente en las narraciones de las protestas. Mientras los egipcios luchan por que el cambio que demandan desde hace un año se traduzca en un verdadero respeto a los derechos humanos y a la soberanía popular, los sirios se enfrentan a un régimen que se aferra al poder a través del asesinato, las detenciones y torturas de manifestantes. En ambos casos es difícil imaginar una vuelta atrás en un contexto en el que la barrera del miedo y del silencio se han roto.

Medios egipcios como Almasry Alyoum se hacían eco de la presencia de la revolución siria en el aniversario de la caída de Mubarak, una conexión que estaba especialmente presente a través de Twitter:

Ahmad Al-Omran: Todos los ojos en Tahrir hoy, pero las cosas no mejoran en Siria. 25 asesinados hoy.

Maisa Akbik: Debería felicitar a los Egipcios en su primer aniversario de la revolución, pero la sangre en mi país, #Siria, cubría mis ojos

Hanna Allam: A la salida de Tahrir, un stand dedicado a #Siria, con muchas banderas y gente cantando “Abajo Bashar”

Según el activista sirio Rami Jarrah (antes conocido como Alexander Page), que se vio obligado a huir de su país y ahora reside en El Cairo, “hay una enorme solidaridad en Egipto. Eso hace que los sirios, los bahreiníes, y todos los ciudadanos que sufrimos injusticia y represión en nuestros países nos sintamos allí como en casa. Hay un stand informativo sobre Siria en la plaza y está siempre lleno de gente que acude a mostrar su apoyo. La sensibilidad y la conciencia ciudadana están a flor de piel en este punto del mundo.”

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Ver:

Crónicas de Siria


Manifestación en apoyo al pueblo sirio. Madrid 26 de junio 2011

El domingo se celebró en Madrid una manifestación en apoyo al pueblo sirio. Se pedía el fin de la represión de unas manifestaciones que, en plena Primavera Árabe, sacuden toda la región y que han llegado, salvando todas las distancias, a Europa. La manifestación, convocada por la Coordinadora Estatal de Apoyo al Pueblo Sirio, fue un éxito, con cientos de personas de otras ciudades de España, como Valencia y Granada, acudiendo en autobuses especiales para sumar apoyos. La convocatoria fue también un éxito en la Red, con cientos de mensajes compartidos principalmente a través de Facebook y Twitter.

En este enlace, que recoge sólo los primeros 500, puede seguirse la conversación generada en torno a la manifestación en Twitter, con más de 100 redifusiones de este mensaje en concreto:

Desde Periodismo Humano emitimos en streaming distintos momentos del encuentro en Sol, la marcha hacia el Ministerio de Exteriores y finalmente frente a la embajada siria. En este vídeo se ve a los manifestantes caminando hacia el Ministerio mientras cantaban “Siria, sangrando, y el mundo mirando”, “Dónde estás, Trinidad, cuándo matan sin piedad” y “Uno, y sólo uno. El pueblo sirio es uno” (en respuesta al fantasma del sectarismo en el que el régimen se escuda para legitimarse en el poder).

También a través de Facebook se compartió la convocatoria, que derivó en algunos casos en una polémica que me gustaría compartir porque me parece reveladora del carácter de las movilizaciones que estamos viviendo. Concretamente en la página de facebook de Democracia Real Ya, que no convocaba ni se sumó como plataforma a la manifestación y se limitó a compartir la información que les facilitamos. Se produjo a partir de ese post una discusión sobre si anunciar una manifestación en apoyo al pueblo sirio era o no adecuado desde ese espacio, sumando más de 1000 comentarios y reacciones en torno a este debate. Parece que la información sobre la manifestación por Siria molestó a algunos usuarios y comenzaron a surgir comentarios como este, que apuntan a la necesidad de “centrarse en lo nuestro” para avanzar en el movimiento ciudadano del 15m:

Algunos usuarios llegaron incluso a pedir, y más adelante a exigir, que se borrase el post.

Muchos otros usuarios respondieron apelando a la solidaridad entre ciudadanos y al carácter global de las movilizaciones:

Es fácil comprender que a muchos ciudadanos que han partipado en las movilizaciones desde el 15 de mayo, las acampadas, las comisiones y reuniones en los barrios, les preocupe la dispersión del movimiento. La preocupación por la descentralización que es inherente al 15m,  la necesidad de aunar fuerzas en torno a unos objetivos concretos, las expectativas puestas y el deseo de verlas cuajar cuanto antes, son legítimas y evidentes para cualquiera que haya vivido el proceso de cerca. Pero ¿implica eso que se reuncie al carácter global del movimiento?

El contexto español es muy distinto al de los países de Oriente Medio y Norte de África, donde los ciudadanos viven desde hace décadas oprimidos por dictaduras que parecían hasta hace poco inamovibles. Las demandas de los ciudadanos españoles, y también las del resto de europeos, no son fácilmente resumibles en una frase como lo eran en Túnez: “Queremos la caída de Ben Ali”, o en Egipto: “Queremos la caída de Mubarak”, pero cuesta imaginar que las reivindicaciones de los ciudadanos árabes, sus demandas y el modo de plantearlas, no hayan influido en lo que se está viviendo ahora en Europa. Los paralelismos van desde la estética de las movilizaciones en las plazas hasta la organización en asambleas y comisiones. También en los modos de organización y comunicación en red y el uso de Internet y las distintas herramientas digitales para el trazado y el seguimiento de las movilizaciones y la construcción de una narrativa ciudadana.

Puerta del Sol. Julio Albarrán

Plaza Tahrir

Los

pueblos árabes, con sus contextos represivos, son cuando menos una inspiración, que ha despertado en muchos la convicción de que los cambios son posibles y basta con que los ciudadanos se unan y pongan en común sus demandas para impulsarlos y defenderlos. Son además el origen de lo que se conoce ya como la World Revolution, con cientos de miles de ciudadanos en distintos países del mundo manifestándose inspirados por los españoles, como recoge este mapa:

¿No debe funcionar esa solidaridad en ambas direcciones? ¿Hay alguna incompatibilidad entre atender a problemas y necesidades locales y tener presente también el marco global de demandas pro-democráticas y de participación ciudadana? Los sirios representan ahora el ejemplo extremo de lucha por la libertad y las reivindicaciones ciudanas y dar la espalda a la solidaridad global podría restar fuerza y legitimidad a las movilizaciones en España y en el resto de países.

¿Qué pensáis los lectores de este blog?


Esta semana han visitado España 12 periodistas y blogueros tunecinos. Todos ellos han participado activamente en las movilizaciones en su país y han venido, invitados por la Fundación Carolina, a conocer de cerca la situación española. Durante su viaje visitaron la acampada de Sol en su último día, se reunieron con representantes políticos y charlaron con periodistas y blogueros españoles en el encuentro que organizó La Casa Encendida el 14 de junio. Me gustaría compartir aquí algunas de las ideas que se intercambiaron durante esta conversación.

Lo primero por lo que se interesaron los españoles fue por saber si los tunecinos encontraban paralelismos entre las movilizaciones en España y las que se vivieron en Túnez. Thameur Mekki, del Instituto de Prensa y Ciencias de la Información de Túnez, explicó que había paseado por Sol el domingo y que le había sorprendido encontrar tantos parecidos con lo que vivió en su país:

“En las formas de organización sobre el terreno. En cómo la gente limpiaba lo que se iba ensuciando, en el sistema de comisiones, en las edades de la gente… También en el modo en que se ha utilizado la Red para organizarse y compartir contenidos.”

Tamer nos devolvió la pregunta, quiso saber si los españoles opinábamos lo mismo: ¿Veíamos en Túnez una inspiración? Esta fue mi aportación:

Ha sido una inspiración saber que lo que parecía más inamovibles se podía cambiar. Que para cambiarlas no hace falta más que un grupo de personas decididas hacerlo, como hicieron los tunecinos y como hicieron los 40 primeros de Sol. Salvando las diferencias, que son muchas, entre regímenes represivos y estados democráticos, el ejemplo tunecino y el egipcio ayudaron a mucha gente a despertar y a cuestionar sus propios sistemas.

Olga Rodríguez, de Periodismo Humano, preguntó entonces por el factor económico y hasta qué punto había influido en las movilizaciones. Varios de los compañeros tunecinos explicaron el contexto económico: los desequilibrios entre las inversiones en la costa y el interior del país que se habían heredado de la época de Bourghiba y que habían aumentado con Ben Ali, la injusta distribución de la riqueza y las enormes brechas económicas, las prácticas mafiosas de la familia del regimen… Pero sobre todo, y en esto incidieron varios de los tunecinos:

“Lo realmente desencadenante de la revolución fue la reacción ante el desprecio. El desprecio que sentía ese sistema por su gente, a la que consideraba súbditos. El pueblo salió para reclamar su dignidad, para dejar de ser tratados como súbditos.”

En eso coincidieron los periodistas españoles que conocen la región. Trinidad Deiros, de Público, contó su experiencia en la cobertura de Túnez y lamentó que la reacción de la mayoría de los medios ante las movilizaciones hubiese sido lenta. Miguel Ángel Medina, de El País, añadió que también en España los medios tardaron en reaccionar a la hora de cubrir el movimiento 15M. “En el caso de Túnez no es sorprendente teniendo en cuenta que Ben Ali era el gran amigo de Europa”, fue la reacción tunecina, y la conversación derivó durante unos minutos hacia si las agendas políticas condicionan o no lo que los medios consideran noticia.

El moderador del encuentro, José Antonio Gallego, de AERCO, preguntó entonces por el papel de las mujeres en las reivindicaciones tunecinas y si las movilizaciones llevarían a una mayor igualdad… Y surgió la tensión que suele surgir en torno a este tema en este tipo de encuentros. El primero en reaccionar fue Yassin Ayari, ingeniero informático y uno de los activistas más reconocidos por su trabajo durante años antes de la caída de Ben Ali:

“La desigualdad entre hombres y mujeres en Túnez es una fantasía occidental. Hombres y mujeres hemos salido juntos a reclamar lo mismo frente a un régimen tirano.”

Esta reacción hizo que varios de los periodistas españoles, entre ellos Millán Berzosa,  de Ideas4All, pidiesen específicamente a las mujeres del encuentro que dijesen qué opinaban ellas. Lo hicieron, y coincidieron con Ayari:

Sabrine Mourou, periodista de El Fajr, ligado al movimiento islamista Ennahda, explicó cómo antes de la revolución no podía caminar tranquila en espacios públicos llevando el velo islámico, y que desde que cayó el gobierno existe libertad para llevarlo o no. Policías de Ben Ali llegaron a golpearla durante las protestas, y ella asegura que lo hicieron con más dureza en represalia por elegir llevar el velo. Eran los métodos de un régimen que se legitimaba a través de una represión de las manifestaciones religiosas islámicas que le hizo ganarse muchas amistades entre las potencias occidentales.

La conversación se enredó en torno a este tema. Quizás habría sido más útil identificar retos comunes, experiencias en la organización y comunicación de las movilizaciones y formas de trabajo para el futuro. Pero las reivindicaciones de las mujeres árabes interesan en los países occidentales y su mediatización cansa a los propios árabes. Según mi experiencia, tanto a ellos como a ellas. Más reacciones:

Miriam Dabi, de La Presse:

“Somos un equipo, somos activistas. Ni hombres ni mujeres, simplemente activistas.”

Narjes Torchani, de Radio Kalima:

“Salimos juntos a la calle porque todos éramos víctimas de la represión, no porque nuestros problemas como mujeres fuesen otros.”

Iyed Dahmani, de El Mawqif:

“Ben Ali instrumentalizó, y muy bien, esa obsesión occidental con la situación de la mujer en el mundo árabe para legitimarse y para aumentar la represión, sobre todo contra los islamistas.

Olga Rodríguez:

“Todos estamos a favor de la igualdad, pero demasiado a menudo se utiliza este tema para justificar ataques y neocolonialismos.”

Es cierto que, en cuestión de igualdad de derechos y oportunidades, la situación de las mujeres en Túnez es la mejor de toda la región y que no es comparable  con los graves abusos que sufren en países como Arabia Saudí, donde las mujeres tienen prohibido incluso conducir, aunque a menudo no se maticen las diferencias entre los distintos contextos de estos países. El régimen de Ben Ali supo instrumentalizar esa atención occidental a las reivindicaciones de las mujeres para legitimarse y justificar su represión de la población, y este es un tema delicado y sensible para los tunecinos, algo que todos pudimos entender mejor en el encuentro.

Terminamos proponiendo un grupo de trabajo en el que blogueros y periodistas tunecinos y españoles podamos seguir poniendo en común ideas y experiencias. Establecer vínculos entre sociedades civiles del norte y del sur del Mediterráneo podría ser muy útil para romper las barreras físicas y las imágenes mediatizadas que todos, en mayor o menor medida, tenemos de los otros. Encuentros como este ayudan a enfrentarnos a esas imágenes y cuestionarlas y ahora, con las herramientas que proporciona Internet, podemos seguir conociéndonos sin necesidad de intermediarios.

Estos fueron los asistentes al encuentro, que iremos recopilando también en una lista de Twitter:

  • Atrous Essia – As-Sabah
  • Chiara Cabrera – La Casa Encendida
  • Iyed Dahmani – El Mawqif
  • José Antonio Gallego – AERCO
  • Khaled Aouij – Tunivisions
  • Leila Nachawati  – Periodismo Humano
  • Marouan Zbidi – Attariq Aljadid
  • Miguel Ángel Medina – El País
  • Millán Berzosa- Ideas4all
  • Miriam Dabi – Radio Kalima
  • Narjes Torchani – La Presse
  • Olga Rodríguez – Periodismo Humano
  • Paloma Llaneza – Razona Legaltech
  • Sabrine Mourou – El Fajr
  • Sofiane Chourabi – Premio periodismo Omar Ourtilane
  • Thameur Mekki – Instituto de Prensa y Ciencias de la Información de Túnez
  • Trinidad Deiros – Público
  • Yassine Ayari – Ingeniero informático, activista contra la censura
  • Welid Naffati – Tekiano

La comisión de comunicación charla junto a la Puerta del Sol. Madrid, 19 de mayo. Imagen de Julio Albarrán

Los gobiernos represivos que han gobernado Oriente Medio y Norte de África durante décadas no son comparables a los de los países europeos, pero muchos de los desafíos y amenazas a las que se enfrentan los tunecinos, egipcios o libios son globales y afectan a las sociedades civiles en su conjunto. En medio de una fuerte crisis económica y con más de cien imputados por corrupción presentándose a las elecciones del 22 de mayo, los españoles han tomado los espacios públicos, en la calle y en Internet, en protesta ante un sistema político por el que muchos no se sienten representados.

La inspiración egipcia y tunecina no ha pasado desapercibida y los medios se han llenado de titulares como el de The Atlantic Wire del 18 de mayo: ¿Ha llegado la Primavera Árabe a España? Vídeos como este, compartido por Periodismo Humano, que han ocupado portadas de todo el mundo, recuerdan a las vistas aéreas de la plaza Tahrir en El Cairo y han activado las comparaciones con las movilizaciones de Oriente Medio y Norte de África.

Las movilizaciones en los distintos países tiene en común una brecha cada vez mayor entre la clase política y el resto de los ciudadanos. Las declaraciones de la Junta Electoral de Madrid al prohibir las acampadas son una muestra más de esta desconexión:

“No existen razones serias o especiales para la convocatoria urgente de manifestaciones masivas, que podrían afectar a la carrera electoral y a la capacidad de los ciudadanos de elegir libremente a sus candidatos”

Declaraciones como estas han servido para avivar las protestas, con ciudadanos organizándose en las calles de toda España e inundando las distintas plataformas y espacios de Internet con convocatorias y actualizaciones de las movilizaciones. Las etiquetas asociadas a las acampadas aparecen, desaparecen, resurgen, cambian, se multiplican por ciudad y país: #15m, #15mani,democraciarealya, #acampadasol, #nonosvamos, #notenemosmiedo, #juntaelectoralfacts, #esunaopcion, #tomalaplaza, #pijamabloc, #acampadavalencia, #acampadalgño, #acampadabcn… adquiriendo una dimensión global con las cada vez más presentes #yeswecamp, #globalcamp, #spanishrevolution y con convocatorias de solidaridad con España en ciudades como Londres, Buenos Aires, Jerusalén o Vietnam. Una inundación de  contenidos, convocatorias y etiquetas que, irónicamente, hace que sea cada vez más difícil etiquetar este movimento ciudadano y descentralizado:

@LaKylaB: Cuántos decían que no era posible un cambio? Cuántos creían que siempre viviríamos así?Cuántos? . Esto es solo el comienzo. #acampadabcn

@Anon_Leakspin: Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas.  Gandhi #acampadasol #spanishrevolution”

Una manifestante sostiene un portátil con la dirección del streaming (emisión en directo) desde Sol. Madrid, 19 de mayo. Imagen de Julio Albarrán

Las herramientas digitales no sólo se utilizan para organizar y compartir imágenes y vídeos de las acampadas, sino para trabajar de forma colaborativa, poniendo en común ideas e iniciativas. Se ha abierto una Wiki donde los usuarios comparten información y materiales, se redactan y envían peticiones urgentes para reclamar que no se censuren las manifestaciones, y abogados como Javier de la Cueva y David Bravo comparten información legal sobre el derecho de asociación y reunión.  Este post fue publicado de forma simultánea el 19 de mayo por activistas del movimiento “No les Votes”: #nolesvotes: por un voto responsable”:

Colaboración distribuida. Te invitamos a copiar este texto y construir páginas de enlaces que referencien todos los sitios que dan apoyo a la iniciativa. De igual modo, invitamos a los demás colectivos que comparten nuestra propuesta a que lleven a cabo acciones similares. La fuerza de la red reside en la distribución y colaboración entre sus nodos.

Esta organización en los espacios físicos, a través de comisiones de limpieza, alimentación, comunicación, legal, con voluntarios ofreciéndose para traducciones y tareas de todo tipo, sumada al trabajo colaborativo y la cobertura ciudadana a través de herramientas digitales, desafía la idea de que al  movimiento le falta estructura. Ocupando los espacios públicos, tanto en la calle como en la Red, los ciudadanos se han inspirado en un movimiento global para reaccionar a un sistema político que no satisface sus necesidades y demandas. El viernes 20 de mayo se ha convocado a medianoche un “grito mudo y colectivo” que paralizará la Puerta del Sol. Podría ser la metáfora perfecta de esa incomunicación entre los ciudadanos y sus representantes.


Un usuario de BlackBerry muestra un mensaje en el que se le notifica la suspensión del servicio. Dubai, Abril 2010. Imagen AP

Desde hace años los Gobiernos de la región de Oriente Medio y Norte de África tratan de controlar las comunicaciones de los usuarios a través de los nuevos canales y herramientas digitales. En el empoderamiento tecnológico que ha sido clave para la organización y narración de las protestas juega un papel central el auge de la tecnología móvil, con una penetración de las más altas del mundo, y la comunicación a través de móvil también ha sido objeto de cada vez más atención por parte de las autoridades.

En 2010 el Ministerio de Cultura e Información de Bahrain prohibió un grupo de chat de Blackberry y amenazó con emprender acciones legales contra los miembros del grupo. Ese mismo año Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos anunciaron la prohibición del uso de dispositivos móviles Blackberry en el país. La operadora de telefonía móvil Saudi Telecom, propiedad del Gobierno, bloqueó el servicio de texto, correo electrónico, navegación por Internet y mensajería instantánea.

¿Por qué precisamente Blackberry? Porque las comunicaciones a través de estos dispositivos son encriptadas y no permiten a las autoridades el seguimiento de la actividad de los usuarios. No sólo los Gobiernos de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, sino también los de Líbano, India y Argelia expresaron su rechazo al hecho de no poder seguir los movimientos de los usuarios a través de estos dispositivos, lo que según ellos pone en riesgo la seguridad nacional. Según los usuarios es otro modo más de vigilarlos y emprender represalias contra los críticos al régimen.

Desde que comenzaron las movilizaciones en Túnez a finales de 2010 y se extendieron durante los meses siguientes al resto de países de la región, la represión de los Gobiernos se ha cebado cada vez más con las telecomunicaciones. Egipto bloqueó entre el 27 y el 28 de enero completamente el acceso a Internet. En Siria, con cifras de más de mil muertos durante las protestas contra el régimen que comenzaron a mediados de abril, se cortaron los accesos a Internet y a la telefonía fija y móvil en los puntos de más presencia de los manifestantes. Ciudades como Homs y Daraa y barrios como Dumma llegaron a quedar completamente aislados. El Gobierno consiguió bloquear la red de telefonía 3G y teléfonos por satélite, que habían permitido a los activistas compartir con el resto del país y con el exterior hitos y sucesos de las protestas, especialmente en forma de vídeos. Muestra de cómo las autoridades del país consideran los móviles como una amenaza son las imágenes de la agencia de comunicación oficial Sana y la televisión oficial siria, que mostraban tras las protestas del 22 de abril fotos de las armas confiscadas a los manifestantes, calificados como “vándalos” y “agitadores”: machetes, latas, cuchillos y teléfonos móviles con tarjetas SIM extranjeras.

En Libia, tras las protestas del 27 de febrero, el Gobierno de Gadafi cortó la comunicación con el este del país, aislándolo mientras Benghazi se convertía en el símbolo de la resistencia contra el régimen. Mientras las movilizaciones se reprimían con crudeza, se bloqueó el acceso a Internet y las llamadas de teléfono internacionales. Con la comunicación cortada y sin permitir acceso a los periodistas que pedían acreditación para cubrir los enfrentamientos, la información se filtraba hacia el exterior a través de algunas conexiones de Internet por satélite que permitían llamadas intermitentes a través de Skype, chat de MSN y publicación de vídeos grabados a través de móvil a plataformas como Youtube.

Libyana, uno de los dos mayores proveedores de servicios móviles, consiguió seguir funcionando en el interior de la zona este del país, gracias a un sistema menos descentralizado y menos dependiente de la gestión desde Trípoli, controlada por el Gobierno. Los ingenieros de Libyana en Benghazi disponen de un registro de localización de llamada que almacena información de todos los suscriptores del servicio. Al marcar un número desde un teléfono de la compañía, el registro de localización de llamada identificaba el teléfono y lo conectaba a la red. Mientras la otra gran compañía de servicios móviles, Madar, con sus bases de datos en Trípoli, vio bloqueados sus servicios, Libyana no sólo siguió funcionando, sino que ofreció sus servicios de forma gratuita durante los enfrentamientos.  Según Faisal Fasi, jefe de telecomunicaciones locales y transporte de la oposición de Bengazi,”Gadafi cometió un error dejando todo este equipo aquí en el Este”.

Además del servicio que continuó propocionando Libyana, un empresario basado en Abu Dhabi, Ousama Abushagur, creó una nueva red, llamada Free Libyana, para facilitar a los rebeldes su propia red de telefonía móvil.

En un contexto de comunicaciones cada vez más descentralizadas, en el que los ciudadanos pueden registrar y compartir  con el mundo lo que sucede aquí y ahora, el juego del gato y el ratón entre gobiernos y activistas se dará, cada vez más, en el terreno de la tecnología móvil.


Llevan años trabajando en visibilizar una realidad que no siempre ha sido noticia para los medios de comunicación. Utilizan las herramientas digitales para compartir su voz y la de otros y han contribuido a un cambio de paradigma en la forma en que nos comunicamos, en la que cobran protagonismo los ciudadanos. Dirigen y colaboran con proyectos que llaman la atención sobre las reivindicaciones ciudadanas que han dado lugar a movilizaciones como las que se han producido en Túnez, Egipto o Libia. Tendremos la oportunidad de hablar con algunos de los referentes en el uso de la tecnología para promover cambios sociales y políticos en las conferencias Internet and 21st Century Social Revolutions que organiza AERCO el próximo 5 de abril con Obra Social Caja Madrid.

Sami Ben Gharbia: Especialista tunecino en el análisis del activismo digital en contextos represivos y el uso de la tecnología para promover cambios sociales y políticos. Es el Director de Global Voices Advocacy, comunidad internacional de blogueros que informa sobre el estado de la blogosfera y el periodismo ciudadano en el mundo. También es co-undador de Nawaat, que ha ganado el 2011 Netizen Prize que entrega Reporteros sin Fronteras, de Threatened Voices y de Tunileaks, proyecto que recopila y analiza los cables de Wikileaks relativos a Túnez.

Matisse Bustos Hawkes: Responsable de Comunicación de WITNESS, organización internacional que promueve la defensa de los derechos humanos a través del uso de vídeo. WITNESS proporciona formación en grabación y edición de vídeo y en planificación estratégica sobre cómo incorporar el vídeo en campañas como la protección de los derechos civiles, políticos y económicos en todo el mundo, los derechos de las mujeres en Afganistan, o la lucha contra la tortura en Egipto.

Raed Jarrar: Arquitecto, bloguero y analista político iraquí-estadounidense. Abrió su primer blog en 2002 para mostrar al mundo la visión de los civiles iraquíes durante la invasión de su país y se convirtió en uno de los primeros blogueros en Irak y en la región. Es conocido también por haber sido detenido en el aeropuerto JFK por llevar una camiseta con la frase “No nos callaremos” en inglés y en árabe, por denunciar a la compañía aérea y al Gobierno de EEUU y por ganar la demanda y contribuir a visibilizar la discriminación racial en el país.

Bilal Randeree:  Periodista sudafricano que trabaja en la sede de Al Jazeera en Doha, Qatar. Es productor online para la página de la red en inglés y desde hace unos meses cubre las movilizaciones en la región de Oriente Medio y Norte de África con una presencia activa en las redes sociales. Esta visibilidad ha sido vital para su trabajo y para la cobertura que ha hecho Al Jazeera’s de las movilizaciones, posicionándose como un modelo a seguir en la alianza de los medios de comunicación con Internet y las herramientas digitales.

Dale Zak: Desarrollador en el proyecto Ushahidi,  empresa sin ánimo de lucro que desarrolla software libre y de código abierto para recoger datos, visualizarlos y crear mapas interactivos a través de los mensajes que envían los ciudadanos por teléfono móvil.  Desde que se creó, para mapear los casos de violencia post-electoral en Kenia, desarrollan herramientas con el objetivo de democratizar la información, fomentar la transparencia y romper las barreras que impiden a los ciudadanos contar sus propias historias.


La conferencias podrán seguirse en streaming desde la web de La Casa Encendida y Periodismo Humano, medio colaborador con el evento, y en Twitter con la etiqueta #isocialrev.