Alianzas

Un cibercafé iraní (AP)

En el contexto del uso ciudadano de las herramientas digitales para organizarse y difundir contenidos en contextos represivos, los iraníes han estado entre los pioneros en la región. En 2009, tras unas elecciones cuestionables,  miles de ciudadanos de Irán tomaron las calles y la Red para pedir reformas democráticas en el país, generando y compartiendo imágenes y noticias que dieron la vuelta al mundo. Las autoridades han recrudecido desde entonces la persecución de la actividad de los usuarios online. La última iniciativa es la creación de una Internet iraní.

El Ministro de Comunicaciones de Irán, Resza Taqipour, anunció el 4 de julio a través de la agencia de comunicaciones IRNA una nueva Red propia que se pondrá en marcha en agosto a una velocidad inicial de ocho megas que irá gradualmente aumentando hasta los veinte. Estará disponible sólo para algunos usuarios durante la fase de prueba y más adelante se facilitará a todos los ciudadanos. El proyecto incluye un motor de búsqueda alternativo: Ya Haq, que busca desplazar a los conocidos Google y Yahoo. “Ya Haq”, que se lanzará en 2012, tiene claras reminiscencias religiosas (“Haq” es uno de los 99 nombres de Dios en el Islam), pero es también un guiño a Yahoo.

Las autoridades han hecho especial hincapié en las ventajas que supondrá para los usuarios una red nacional en cuanto el aumento de la velocidad y la reducción en el pago de tarifas. También en la independencia que ganará Irán disponiendo de su propia Internet. Pero no hace falta escarbar mucho bajo el paraguas de los supuestos beneficios para identificar un nuevo intento de aumentar el control sobre los ciudadanos y del derecho a la libertad de expresión en uno de los países más sofisticados en el ámbito de la censura online.

Este control tiene dos frentes bien definidos: la protección de la moral religiosa, mediante la censura de contenidos críticos contra las instituciones religiosas y la lucha contra el acceso a contenidos pornográficos, y la persecución de cualquier forma de oposición política o críticas al régimen. Se manifiesta en la tradición de bloqueo de páginas web de la oposición, periódicos occidentales y redes sociales como Facebook y Twitter. Estos contenidos serán mucho más fáciles de controlar con una red propia, que permitirá el acceso sólo a páginas institucionales y otras previamente aprobadas por las autoridades.

Mientras Irán trabaja en esta iniciativa, que acercará a los iraníes a una mayor cantidad de contenidos locales previamente seleccionados, continúa la represión contra los ciudadanos en la Red. Un año después de la detención de siete  blogueros, estudiantes de entre 19 y 28 años, Reporteros sin Fronteras llama de nuevo por su liberación, ya que su situación es de riesgo extremo. Los siete han sido acusados de “blasfemia y de atentar contra lo sagrado”, han recibido penas de azotes y cárcel y han sufrido torturas que les han dejado graves secuelas físicas y psicológicas.

En pleno auge de las movilizaciones en la región de Oriente Medio y Norte de África, que han permitido que contenidos de contextos represivos saliesen por primera vez hacia el exterior y fuesen compartidos por ciudadanos de todo el mundo, los gobiernos redoblan sus esfuerzos en aislar a sus ciudadanos. Irán, el primer país de mayoría islámica en conectarse a Internet a principios de los 90, es también pionero en el control y la represión de los ciudadanos a través de los nuevos canales.


Imagen en la web del Grupo Gamma Internacional

En la batalla entre gobiernos y sociedades civiles por la libertad de expresión, a menudo pasa desapercibida la ayuda que prestan a los Estados empresas de tecnología sin las que la censura en Internet no sería posible. Entre estas empresas destaca el Grupo Gamma Internacional, que ha contribuido al control de los usuarios egipcios con soluciones tecnológicas para el espionaje de activistas y censura de páginas web.

A medida que han ido surgiendo nuevos espacios para la libertad de expresión a través de las herramientas y plataformas digitales, los Gobiernos han ido refinando su capacidad de control y seguimiento de los usuarios en estos mismos espacios. En 2008 se convocó una huelga general en Egipto a través de mensajes de texto, correo electrónico y, con gran éxito de convocatoria, Facebook.  El alcance de las movilizaciones hizo que los servicios de seguridad del país comenzaron a prestar maś atención a la actividad de los ciudadanos online. El SSI (Servicio de Investigación para la Seguridad del Estado) creó una unidad de emergencia que se ocupaba de:

  • Cortar Internet en puntos concretos del país
  • Bloquear páginas web
  • Recoger información sobre ciudadanos activos en la Red
  • Cortar servicios de móvil de empresas de telecomunicaciones
  • Bloquear servicios de mensajería como Bulk-SMS
  • Crear canales de comunicación con empresas de telecomunicaciones que permitan el intercambio más ágil de información sobre usuarios

Para llevar a cabo estas actividades la SSI did se reunió con representantes de los Ministerios de Interior, Inteligencia, Defensa, Comunicaciones y con las tres compañías de telecomunicaciones que operan en Egipto: Vodafone, Mobinil e Etisalathan. Desde 2009 al menos, también han contado con los servicios de Grupo Gamma Internacional, basada en Reino Unido, que en su página web ofrece:

Hace unas semanas salían a la luz unos documentos que probaban la relación entre el grupo Gamma y el Gobierno de Mubarak. Aunque la empresa niega cualquier vinculación con el Gobierno egipcio, aquí puede leerse la propuesta comercial del programa Finfisher: 287,000 euros por un software de espionaje que permite el seguimiento de los movimientos sobre un teclado, cuentas de correo, chat y páginas visitadas entre otros servicios y herramientas de infección remota. Según el activista egipcio Amr Gharbeia:

Es un troyano, un software que implantas en el dispositivo de otra persona para controlarlo y extraer datos. Te permite ver su correo electrónico y suplantar su identidad.

Encontraron estos documentos, que prueban la relación entre Gamma y el gobierno de Mubarak, dos activistas por los derechos humanos en la sede de la SSI, en la que irrumpieron más de 2.000 ciudadanos en marzo, en plenas revueltas contra el régimen, para evitar que las autoridades destruyesen los documentos que implicaban al Gobierno en las violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Junto a los documentos aparecieron cientos de aparatos y equipos de tortura.

Otros documentos, escritos en árabe y marcados como “altamente confidenciales”, muestran información sobre el modo en que la versión de prueba del software Finfisher permitía hackear cuentas de Hotmail, Gmail, Yahoo e incluso Skype, que los activistas consideraban la forma de comunicación más segura por estar encriptada.

Según el bloguero egipcio Ramy Raoof, que ha facilitado los documentos a Periodismo Humano:

Esta tecnología ayuda a los gobiernos a fabricar casos contra activistas políticos y por los derechos humanos con cargos como la “desestabilización del orden”, “difamación de líderes de estado”, “rumores para derrocar al régimen” y muchos otros que buscan desprestigiar el trabajo de la sociedad civil y los activistas por la mejora de la situación de los derechos humanos en el país.

El Grupo Gamma no es la única empresa que trabaja en facilitar a gobiernos represivos el seguimiento de la actividad de los ciudadanos online. El informe de la OpenNet Initiative Occidente censura a Oriente muestra cómo al menos nueve países en Oriente Medio y Norte de África utilizan tecnología desarrollada en países occidentales para impedir el acceso al contenido online. Tecnología occidental al servicio de la censura de la libertad de expresión de los ciudadanos árabes.

http://globalvoicesonline.org/2008/04/05/egypt-gears-up-for-a-general-strike-sunday/

Imágenes de manifestantes iraníes identificados por el Gobierno a través de crowdsourcing

Cuando una violación de los derechos humanos no recibe atención mediática aumenta el riesgo para las víctimas, indefensas ante unas autoridades que quedan impunes. Pero con la visibilidad, cada vez mayor a través de Internet y las redes sociales, viene también el peligro de entregar en bandeja a las autoridades información que les facilita la identificación y persecución de los ciudadanos contrarios a sus políticas.

Internet y los medios sociales han proporcionado a los ciudadanos la posibilidad de comunicarse con el mundo sin necesidad de intermediarios. A través de herramientas como Youtube, Facebook o Twitter los usuarios pueden contar su propia visión de lo que sucede en contextos donde a menudo no hay medios de comunicación para recogerlo. Las sociedades civiles  árabes han usado estas herramientas de forma muy efectiva para movilizarse, convocar encuentros y manifestaciones y para construir su propia narrativa de las revoluciones, una narrativa de la que ahora beben los medios de comunicación tradicionales. Pero estas mismas herramientas están a disposición también de los gobiernos, que las usan, cada vez mejor, en su beneficio. La combinación del cada vez mayor conocimiento de los gobiernos del funcionamiento de Internet y las propias condiciones de uso de las redes ponen en gran riesgo a los activistas que las utilizan en estos contextos.

No les faltan a estos regímenes autoritarios asesores sobre el funcionamiento de Internet y los medios sociales, algunos tan reconocidos como Clay Shirky, que aparece como “asesor del gobierno libio” en su biografía. Llamaba la atención sobre este tipo de asesoría Evgeny Morozov, autor de The Net Delusion, en Twitter:

Estos gobiernos llevan años imponiendo restricciones al acceso a sitios web, blogs y espacios en los que los usuarios puedan crear e intercambiar contenidos que escapen al control de las autoridades. Es común el bloqueo de sitios como Youtube, Facebook o Blogger en países como Bahrein, Túnez, Egipto o Arabia Saudí, que encabezan la lista de los “Principales enemigos de Internet” que elabora Reporteros sin Fronteras. Llevado al extremo, este miedo a la libre expresión de los ciudadanos a través de nuevos espacios ha llegado al bloqueo total del acceso a Internet, como han hecho en los últimos días primero Egipto y luego Libia. Unas medidas sin precedentes que buscaban aislar a los manifestantes en un momento en el que el mundo volcaba su atención en las protestas.

Tráfico de Internet en Egipto entre el 27 y 28 de enero

Pero estas medidas, además de difíciles de mantener, son muy impopulares  y fomentan una solidaridad internacional que juega en contra de quienes las imponen. El bloqueo total de Internet en Egipto ha hecho que Google, que en ocasiones anteriores ha cedido a las peticiones de gobiernos como el de China, haya trabajado junto con Twitter en una herramienta, speak2tweet, que permite a los manifestantes enviar mensajes de Twitter a través de conexión telefónica. Un posicionamiento claro y oficial de Google con el pueblo egipcio (lo expresaba a través de su blog), es una buena noticia para la libertad de expresión y una mala noticia para estos gobiernos represivos. El bloqueo del acceso a Internet es una medida poco inteligente que no ha servido para contener las protestas ni para ocultarlas al mundo.

Es mucho más inteligente y práctico aprovechar el material que los propios usuarios les sirven en bandeja y utilizarlo para identificarlos y perseguirlos, algo que cada vez más gobiernos comprenden y que aumenta los riesgos de los usuarios de estas tecnologías.

Material como los miles de vídeos e imágenes que circulan a través de servicios como Youtube o Flickr, en los que se suele citar la autoría y el contacto de quien los graba y los comparte, ahorra a las autoridades un trabajo que hasta hace poco era mucho más laborioso. Este material ofrece también la posibilidad de identificar a quienes han participado en las manifestaciones y actos de protesta contras las autoridades en distintos puntos del país. Basta con revisar los vídeos y fotos de los usuarios para identificar a los líderes de las revueltas, los participantes más activos, seguirles la pista y emprender represalias, como ha sucedido estos días en Libia y como sucedió durante las protestas de 2009 en Irán, cuando el gobierno puso en marcha Gerdab.ir, un servicio basado en crowdsourcing (externalización de tareas a un grupo numeroso de personas o una comunidad) que ofrecía recompensa a quienes colaborasen en identificar a los manifestantes.  La persecución incluía a quienes grabaron y fotografiaron a Neda Aga al-Sultan, la joven asesinada que se convirtió en símbolo de las protestas contra el régimen.

O como este vídeo de Asma Mahfouz, uno de los catalizadores de la revolución egipcia, que ha hecho que su autora fuese perseguida por las autoridades de Mubarak:

La tecnología para la protección del anonimato en Internet se ha basado en la protección de datos, a través de encriptación, utilización de servidores intermediarios (proxies), o tecnologías de circunvención, que ocultan los datos transmitidos y la identidad de la persona que los transmite. Pero ¿qué ocurre con la privacidad y el derecho al anonimato de las personas que, voluntariamente o no, son fotografiadas o grabadas en vídeo?

Programas como Tor ocultan la dirección IP desde donde se envían los vídeos pero no impiden que quienes aparecen en él puedan ser identificados con software de reconocimiento facial. Este mismo software de reconomiento facial está instalado también en herramientas de Facebook, como la de subida de imágenes, aumentando los riesgos a los que se exponen los usuarios.

Facebook, además, facilita el trabajo de los gobiernos con su política contraria al anonimato y a la utilización de pseudónimos. En el apartado “Seguridad de la cuenta y registro” de su Declaración de Derechos y Responsabilidades lo especifica. De los puntos que incluye este apartado, estos son los más problemáticos para quienes por el contexto en el que viven necesitan mantener el anonimato:

Los usuarios de Facebook proporcionan sus nombres e información reales y necesitamos tu colaboración para que siga siendo así. Éstos son algunos de los compromisos que aceptas en relación con el registro y mantenimiento de la seguridad de tu cuenta:

  • No proporcionarás información personal falsa en Facebook, ni crearás una cuenta para otras personas sin su autorización
  • No crearás más de un perfil personal
  • Si inhabilitamos tu cuenta, no crearás otra sin nuestro permiso
  • Mantendrás la información de contacto exacta y actualizada
  • No compartirás la contraseña (o en el caso de los desarrolladores, tu clave secreta), no dejarás que otra persona acceda a tu cuenta, ni harás cualquier cosa que pueda poner en peligro la seguridad de tu cuenta
  • No transferirás la cuenta (incluida cualquier página o aplicación que administres) a nadie sin nuestro consentimiento previo por escrito
  • Si seleccionas un nombre de usuario para tu cuenta, nos reservamos el derecho a  eliminarlo o reclamarlo si lo consideramos oportuno

Las condiciones de uso de Facebook permiten a las autoridades no sólo identificar a quienes utilizan la red como herramienta de activismo sino también su red de contactos. Basándose en esta política, Facebook cierra con frecuencia páginas y perfies de usuarios que incumplen estas normas. Páginas como la del grupo “Todos somos Khaled Said“, creada por Wael Ghonim, el ingeniero de Google egipcio y uno de los líderes de las movilizaciones del 15 de enero, fueron cerradas en un momento clave de la organización de las revueltas. Ghonim, que fue detenido durante 12 días, realizaba su actividad bajo el pseudónimo de “El-Shaheed”.

Desde Witness.org, proyecto de promoción de los derechos humanos a través de vídeo, se preguntan:

En Witness estamos trabajando en facilitar opciones de “privacidad visual” y “anonimato visual”. ¿Qué papel deberían jugar proveedores de servicios como Facebook y Youtube, en la protección, dentro de sus espacios, de quienes trabajan por los derechos humanos a través de vídeos e imágenes?

http://www.youtube.com/watch?v=SgjIgMdsEuk&feature=player_embedded

Durante el 2010, gracias a Periodismo Humano, he tenido la oportunidad de compartir en este espacio aspectos relacionados con Oriente Medio y Norte de África, algunos de ellos con poca cobertura en otros medios. A través del trabajo de estos meses he conocido a blogueros y activistas por los derechos humanos que nos ayudan a acercarnos, sin necesidad de intermediarios, a las complejas y diversas realidades de la región. Me gustaría dedicar este primer post de 2011 a algunos de esos blogueros, concretamente a 10 con los que he colaborado este año, y a su contribución al conocimiento de la región.

Banner de las protestas en Sidi Bouzid. Nawaat.org

  1. Ali Abudlemam: Bloguero bahreiní, autor del proyecto Global Voices y fundador del foro Bahrein Online, uno de los más visitados del país. En septiembre fue detenido en medio de una campaña de represión contra la oposición al Gobierno de país, junto con otros activistas. Abdulemam es un pionero entre los activistas árabes en el uso de Internet para promover una reforma democrática pacífica. Desde su detención se ha creado una campaña para presionar por su liberación y la del resto de detenidos, que promueven, entre otros, los blogueros que menciono a continuación y con los que he tenido la suerte de colaborar estos meses.
  2. Anas Qtiesh: Bloguero y traductor sirio especializado en la blogosfera y el acceso a Internet en Siria. Es editor de GlobalVoices, comunidad internacional de blogueros que hace un seguimiento de la blogosfera y el periodismo ciudadano en cada país.
  3. Hicham Almiraat: Médico marroquí residente en Francia, es autor de Global Voices y co-fundador junto con Jillian C York del foro por el diálogo y la libertad de expresión en Marruecos Talk Morocco,. Escribe sobre gobernanza, derechos humanos y hace un seguimiento de la blogosfera marroquí y los riesgos y problemas a los que se enfrentan los blogueros en su país y en el resto de la región.
  4. Jillian C York: Periodista estadounidense que escribe sobre activismo y libertad de expresión, con un enfoque especializado en Oriente Medio y Norte de África y en las comunidades musulmanas en EEUU. Trabaja en el Berkman Center for Internet and Society de Harvard, es co-fundadora del foro sobre Marruecos Talk Morocco, autora de Global Voices y colaboradora de distintos medios, en los que ofrece una visión que no abunda en los medios de comunicación estadounidenses.
  5. Malek Al-Khadraoui: Activista tunecino residente en París, es administrador del blog colectivo Nawaat.org, blog colectivo sobre noticias relacionadas con Túnez que incluye el proyecto Tunileaks, que recopila y analiza los cables de Wikileaks relacionados con Túnez.
  6. Mohammed al-Gohary: Ingeniero egipcio, responsable de medios sociales del diario Al-Masry Alyoum. Cuenta desde dentro la tensión entre el Gobierno de su país y la sociedad civil, la represión contra la libertad de expresión y en particular contra blogueros y activistas en Internet. Ha ofrecido una amplia cobertura de las elecciones en Egipto y la cuestionable victoria del Partido Nacional Democrático, que gobierna desde hace casi 60 años, y de las protestas tras los ataques a una Iglesia copta el 1 de enero Alejandría.
  7. Mustafa AlHasan: Periodista saudí basado en Líbano y en distintos países del Golfo. En el contexto de Arabia Saudí, aliado de los países occidentales y del que apenas se visibilizan los abusos (hablamos sobre el contraste entre la visibilización mediática de Irán y Arabia Saudí aquí), AlHasan ofrece desde dentro una perspectiva muy valiosa para acercarse a asuntos relacionados con la libertad religiosa, la igualdad y los derechos humanos en su país y en el resto de la región.
  8. Nasser Weddady: Activista mauritano dedicado a la defensa de los derechos civiles en Oriente Medio y Norte de África. Es el Outreach Director del Congreso Islámico Americano, que promueve la tolerancia y el diálogo enre las comunidades musulmanas y el resto de poblaciones. Ha formado parte del movimiento contra la esclavitud en Mauritania y es especialmente activo en campañas por la liberación de blogueros detenidos en países como Bahrein.
  9. Ramy Raoof: Autor del Blog Egipcio por los Derechos Humanos y de Global Voices,  comparte, al igual que Gohary, la actualidad egipcia desde dentro en un contexto de aumento de la represión. Sus últimas contribuciones incluyen la cobertura a través de Twitter de las protestas en El Cairo solidaridad con las víctimas de la represión en Túnez.
  10. Sami Ben Gharbia: Activista tunecino, Director de Global Voices Advocacy y co-fundador de Nawaat. En un país en el que la represión contra cualquier forma de oposición al Gobierno va en aumento, la contribución de Ben Gharbia ha ayudado a atraer la atención sobre campañas de represión como la última que ha puesto en marcha el Gobierno contra el pueblo de Sidi Bouzid. Es también un referente en el análisis del activismo digital árabe, con textos como The Internet Freedom Fallacy and the Arab Digital Activism.

Son sólo algunos de los activistas que comparten distintos aspectos de la realidad en la región, en muchos casos arriesgando su vida, y que aportan una perspectiva necesaria y valiosa para conocer el contexto de estos países y lo que ocurre en rincones donde no siempre hay cámaras para mostrárnoslo.


Ha pasado más de un año desde la llamada “Revolución iraní en Twitter”, que reflejaba la euforia ante el potencial de Internet y las redes sociales para cambiar el mundo. El mundo sigue hoy plagado de gobiernos autoritarios donde la represión de la libertad de expresión se ha extendido de los espacios físicos a los digitales, y a la euforia inicial ha seguido un cuestionamiento de si es realista confiar en que las voces de la sociedad civil a través de Internet podrán minar el autoritarismo de los estados. Especialmente en regiones como Oriente Medio y Norte de África, dominado en su mayoría por gobiernos represivos que reciben un tratamiento muy distinto por parte de Occidente: el apoyo de las reclamaciones de la sociedad civil en unos casos y el silencio y la invisibilidad en otros.

Internet ha ayudado a parte de las sociedades civiles de países con sistemas autoritarios a encontrar  canales en los que expresarse con una libertad que no abunda en los espacios físicos. A través de blogs, foros, sitios web o redes sociales como Facebook y Twitter, cuestiones y debates censurados en los espacios públicos de países como Irán, Arabia Saudí o Egipto han encontrado un margen de expresión, ofreciendo un balón de oxígeno a voces reprimidas hasta entonces (hablamos de esto aquí). Pero no era difícil prever que ese margen dependería de la capacidad de reacción de los gobiernos de estos países. A medida que han ido entendiendo el potencial de estos nuevos espacios, los Estados han comenzado a fijar su atención en los movimientos de los usuarios a través de los distintos canales y servicios de Internet, a ocupar esos mismos espacios con sus propias fuentes de información, a controlar, redirigir o desviar los debates y a silenciar las voces contrarias a sus políticas.

Según el proyecto Threatened Voices, que hace un seguimiento de blogueros amenazados, arrestados o asesinados, estos son los países que encabezan la lista, junto con el número de blogueros amenazados en 2010:

Además de estos países, en los últimos meses ha escalado puestos Bahrein, que a pocos días de las elecciones reprime las reclamaciones de la población chií y protagoniza una oleada de detenciones sin juicio a activistas por los derechos humanos, como el bloguero bahreiní Ali Abdulemam (el banner que encabeza esta entrada es la imagen de la campaña por su liberación).

En todos estos países se violan los derechos humanos, pero no todos reciben la misma presión mediática, y es difícil no asociar esta visibilización de la represión de la libertad en Internet en unos casos y no en otros con los distintos intereses geoestratégicos de los países occidentales.

La postura de Estados Unidos y la mayoría de países europeos con respecto a la represión de la libertad en Internet en estos países no se desmarca del resto de sus políticas. Cuando los gobiernos son aliados, se sellan con ellos compromisos y acuerdos sin tener en cuenta las castigadas sociedades civiles árabes, como en el caso de Arabia Saudí, que está en la lista de países “Enemigos de Internet” que elabora Reporteros sin Fronteras. Cuando los países no son aliados llueven las críticas y las condenas a la represión de las voces de los ciudadanos, como en el caso de Irán. Lo que se conoció como “revolución iraní en twitter” es criticado por muchos como una campaña magnificada por Estados Unidos y Europa para mostrar al mundo la oposición interna al gobierno de Irán.

Por legítimas que sean las críticas a Irán y a sus abusos de los derechos humanos, el distinto baremo con el que se mide a unos y a otros hace difícil creer que Estados Unidos y los países europeos puedan liderar el apoyo a la libertad de expresión en Internet. Esta es una de las ideas centrales del muy comentado artículo de Sami Ben Gharbia, activista tunecino y Advocacy Director de Global Voices:  La Falacia de la Libertad en Internet y el Activismo Digital Árabe, que cuestiona los intereses estadounidenses al apoyar el activismo digital árabe y sostiene que ese apoyo no sólo no beneficia, sino que perjudica y pervierte la lucha de las sociedades árabes por la libertad de expresión:

Muchos fuera de Estados Unidos, no sólo en el mundo árabe, tienen la impresión de que el mantra de Libertad en Internet que emite Washington encubre su agenda geopolítica. Las políticas de promoción de la Libertad en Internet seguirán proyectando las mismas prioridades. (…) La hiperpolitización del movimiento de activisimo digital y la apropiación de su éxito para alcanzar objetivos geopolíticos y satisfacer a la burbuja de Washington pueden considerarse como “el beso de la muerte”.

En palabras del periodista palestino-estadounidense Rami Khouri en el NY Times:

“Es difícil tomar en serio a gobiernos que financian a jóvenes activistas árabes mientras proporcionan también fondos y armas que ayudan a cementar el poder  de los mismos gobiernos árabes que los jóvenes activistas luchan por cambiar.”

La agenda occidental se ve en iniciativas como el National Endowment for Democracies, del mismo modo que se ve en encuentros como los que se celebran en el marco de ITU, la Agencia de la ONU para asuntos relativos a las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Estos encuentros, que tienen el objetivo de “conectar el mundo en beneficio de la comunidad global, y en particular del mundo en desarrollo”, integran  y normalizan la presencia de gobiernos represores de las libertades y no a representantes de la sociedad civil de esos países. Se extienden también iniciativas como el foro MENA ICT, evento sobre Servicios de Tecnologías de la Información y la Comunicación en Oriente Medio y Norte de África, en el que se analizan distintos aspectos de los avances de la tecnología en la región, excepto los relativos a las libertades.

Habrá esperanza para la libertad en Internet en la misma medida en que la haya para la libertad a secas. En la medida en que las sociedades civiles continúen encontrando nuevos espacios en los que expresarse, reclamar sus derechos y soertear la censura. Dados los esfuerzos de los estados por controlar a sus ciudadanos, también a través de Internet, y la poca coherencia del apoyo occidental a las voces de sociedades civiles que buscan nuevas vías de expresión, quizás la esperanza está, como planteaba hace unos días un usuario un twitter, “no en el modo de gobernar Internet, sino en diseñarla para que sea ingobernable.”


Conocí a Raed Jarrar en la conferencia Internet at Liberty, organizada por Google y la Universidad Central de Budapest del 20 al 22 de septiembre. Este arquitecto y bloguero iraquí nacionalidado estadounidense se convirtió en 2005 en un fenómeno mediático tras ser detenido en el aeropuerto JFK de Nueva York por llevar una camiseta que ponía en árabe y en inglés: “No nos callaremos”. Llevó a juicio al Departamento de Estado de EEUU por atentar contra sus derechos constitucionales y ganó la demanda. Ahora trabaja como consultor sobre Irak en el American Friends Service Committee.

Hemos hablado con él sobre lo que supone compartir opiniones sobre asuntos políticos y sociales a través de un blog en países que limitan la libertad de expresión, los riesgos y amenazas a los que se enfrentan los ciberactivistas, el papel de gigantes como Google y Facebook y la implicación de doble filo de los países occidentales en la región.