Alianzas

En estas fechas se recuerda el nacimiento de Jesucristo con los tradicionales Belenes de Navidad, escenas que asociamos con el mensaje de paz, amor e inocencia del nacimiento del profeta del Cristianismo. Tanto en los Evangelios como en el Corán, el libro de los musulmanes, se menciona Belén como la ciudad del nacimiento de Jesús, pero ¿cómo es hoy esa misma ciudad?

Esta es una de tantas escenificaciones del nacimiento de Jesús en Belén que se ven por todo el mundo en estas fechas:

Imagen de un Belén de la State Library and Archives de Florida

Y esta es la ciudad palestina de Belén en 2010:

Imagen de Palestineremembered.com

Belén es hoy una ciudad de unos 30.000 habitantes. La religión mayoritaria es el Islam, que convive con una de las mayores comunidades cristianas de Palestina. La ciudad, a sólo 7 kilómetros de Jerusalén, está atravesada por el muro de Apartheid que Israel construye desde 2004, desde Beit Sahur por el norte hasta Beit Jala por el sur. (Beit Jala es una de las zonas más antiguas de Palestina y es conocida por sus olivos centenarios, de los que se dice que muchos llevan allí precisamente desde la época de Jesucristo.) El avance del muro y sus consecuencias en la vida diaria de los palestinos es el avance en la política de hechos consumados de la ocupación, que viola las fronteras establecidas por las Naciones Unidas y la legalidad internacional.

El Muro separa a familias, a niños de sus colegios, a agricultores y campesinos de sus tierras. Ha afectado al turismo, la principal actividad económica de Belén, y ha disparado el desempleo. Las cifras del turismo, especialmente en estas fechas simólicas para los cristianos, son positivas sobre el papel, pero es un dinero que no repercute en los palestinos. Las rutas turísticas religiosas que organiza Israel por los distintos centros de peregrinación cristiana suelen incluir una breve parada en la iglesia de la Natividad de Belén, con regreso a Israel en el mismo día.

“Los israelíes controlan el turismo, se queja Alan Ali, un tendero de la zona. Ahora los turistas ya no entran a Belén por la entrada tradicional, sino por otra ruta, a causa del Muro. Lo puedes ver aquí en las calles. Ningún turista se acerca. Les dicen “tened mucho cuidado porque esto no es seguro. No compréis y no comáis nada.”

La entrada de los palestinos a Belén también está restringida. Israel sólo entrega permisos de entrada a Belén a un número determinado de  palestinos cristianos al año, siempre menores de 15 años y mayores de 35. Fady Salfiti, palestino de Gaza residente en España, me cuenta que su hermana irá este año de visita a Belén por última vez, ya que en unos meses cumplirá los 16.

Este contexto de ocupación militar, de soldados, checkpoints y muros de separación contrasta con el Belén bíblico que se representa en todo el mundo como espacio de paz, amor e inocencia durante la celebración de la Navidad. Precisamente sobre este contraste trabaja la iniciativa de Leo Bassi con el centro social La Tabacalera, el Belén de Lavapiés, que busca reflejar cómo sería la escena del Nacimiento si Jesucristo hubiese nacido este año en el mismo sitio y concienciar sobre la necesidad de reclamar el fin de los abusos que sufre el pueblo palestino. Abusos que chocan tanto con la Declaración Universal de Derechos Humanos como con el mensaje de amor y paz de Jesucristo.

El decorado y las escenas del Belén de Lavapiés van cambiando cada día en función de la realidad sobre el terreno. Aquí podéis ver algunas de las imágenes:

Imagen de Fady Salfiti

Imagen de Fady Salfiti


De dcha a izq: Ahmet Emid Dag, Ann Wright, Teresa Aranguren, Vangelis Pissias

El 16 de diciembre asistí a la conferencia “Palestina, de las palabras a los hechos. La ciudadanía en acción: el activismo del siglo XXI”, como parte del VII Festival Interpueblos, organizado por la asociación Cultura, Paz y Solidaridad. Esta edición se centra en el activismo como forma de presionar a los gobiernos para que pasen del discurso a los hechos en la defensa de los derechos humanos. Una brecha entre la teoría y la práctica y una necesidad de movilización ciudadana que están más de actualidad que nunca con las revelaciones de Wikileaks.

“Para quien sufre un atropello lo más duro es la sensación de abandono e indiferencia”. Así comenzó su intervención Teresa Aranguren, periodista que ha trabajado durante décadas como corresponsal de guerra en Oriente Medio. Recordó a las víctimas de los conflictos, pidió que no caigan en el olvido y mencionó a Ulises: “Gaza es la Ítaca a la que hay que llegar para recuperar la dignidad humana.”

Ahmet Emid Dag, Vicepresidente de IHH Humanitarian Relief Foundation, presentó el trabajo de la organización que puso en marcha la Flotilla en la que perdieron la vida nueve activistas, todos ellos turcos. Según Dag, la Flotilla marca una nueva época de las movilizaciones de la sociedad civil y de la incidencia internacional de la causa palestina.

Vangelis Pissias, Profesor de la Universidad Politécnica de Atenas y activista de la iniciativa Ship to Gaza Greece, contó la estrategia de la iniciativa Free Gaza, primera expedición por mar para romper el bloqueo que surgió durante la agresión israelí de Líbano y Palestina en 2006. Durante los inicios del proyecto, Israel reaccionó boicoteándolo, pero esto no impidió que más países, 17 concretamente, se uniesen a la iniciativa de impulsar una lucha activa contra el bloqueo de Gaza. Intelectuales como Noah Chomsky y Harold Pinter lo apoyaron y contribuyeron construyendo el discurso que sirve de soporte a la actividad del proyecto. Un discurso basado en la declaración universal de Derechos Humanos y en la necesidad de un cambio político, ya que es contra un crimen político que lucha.

¿Cómo puede ser que alguien que vive junto al mar no pueda entrar o salir por mar?, se preguntaba Vangelis.  Es un crimen que el mundo civilizado acepta.

Según Vangelis, la Flotilla supuso un cambio en la percepción internacional de Israel. “La opinión pública ha empezado a ver a Israel como el estado de Apartheid que es. Ha servido para que países como Grecia o Turquía reaccionasen al ver su soberanía amenazada”. También destacó el punto de inflexión en la forma de hacer activismo. “Estamos trabajando de una forma distinta respecto a hace 20 años, las coaliciones deben ser distintas, la organización de los proyectos también.”

“El objetivo es presionar a los gobiernos y para eso debemos seguir buscando la atención de los medios, que ya no son una herramienta sólo en manos de los poderosos. Las iniciativas en las que trabajamos deben tener en cuenta la forma de comunicarlas y mantener siempre al mundo informado de cada paso. La opinión pública está cada vez más sensibilizada y si atacan de nuevo a la próxima flotilla creo que será un desastre para Israel. La apatía de las sociedades ante la impunidad de Israel se está agotando.”

Ann Wright, que fue durante 40 años Coronel del ejército de EEUU, luego embajadora estadounidense y desde 2003 activista por la paz, contó su evolución y cómo fue la invasión de Irak lo que la hizo abandonar el Gobierno. “No es fácil ser coherente y llegar hasta el final con el cuestionamiento del sistema. La prueba es que miles de personas en el Gobierno se oponían a la guerra y sólo 3 personas dimitieron.” Wright destacó datos de la militarización de su país, como que hay  900 bases militares estadounidenses repartidas por todo el mundo y que el gasto militar de EEUU supera el de la suma del resto del mundo. Respecto a su alianza con Israel, “se basa en los 3 billiones de dólares que le entrega al año y el poder de veto en las Naciones Unidas. Cualquier presión tiene que pasar por EEUU, que entienda que ser amigo de Israel no debe implicar aceptar sus crímenes sino decirles que hay cosas que están mal y no se pueden hacer.  Ahora tengo 300 amigos veteranos de guerra encadenados a la Casa Blanca, ciudadanos tratando de parar la violencia, de decir: no aceptamos esta violencia, no aceptamos estas guerras en las que nos implicáis sin nuestro consentimiento.”

Wright habló sobre Wikileaks y alabó la labor de El País, que según ella está haciendo mejor trabajo que el resto de medios con los que colabora Wikileaks,  revelando crímenes que ha cometido EEUU y que en su país no ocupan portadas. Mencionó el caso Couso como ejemplo de hasta dónde están dispuestos a llegar los Estados por mantener unas relaciones de privilegio con EEUU.

Manuel Tapial habló del cambio que ha supuesto para él el pasar de un activismo de manifestaciones y conferencias al activismo internacional de la Flotilla de la Libertad . Anunció la próxima flotilla y pidió apoyo en la presión a los gobiernos durante el seguimiento del avance de los barcos. Se emocionó al recordar los campos de refugiados de Líbano, abandonados por los gobiernos árabes y con la esperanza puesta en las sociedades civiles.

Hubo más preguntas de las que permitía el tiempo, la mayoría sobre la experiencia de Ann Wright. Estas son algunas:

¿Cómo es el sistema por dentro? ¿Cómo se consigue que un chaval de 19 años dispare a alguien a quien no conoce?

Requiere mucho lavado de cerebro. El ejército de EEUU dispone de más escuelas que nuestro sistema de escuelas público. Muchos chavales se apuntan para tener una formación gratuita, así es como me uní yo. Y una vez dentro, y sometido a ese lavado de cerebro que es una educación integral dentro de ese sistema, requiere mucho valor  salirse de ese modo de pensar. Hay muchos modos de racionalizar lo que uno hace, encontrarle justificaciones, y puedes pasarte así toda la vida. Yo tenía 57 años cuando dimití, así que nunca sabes en qué momento de la vida puede suceder, qué hecho en concreto puede hacer que lo cuestiones todo.

¿Cómo podemos aprovechar las revelaciones de Wikileaks para conseguir que quienes violan los derechos humanos paguen por ello y haya consecuencias?

Consiguiendo que más y más gente presente denuncias contra los Gobiernos, como ha hecho la familia Couso. Yendo al Parlamento en el nombre de leyes como la Freedom of Information Act de EEUU. Apoyando iniciativas como la Flotilla por la Libertad, la campaña de Boicot, Sanciones y Desinversiones, que por las reacciones del gobierno israelí y su empeño en contrarrestarlas están teniendo sus efectos. Uno nunca sabe cuál será la acción particular que desencadenará el cambio, así que hay que seguir moviendo esto, mantenerlo con vida hasta que consigamos nuestro objetivo.

La sesión terminó con una invitación a las próximas actividades del Festival Interpueblos: la construcción de un monumento a las víctimas de la Flotilla en Leganés, ciudad que desde 2006 está hermanada con Belén, y la carrera San Silvestre por Palestina, también en Leganés.

Además, se invitó a los asistentes a visitar el Belén de Lavapiés que ha montando el centro social La Tabacalera con Leo Bassi, que también asistió a la conferencia. El Belén está  rodeado de un muro y cambia cada día de acuerdo a los acontecimientos en la zona de guerra que es Palestina en 2010. El muro se completará el día de Reyes, impidiendo pasar a los Tres Reyes Magos. Más sobre La Tabacalera y el proyecto del Belén de Lavapiés aquí:

Leo Bassi en Tabacanal

Más información sobre las actividades y contenidos del festival aquí:

Rumbo a Gaza. Punto de Inflexión


Simcha Levental frente a imágenes de la exposición

Representantes de la asociación de ex soldados israelíes “Breaking the silence” han visitado Madrid. Su exposición se puede ver en el Círculo de Bellas Artes hasta el 20 de junio, y también en el Patio Maravillas el lunes 14. En 2004, con el título de “Rompiendo el silencio: combatientes israelíes hablan de Hebrón”, un grupo de ex soldados israelíes comenzó a exponer en Tel Aviv las imágenes y testimonios de los abusos cotidianos que los soldados cometen contra los palestinos. Unos abusos de los que toda la sociedad israelí forma parte, ya que el servicio militar es obligatorio durante tres años. Como expone uno de los testimonios, “el Estado deja la enorme responsabilidad de mantener la ocupación en manos de chicos y chicas de 18 años”. Su trabajo se ha extendido a otros países pero el esfuerzo es sobre todo interno, de sensibilización a israelíes sobre la brutalidad de la ocupación.

Simcha Levental (biografía tomada del dossier “Rompiendo el silencio. Los soldados israelíes hablan” [pdf] ) es uno de los fundadores de “Breaking the silence” y su historia personal muestra una evolución que no debió de resultar fácil. Emigró con 14 años desde México con su familia,  judíos ultra-ortodoxos, que decidieron “seguir la llamada de Dios” e instalarse en el asentamiento religioso de Modi´in Illit, construido sobre tierras palestinas. Creció considerando su presencia allí parte de la reinvidicación política del derecho del pueblo judío a poblar la Tierra Santa. El rechazo de su familia a su interés por autores como Shakespeare o materias como el álgebra o las leyes de Newton, prohibidas por la yeshiva, lo llevó a acercarse a la sociedad secular israelí. Durante su período en el ejército sintió que había pasado de un grupo opresor a otro y comenzó a tomar conciencia de lo que había hecho. Lo entrevistamos en Periodismohumano para oír de un ex soldado lo que significa formar parte activa de la ocupación de un pueblo.

La rutina de la ocupación

Simcha habla con un fuerte acento mexicano y la fluidez del que ha repetido su historia cientos de veces, conoce su impacto y el interés que suscita. Es amable, solícito, se esmera en proporcionar todo el material del proyecto que tiene a mano. Natural ante la grabadora que coloco sobre la mesa y que él coge al vuelo y se coloca en el interior del bolsillo de su camisa. “Así lo oirás todo mejor después”.

Pregunta: ¿Durante cuánto tiempo formaste parte del ejército israelí?

Simcha Levental: Tres años, lo que dura el servicio militar obligatorio.

P: ¿Cuál era tu rutina de trabajo?

S.L: Vigilamos los territorios palestinos ocupados. Los checkpoints. Protegemos los asentamientos. Hacemos registros casa por casa comprobando si hay armas…

Simcha habla en presente y en plural de su paso por el ejército, a pesar de que hace años que terminó su servicio militar. Elige, conscientemente o no, el tiempo con que se describe lo habitual, los hechos que se repiten de modo rutinario, para explicar una época que no llega a formar parte del pasado porque cada día y en cada momento se suceden en los territorios ocupados escenas como las que él ha vivido y en las que todos se ven implicados.

P: ¿Cómo es la rutina de un registro? ¿Entráis en la casa de una familia palestina y qué hacéis exactamente?

S.L: Pues entramos, cogemos los DNIs, decimos “todo el mundo al suelo”, encerramos a toda la familia en un cuarto y buscamos por la casa, por los armarios y los cajones a ver si hay armas.

P: ¿Es duro hacer eso?

S.L: Hacerlo la primera vez me dolió mucho, no se me iba de la cabeza el recuerdo de la familia aterrorizada, los niños gritando… Pero a la segunda duele menos, y a la quinta ya no duele. Con el tiempo te conviertes en un robot.

P: ¿Cómo se produce esa toma de conciencia de lo que uno ha hecho? ¿Es un proceso gradual, o hay algo concreto que lo desencadena, algo que marca un antes y un después?

S.L: Es interesante la pregunta, no me lo habían preguntado antes. Fue hablando con compañeros del servicio tiempo después. Cuando eres un soldado, lo más importante en tu vida son tus compañeros, se crean unos vínculos muy fuertes. Y hablando entre nosotros, compartiendo vivencias de esos años, llegamos a entender que aquello que asimilamos como normal no lo era. Que habíamos contribuido, que todos en el ejército contribuimos a crear una nueva generación que nos odia y nos teme por el daño que nosotros les hacemos.

P: ¿Es contar lo que habéis vivido una forma de terapia?

S.L: No. Es una forma de asumir responsabilidad, y de ser un ser humano. Tomar responsabilidad de tus actos, de las cosas en las que participas.

Las imágenes

Nos levantamos y vamos viendo las fotos que cuelgan de la pared, imágenes de gran tamaño y nitidez, en la que se aprecian con enorme nivel de detalle escenas perturbadoras que Simcha va describiendo. Describe lo que se ve en la imagen pero sobre todo describe lo que no se ve. Lo que hay detrás de cada una de esas fotos que remueven al espectador.

Como una serie de imágenes tomadas por soldados tras matar a un palestino que, según cuenta Simcha, se disponía a matar civiles en Israel y al que logaron detener antes. En una de las fotos un soldado sonríe a cámara, el fusil al hombro y el pie sobre el cuello del hombre sin vida, sin camisa y con los pantalones bajados mostrando la ropa interior. Recuerda a las fotos de cazadores exponiendo satisfechos sus trofeos. En otra de las imágenes cinco soldados rodean el mismo cuerpo, al que señalan sonrientes con sus armas.

P: Qué duras estas fotos.

Simcha me corrige, parece algo contrariado.

S.L: ¿Ves?, estas son las fotos que más te molestan a ti, las que más os molestan a la mayoría. Sin embargo estas fotos no son las verdaderamente alarmantes. Este hombre iba a matar a gente y los soldados se sacan la foto porque están satisfechos de haber cumplido su deber de proteger a civiles. Esta foto está bien: te entrenan para matar a tu enemigo, y matar a tu enemigo es como cuando un escalador llega a la cima. A ti te molesta porque no es estético, pero las fotos verdaderamente alarmantes son otras, mucho más cotidianas que estas.

Señala a otra imagen. Se ve a dos soldados muy jóvenes sentados en un sofá de un saloncito, sonriendo a cámara frente a un televisor en el que se proyecta un partido de fútbol.

P: ¿Qué hacen?

S.L: Están viendo el fútbol. En casa de unos palestinos a los que están registrando. Es la vida diaria del ejército, en la que estas cosas se normalizan. A veces hacemos jornadas de 18 horas diarias, y en algún momento tienes que parar a descansar, hacer cosas normales. Aquí estos soldados decidieron descansar en mitad de un mundial y ver el partido durante un registro, mientras los dueños de la casa están encerrados en un cuarto. No ven nada raro en esta situación. Llegamos a ver como normales cosas que no lo son, que se convierten en parte de nuestra vida cotidiana, hasta que un día te das cuenta de que todo esto no es normal. De que la noción de lo que está bien y lo que está mal se nos ha alterado.

P: ¿Me explicas esta foto de los niños?

S.L: Sí, esta foto es realmente dura. Fíjate bien en los niños, ¿qué hacen?

P: Juegan, ¿no? Junto a un soldado israelí, que les sonríe.

S.L: Sí, ¿pero a qué juegan?

Sigo analizando la imagen, mientras Simcha la explica, de un modo especialmente apasionado.

S.L: Fíjate bien. Hay tres niños de espaldas, contra un muro, mientras otros dos les apuntan con un palo, como si fuese una pistola. Juegan a registrarse, a los checkpoints, algo que ven cada día. Estos niños crecen viendo a soldados registrar y apuntar con pistolas a sus padres, a sus tíos…

Se gira hacia otra imagen, también de un grupo de niños, estos ataviados con la kipá judía.

S.L: Y mira estos otros niños. Crecen viendo cómo sus familiares y vecinos agreden y registran a otros, viendo esto como algo  normal.

P: Imagino que no es fácil explicar todo esto en Israel, ¿qué trabajo de sensibilización hacéis allí?

S.L: Es muy difícil hacer entender esto allí. Hacer entender que formamos parte activa del problema. Que no hay forma posible de humanizar una ocupación, de hacerla moral. Que todo lo que nos enseñan, las indicaciones de lo que debemos hacer o no durante el servicio, de lo que está permitido o no, todo eso no sirve porque no hay forma amable de mantener una ocupación. La ocupación en sí deshumaniza, nos deshumaniza a todos, no es posible hacerla “con guantes”. Este el mensaje en el que insistimos. ¿Qué es lo que uno tiene en la vida? La seguridad de su casa, de que no va a venir nadie a echarlo de allí. Y eso es lo que les quitamos a los palestinos.

P: ¿Qué dice en esta pintada?

S.L: “Los árabes a la cámara de gas”.

P: Así que hay judíos que se refieren a un trauma de la historia del pueblo judío para aplicárselo a los palestinos.

S.L: Sí, así es.

Señala una foto en la que se ve a través del objetivo de un arma a un soldado israelí.

S.L: Mira, aquí se ve a un soldado apuntando a otro, probablemente el que está siendo apuntado ni se ha dado cuenta. El arma es parte del paisaje, un juguete más, se ha convertido en un juguete que forma parte de nuestra vida cotidiana.

P: ¿Y estos rostros? ¿Son soldados?

S: Sí, es gente que ha participado en “Breaking the silence”. Para que veáis que no tenemos cuernos, ni nada raro… (sonríe).

La política de Israel

P: ¿Sufrís algún tipo de intento de silenciaros en Israel? Imagino que lo que decís no es algo que todo el mundo está dispuesto a oír, sobre todo desde las autoridades…

S.L: No, Israel es un país democrático. Salvo casos excepcionales, nadie no silencia, subrayaría este punto. Hablamos con 3.000 personas al año, estamos en prensa, tratamos de llevar la realidad a cada casa y somos bien acogidos en general.

P: ¿Ves alguna contradicción entre el carácter judío del Estado y ese carácter democrático?

S.L: No creo. ¿Qué quiere decir judío en realidad? Lo que sí sé es lo que quiere decir democrático. Plenos derechos a todos, prensa abierta, libertad de expresión. Es un país democrático, con libertad de expresión, en el que cada uno puede pensar y decir lo que quiera.

P: ¿Dirías que la minoría árabe de Israel disfruta de los mismos derechos que los judíos?

Duda, lo piensa unos segundos.

S.L: No. No tienen los mismos derechos.

P: ¿Cómo se concilia entonces?

S.L: Esta es una lucha continua contra la corrupción del Estado. Parte de la lucha es que se extiendan los derechos democráticos a todos, pero los testimonios en sí vienen de una visión democrática. La única medicina para la corrupción es tratarla de forma pública e independiente.

P: ¿Qué política crees que debe seguirse para alcanzar una solución justa para todos?

S.L: Yo no soy político, hay gente inteligente que tiene miles de soluciones. Yo sólo soy experto en qué supone ser un ocupante. Les traigo esta realidad a todos para que quien pueda tome sus decisiones. Para que quienes tienen la capacidad de tomar decisiones políticas lo tengan en cuenta.

P: No sé si has seguido lo sucedido con la Flotilla de activistas internacionales que trataban de romper el cerco a Gaza. ¿Qué piensas de lo ocurrido?

S.L: Esto es algo que me molesta bastante… Se le da una enorme importancia a esta flotilla, y no a lo que sucede en los territorios ocupados cada día. Hay que fijarse en lo cotidiano: en los pescadores palestinos a los que se limita la capacidad de pescar, por ejemplo. Me gustaría que el enfoque se centrase en lo cotidiano. Aparte de eso, sí debería hacerse una investigación pública e independiente de lo que sucedió con los activistas.

P: ¿Trabajáis con palestinos desde la asociación?

S.L: No. El trabajo que hacemos es sobre todo con judíos. Hablamos con judíos de Israel, de EEUU, con comunidades europeas… Es más bien un trabajo interno. El 90% de mi trabajo es dentro de Israel, y lo que más me importa es el proceso que nosotros mismos estamos sufriendo. Esta es una lucha por el corazón de Israel, por la moralidad que pierde a través de su paso por el ejército. Pero sí tengo amigos palestinos, y algunos  me han comentado que también les gustaría poder pasar por un proceso de romper el silencio como nosotros lo estamos haciendo. El silencio afecta a muchos pueblos, no sólo a Israel, y me gustaría ver a otros pueblos llevar a cabo este mismo proceso. Israel tiene una buena sociedad, pero debemos parar esto.

Ante testimonios como los de Simcha y el resto de soldados, una no puede dejar de preguntarse qué más hace falta para que se ponga fin a esta situación. El extremo al que llegan los abusos y la normalización de las torturas es de sobra conocido y ante estos testimonios de los propios agresores resulta aún más difícil ignorarlos. Sin embargo, sigue mirando para otro lado la mayor parte de la comunidad política internacional, que no muestra intención alguna de presionar política y económicamente a las autoridades de Israel para que pongan fin  a la injusticia inherente a la ocupación.


El ejército israelí detuvo el viernes en Bil´in a Huwaida Arraf, una de las artífices de la iniciativa de la Flotilla, cofundadora del Free Gaza Movement y del International Solidarity Movement. Había sido detenida en uno de los barcos y posteriormente liberada. Es la última de muchas detenciones que ha sufrido esta activista palestina-estadounidense que lleva años dedicada a la resistencia no violenta contra la ocupación israelí.

Huwaida Arraf en la manifestación pacífica en Bil´in, antes de ser detenida

Alrededor de Huwaida y su presencia en uno de los barcos se ha tejido una enrevesada trama que trata de manchar su imagen y que acabó el viernes con su detención por parte de las autoridades israelíes. Huwaida fue liberada el sábado. Ha sido el último intento de silenciar a esta activista estadounidense, en la que Israel se ha cebado especialmente  desde la partida de la Flotilla.

El miércoles Israel destapó unas grabaciones en las que supuestamente se oía la voz de Huwaida junto con la de otros activistas emitiendo insultos racistas contra los judíos desde el Mavi Marmara, el barco que encabezaba la Flotilla y en el que viajaban un mayor número de activistas. Poco después se demostró que aquella no era la voz de Huwaida y que, además, ella no viajaba en el Mavi Marmara, sino en otro de los barcos. Se pueden oír las diferencias entre las distintas grabaciones en el blog de Jared Malsin. El gobierno israelí salía al paso del desmentido poco después, reconociendo que la grabación “se había alterado”, un hecho grave de manipulación de la información que sin embargo ha pasado  desapercibido. A pesar del desmentido, no han dejado de llover contra Huwaida acusaciones que se suman a la persecución mediática que llevan años sufriendo, y que incluyen desde acusaciones de antisemitismo hasta la alianza con Hamas e incluso de colaboracionismo con la CIA.

¿Por qué este especial interés en manchar la imagen de Huwaida Arraf?

Tanto el trabajo de Huwaida como su historia personal han cobrado un gran simbolismo en la lucha por los derechos humanos y las reclamaciones de autodeterminación del pueblo palestino. Nacida en Detroit, Michigan, es hija de una familia de palestinos cristianos, su madre originaria de Jerusalén y su padre de Galilea. Tiene doble nacionalidad estadounidense e israelí. Se especializó en Ciencias Políticas y Estudios Árabes y Judíos en la Universidad de Michigan y es Doctora en Derechos Humanos Internacionales y Derecho Humanitario. Estudió también en la Universidad Hebrea de Jerusalén y pasó un tiempo aprendiendo hebreo en un kibbutz. No se puede decir, por tanto, que sea desconocedora ni de la identidad judía ni de la realidad israelí. Además del trabajo que realiza sobre el terreno, es activa desde hace años en la difusión de la opresión que sufren los palestinos, algo que desafía la posición oficial estadounidense, más proclives a apoyar las posturas de las autoridades israelíes. No es extraño, por tanto, que se la considere una amenaza para la blindada versión oficial israelí del conflicto, en un contexto de cada vez mayor represión de las manifestaciones contrarias a sus políticas. El alcance de esta represión quedó en evidencia hace unos días, cuando Israel prohibió la visita de Noah Chomsky, uno de los intelectuales más reconocidos mundialmente, a la Universidad de Bir Zeit, en territorio palestino.

Huwaida Arraf está casada con un estadounidense de familia judía, el cineasta y también activista por los derechos humanos Adam Shapiro. Se conocieron en Jerusalén, cuando ambos trabajaban en Seeds for Peace, centro de promoción del diálogo entre la juventud judía y palestina. Juntos fundaron, junto con la israelí Neta Golan y los palestinos Ghassan Andoni y George N. Rishmawi, la iniciativa International Solidarity Movement, que promueve la resistencia no violenta a las agresiones israelíes. El ISM fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 2004. Además, ambos trabajan en el Free Gaza Movement, iniciativa que busca romper el bloqueo de Gaza mediante el envío de barcos de ayuda humanitaria a la Franja y que respaldan intelectuales y defensores de los derechos humanos como el arzobispo Desmond Tutu y el propio Noah Chomsky.

La trayectoria personal de ambos, su encuentro y su historia de amor ha sido contada en diversos medios de comunicación, entre ellos The Guardian, que lo titulaba “Love under fire”. Esta historia, y el trabajo que ambos realizan, envían un poderoso mensaje:  la lucha por los derechos humanos es universal y trasciende el cariz religioso del que a menudo se rodea el conflicto entre Israel y los palestinos.

Leer la entrevista que periodismohumano le ha hecho a Huwaida Arraf

El próximo 15 de mayo es el aniversario de lo que los israelíes conocen como el Día de la Independencia de Israel y los palestinos como la “Nakba”, o catástrofe palestina. Durante toda la semana se celebran en paralelo actividades de conmemoración en distintas ciudades del mundo, desde enfoques opuestos. La celebración ha ido acompañada en los últimos años de un intento de negar el derecho a la expresión del duelo palestino.

Palestinos esperan un barco en Haifa, tras ser expulsados por el ejército judío en 1948 (AP)

El avance de la ocupación israelí, que desde el ámbito de lo físico y lo territorial se extiende a todo el resto de  ámbitos, arrincona a los palestinos no sólo geográficamente sino en el terreno de las libertades fundamentales, como la expresión de su identidad. Uno de los ejemplos más recientes y sonados es el Proyecto de Ley de la Nakba presentado por Avigdor Lieberman, el ultraderechista Ministro de Exteriores israelí (recibido hace unos días por el Presidente español). El Proyecto de Ley propone prohibir y tipificar como delito la celebración de eventos públicos o ceremonias para conmemorar la Nakba palestina. Esto supone privar a los palestinos que permanecieron en Israel tras el establecimiento de este estado en 1948 de la libre expresión de dolor por el sufrimiento de su pueblo. El texto dice literalmente que se impondrán penas a quien “muestre signos de tristeza o luto en las fronteras de Israel”, unas fronteras que el Estado israelí continúa sin definir y que expande ilegalmente mediante asentamientos judíos en zonas declaradas palestinas según las Naciones Unidas. Según el Centro por los Derechos Civiles de Israel, la mayor organización de derechos humanos israelí, legislaciones de este tipo suponen un brutal atentado contra la libertad de expresión y un gran retroceso en materia de derechos civiles.

La tendencia se extiende a la educación. El Ministerio de Educación israelí ha eliminado también el término “Nakba” de los libros de texto de alumnos de primaria de origen palestino en colegios israelíes. El párrafo en el que se menciona este término dice Los árabes llaman a esta guerra “Nakba”, guerra de catástrofe, pérdida y humillación, mientras que los judíos lo conocen como “Guerra de Independencia”. Según el gobierno este término en el ámbito educativo supone incentivar la propaganda antiisraelí.

Esta legislación es un paso más en la reafirmación de un pueblo mediante la negación de otro. Un proceso que impregna los distintos ámbitos de la vida pública y que contribuye a destruir la memoria.

Precisamente la memoria es el tema de una de las actividades con las que se conmemora en España la creación del Estado de Israel. La Casa Sefarad- Israel celebra esta semana el congreso “Trauma y Memoria. Primer Congreso Internacional de Psicotraumatología”, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, la AECID y la Comunidad de Madrid.  La iniciativa busca tender puentes entre especialistas en los efectos psicológicos de los conflictos,  investigadores judíos del Holocausto y otros  procedentes de distintos países que pondrán en común las lecciones aprendidas del Holocausto. Los organizadores del Congreso describen el porqué de esta puesta en común:

Los estudios sobre las víctimas de la Shoah (el Holocausto judío) nos brindan un contexto teórico que  permite la investigación y  el acercamiento a otros tipos de víctimas (guerras, terrorismo, maltrato en general…) Pero ante todo nos obligan a una doble reflexión: por un lado sobre lo indecible del horror, y por otro sobre las formas de superación y valentía del ser humano en situaciones  de catástrofe.

El Congreso plantea el Holocausto como ejemplo que puede ayudar a superar sus traumas a otros colectivos, e incluye aportaciones sobre la situación de los tutsis en Ruanda, el genocidio armenio y la identidad árabo-bereber en Mauritania, con especial atención a los efectos en los niños. Para quienes conocen la situación actual entre Israel y los palestinos, resulta difícil no echar en falta la conexión con el trauma del pueblo palestino. No hay ninguna mención a los traumas derivados de la creación del Estado de Israel, como los efectos psicológicos de vivir entre checkpoints o aislados por un muro de separación. Las lecciones que enseña el Holocausto, y que sirven para ayudar a otros colectivos a superar sus traumas, ¿no podrían servir también para tratar de poner fin al sufrimiento del pueblo vecino?

Quizás sería enriquecedor plantear el Congreso como una puesta en común del sufrimiento de ambos pueblos y el modo de superarlos juntos, aprendiendo de las víctimas la necesidad de respetar la identidad y los derechos del otro. De otro modo es una actividad decontextualizada que parte de la exaltación del sufrimiento de unos y la negación, una vez más, del otro.


Aunque con cierta discreción y procurando que no trascienda demasiado, el Gobierno español ha recibido con honores de jefe de estado a Avigdor Lieberman. ¿Quién es este político con el que el Presidente se ha reunido con sigilo y al que ha escuchado y atendido ofreciéndole la mayor legitimidad diplomática?

El Ministro de Asuntos Exteriores israelí Avigdor Lieberman, a la derecha, estrecha la mano de su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos en el Palacio de Viana. Madrid, jueves 22 de abril. Imagen de STR. AP.

Lieberman es el Ministro de Asuntos Exteriores israelí, que representa el ala más ultraderechista del gobierno derechista de Israel. Emigró desde Moldavia a Israel en los años 70 y formó parte del partido Kach, que pide la expulsión de todos los palestinos del territorio que consideran judío según la Biblia. Kach fue ilegalizado por sus ataques terroristas y figura en la lista de organizaciones terroristas del gobierno de Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá. Tras su paso por esta organización, Lieberman formó la suya propia: Yisrael Beytenu (“Israel es nuestra casa”), que según explica la propia web del partido se basa en la política de emigración de judíos a Israel, establecimiento de colonias judías (en zonas declaradas palestinas), y defensa armada del territorio por un Israel seguro y judío. El partido aglutina principalmente a inmigrantes de las ex repúblicas soviéticas que se han convertido en un grupo de población clave a la hora de hacer pactos electorales.  A pesar de su posición abiertamente racista, o a causa de ella, Lieberman asumió en 2009 el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno israelí, desde donde anima a un recrudecimiento de las posiciones antipalestinas.  Se refiere a Gaza y Cisjordania como Judea y Samaria y hace apología de los asentamientos ilegales,  viviendo él mismo en uno como forma de ostentación de su posicionamiento en el conflicto. Es frecuente oirle terminar sus discursos con un “¡Muerte a los árabes!”. Estas son algunas otras perlas de sus discursos:

Nuestros soldados están haciendo un buen trabajo en Gaza, pero la solución no es la invasión. La solución pasa por medidas como la que EE.UU adoptó con Japón en Hiroshima y Nagasaki.

Cuando se da una contradicción entre valores democráticos y valores judíos, deben primar los valores judíos y sionistas.

Ejecutemos a los diputados árabes que entablen contactos con Hamás.

Los árabes de Israel tendrán que encontrar una nueva entidad árabe en la que vivir. Este no es su lugar. Pueden recoger sus cosas y marcharse a algún otro sitio.

Ahogaremos a los palestinos en el Mar Muerto.

Las conversaciones con Moratinos y Zapatero se centraron sobre todo en la represión contra trabajadores de ONGs, información recogida  por varios medios como El País.  Pero en visitas como esta lo de menos es el tema de conversación.  Lo cuestionable es la legitimidad que se da al invitado al recibirlo. Esta visita no es sólo incómoda para el gobierno y objetable desde el punto de vista de los derechos humanos. También es innecesaria. Con gestos como este, el gobierno español está ofreciendo a Israel una legitimidad que ni siquiera le ofrecen gobiernos europeos derechistas conocidos por un apoyo casi incondicional a Israel.

Como Francia. Nicolas Sarkozy se negó a recibir a Lieberman cuando Netanyahu le comunicó que pensaba enviarlo en visita diplomática. El Presidente francés le pidió que se deshiciera de él y le recomendó en su lugar a Tzipi Livni. Livni tiene suficientes crímenes de guerra a sus espaldas como para que un tribunal británico abra una orden de captura contra ella bajo la ley de jurisdicción universal, pero la mayoría de los gobiernos occidentales la ven con buenos ojos. El discurso abiertamente racista y de incitación al genocidio de Lieberman es, sin embargo, demasiado hasta para los gobiernos más derechistas de Europa. No para el español.

¿A qué juega España en política internacional? ¿Cuál es su posicionamiento, más allá de tibias peticiones de cese de la violencia? Sorprende esta absoluta falta de coherencia en el trato a un país que viola sistemáticamente la legalidad internacional. Acuerdos económicos, venta de armas, estrechamiento de lazos diplomáticos son el premio a una política de apartheid que no encuentra apenas resistencia por parte de los gobiernos occidentales. Pero es precisamente un gobierno que se dice socialista quien da la bienvenida a uno de los políticos que más han hecho para impedir una solución justa y equitativa al conflicto entre Israel y los palestinos. España ostenta además la presidencia de la Unión Europea, lo que refuerza aún más la legitimidad ofrecida al actual gobierno israelí y su ala más radical. ¿Está España tan abierta al diálogo que dialoga con ultraderechistas racistas? Parece ingenuo pensar que pueda surgir una conversación constructiva con un político que aboga por el cese de cualquier diálogo con los palestinos.


En la guerra por el territorio que libra Israel con los palestinos, juega un papel clave la correcta comunicación del mensaje. Tan relevante como los hechos sobre el terreno, o más, es la narración de los hechos sobre el terreno. Israel es muy consciente de ello pero incluso este Estado que depende en gran medida de su proyección mediática comete a veces errores que ponen en evidencia sus contradicciones.

La legitimidad del Estado israelí está en entredicho por sus constantes desafíos a la legalidad internacional. Sin embargo, la actitud que actualmente toma  el gobierno israelí ante las críticas no es la de una reflexión sobre la forma y el fondo de la ocupación que mantiene en el territorio legalmente declarado palestino, sino un enfoque de marketing y comunicación. El debate se centra en las mejores estrategias para resaltar los aspectos positivos de Israel y mantener el foco alejado de las violaciones de derechos humanos, lo que se refleja en campañas e iniciativas de distinto tipo.

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En este debate radiofónico de la agencia de relaciones públicas PRNewser distintos expertos en relaciones públicas hablan de la percepción pública de Israel como algo tan crucial como sus armas militares y su propia existencia. Algunos expertos en relaciones públicas recomiendan un enfoque moderno y renovado para hacer frente a las críticas, a través del uso de redes sociales, y otros prefieren un enfoque “top-down”, en el que desde las autoridades se determine el mensaje común. Se menciona también una campaña de “relaciones públicas preventivas” de cara a futuras agresiones que puedan despertar críticas.

En esta estrategia de visibilización de sus aspectos positivos, Israel cuenta con una gran capacidad mediática. Conscientes del potencial de las Tecnologías de la Información y la Comunicación y las redes sociales como nuevas formas de transmitir y compartir información, han puesto en marcha distintas campañas a través de Internet, sin descuidar las tradicionales. Durante los momentos de mayor cuestionamiento de su despliegue militar, el ejército israelí abrió un canal de televisión por cable dedicado a emitir informes desde Gaza y un canal en Youtube (algo que ningún ejército había hecho antes) para contar su versión de los ataques y calmar los ánimos frente a la dureza de las críticas. Desde estos canales comparten la visión de los agresores en distintos foros y redes sociales. Estas iniciativas entran dentro de lo que en los medios israelíes se conoce como hasbara (propaganda), un término que cada vez se usa más desde fuera de Israel para referirse a las campañas de apoyo a las agresiones israelíes.

Pero la estrategia no se limita a contar su versión de los hechos, sino que hay un esfuerzo por desviar la atención a otros asuntos. Esta semana Israel ha hecho público un plan para desafiar el poder del petróleo mediante el fomento de las energías renovables (la noticia completa en el blog de Jonathan Cook).  De esa forma reviste la “lucha contra el terror” global de un manto de sostenibilidad y respeto por el planeta y sus recursos naturales. Según Avner de Shalit, Profesor de Política en la Universidad Hebrea de Jerusalén, con este paso Israel busca la simpatía de Occidente en un tema de interés general y que esto haga ceder las reclamaciones de cesiones a los palestinos.

Este repentino interés por el medio ambiente no concuerda con el historial, muy pobre, de Israel en cuestión de sostenibilidad, como afirma Gideon Bromberg, presidente del grupo israelí Amigos de la Tierra. Es de sobra conocida la destrucción de tierras y recursos naturales que lleva a cabo en zonas palestinas, entre otras violaciones de los derechos humanos y la legalidad internacional pero ¿conseguirá aún así posicionarse como un país respetuoso del medio ambiente y la sostenibilidad? En un contexto de preocupación global por el cambio climático, no sería extraño que una iniciativa medioambiental ambiciosa pesase más en la balanza que las violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Imagen: Dora McPhee. Australians for Palestine

A pesar del despliegue de medios e iniciativas,  incluso Israel comete errores de comunicación que pueden dejarlo en evidencia. La incoherencia entre el mensaje de diálogo que trata de proyectar el encuentro entre el Vicepresidente de EEUU Joseph Biden y el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu y el mensaje de absoluta falta de voluntad de cualquier cesión a los palestinos que transmite el anuncio de la creación de nuevas colonias en Jerusalén Este (ocupado ilegalmente en 1967) ha puesto esta contradicción en el foco de atención mediática. Analizando el día a día de los hechos y el modo en que Palestina desaparece gradualmente del mapa (imagen de la pérdida de territorio  a la izquierda, podéis ver la evolución completa por años aquí) parece evidente la falta de compromiso del gobierno israelí con una solución que no sea unilateral. Sin embargo ha hecho falta un error garrafal de comunicación y medición de los tiempos para visibilizar lo que es una realidad cotidiana: la contradicción entre el discurso de paz que lanza Israel a través de los medios de comunicación y su boicoteo sobre el terreno de cualquier posibilidad real de paz.

¿Ganará visibilidad esta incoherencia o cobrarán peso iniciativas que desvíen la atención a otros asuntos?


La semana pasada, en el Simposio sobre Acción Social y TIC eSTAS, hablamos mucho sobre empoderamiento. Vimos distintos ejemplos de cómo las Tecnologías de la Información, y en particular la Web Social, han permitido a los usuarios gestionar sus contenidos y crear sus propios espacios frente a las estructuras tradicionales. Sin embargo, también quienes tienen el poder ocupan cada vez más esos mismos espacios, que a menudo son reflejo de las batallas y luchas de intereses geoestratégicos del mundo físico. Esta lucha adquiere una dimensión especialmente tensa en una de las zonas más polarizadas y con mayor represión del mundo: Oriente Medio.

La Web Social en Oriente Medio: rompiendo las fronteras físicas

A través de redes sociales como Facebook ciudadanos de países enfrentados o divididos han podido encontrarse. Palestinos separados por la ocupación israelí y sirios del Golán que tienen prohibida la entrada en Siria han iniciado o recuperado un contacto con familiares con los que no hubieran podido hablar de otro modo. Pero también isralíes y palestinos, entre los que las barreras que ha generado la ocupación son cada día más insalvables, tienen la oportunidad de conocerse e intercambiar ideas, como sucede en el exitoso grupo Israelis for Palestine. Los debates en estos foros en ocasiones llegan a altos niveles de tensión pero al menos suponen un espacio para el diálogo de igual a igual.

La Web Social como forma de empoderamiento

Crear contenidos y difundirlos a través de la Web Social proporciona independencia a usuarios que de otro modo dependerían de cómo los medios tradicionales proyectan su realidad. El año pasado oímos de primera mano las demandas de la sociedad civil iraní a través de Twitter. La cantidad de mensajes publicados y redifundidos a través de esta red ha hecho que se conozca como la “Revolución Iraní en Twitter”, aunque ha recibido también críticas por ser impulsada por los medios de Estados Unidos, interesados en generar un altavoz de la oposición a su mayor enemigo geoestratégico. Twitter se está utilizando con muy buenos resultados como herramienta de difusión y comunicación de emergencia en Oriente Medio. El International Solidarity Movement lo utiliza para combinar acciones de difusión con acciones sobre el terreno.

El empoderamiento que favorecen las redes está siendo muy útil para dar voz a las mujeres de los países de Oriente Medio. Ciberactivistas como Layla Anwar, o los premiados blogs Baghdad Burning y Days of my Life, ofrecen vivencias y reflexiones sobre los efectos diarios de la invasión iraquí, dando una visión mucho más rica y compleja de acontecimientos como las actuales elecciones iraquíes. Blogueras palestinas como Layla Al-Haddad (conocida como Gaza Mom) o Fida Qishta describieron los ataques del ejército israelí a Gaza en un momento en que la prensa tenía prohibido el acceso a la Franja. De sus testimonios se han hecho eco reconocidos diarios como The Guardian.

Guerras mediáticas

Las mismas batallas del terreno físico se libran en Internet, en una lucha por la visibilidad que llega a grandes niveles de violencia. La nominación a los Shorty Awards, conocidos como “los Oscar de Twitter”, hace unas semanas generó una guerra de tweets entre quienes apoyaban a Ali Abunimah, fundador del proyecto Electronic Intifada, y JIDF, usuario que se dice representante de las Jewish Internet Defense Forces y que comparte contenidos islamófobos e inquietantes, como “Habrá paz cuando Israel aplaste Gaza, querida”.

La Wikipedia es constantemente escenario de batallas dialécticas por el modo en que se proyectan determinados contenidos, como en el caso del polémico artículo “Gaza War”. Pero es sobre todo en Facebook donde surgen tensiones que son fiel reflejo de las territoriales. Hasta hace unos meses, cuando un usuario de los Altos del Golán se registraba en esta red social el formulario asociaba automáticamente Golán con Siria, pero eso cambió tras la presión del grupo “Facebook, Golan residents live in Israel, not Syria”. Facebook cedió a la presión y cambió su formulario, a pesar de la indignada respuesta siria, igual que hizo meses antes con Cisjordania. Cómo se resuelven estas tensiones es cuestión del criterio personal de los administradores de las redes sociales o de presiones externas.

Los usuarios de zonas donde el Estado reprime consistentemente la libertad de expresión asumen grandes riesgos al compartir sus opiniones en las redes sociales. La Arab Network for Human Rights Initiative realiza periódicamente informes en los que denuncia los abusos contra ciudadanos árabes y les ofrece apoyo legal. Según esta Red, Egipto, seguido de Siria, es el país donde más se reprime a los blogueros. Además, los Estados totalitarios son cada vez más conscientes del margen que deja Internet a las libertades y lanzan campañas con “Ciberejércitos”, como ha hecho Irán con sus Hackers Islámicos o Israel con su campaña de “relaciones públicas preventivas”.

Dados los medios de los que disponen los Estados, juegan con ventaja en el pulso que mantienen con sus ciudadanos en Internet. Comunidades como Global Voices hacen un seguimiento de blogueros y ciberactivistas detenidos a través de un Mapa Interactivo de Voces Amenazadas. Pero hace falta una protección efectiva de los usuarios para que Internet no se convierta en un simple reflejo de las luchas geoestratégicas.