Alianzas

Imagen de la campaña por la liberación del bloguero Anas Maarawi

La represión se recrudece en Siria. Con más de 1500 manifestantes muertos y miles de detenidos según organizaciones de derechos humanos, el régimen centra cada vez más sus esfuerzos en tratar de que los contenidos que comparten los ciudadanos no salgan al exterior. Entre los métodos para reprimir la libertad a través de los distintos canales y espacios de Internet está la persecución cada vez mayor de blogueros y ciberactivistas. El último de una larga lista es uno de los más reconocidos del país, Anas Maarawi.

Maarawi, detenido el 1 de julio en Damasco, es un emprendedor tecnológico reconocido entre la comunidad de desarrolladores de código abierto por su trabajo en torno a la versión árabe de Android, sistema operativo basado en Linux que Google compró en 2005. Su portal Ardroid es el primero en lengua árabe en centrarse en las aplicaciones de este sistema operativo y un referente para los arabófonos en este ámbito. Es también conocido por hablar sin tapujos a través de su blog y de su cuenta en Twitter sobre el derecho a la libertad de expresión y la necesidad de detener la represión que lleva a cabo el gobierno contra cualquier forma de oposición. En uno de sus últimos mensajes en Twitter, decía:

Por eso lo llaman “revolución”. Bienvenido a casa, amigo, se está construyendo una nueva Siria

En un contexto en el que la libertad de expresión se considera una amenaza, blogueros reconocidos son vistos por el régimen como un enemigo, algo que se hizo muy visible con la desaparición de la bloguera siria de origen palestina Tal Al Maluhi en 2009, cuando tenía sólo 17 años.

La detención de personas con una amplia red de contactos online provoca fuertes reacciones que visibilizan los abusos y avivan la solidaridad con los ciudadanos sirios. La campaña Free Anas, que cobró fuerza esta semana, ha generado miles de mensajes en Twitter en torno a la tag #freeanas. Se ha creado el blog Free Anas, que recopila contenidos relacionados con la detención, una página de facebook con más de 2000 seguidores y vídeos de campaña por su liberación en inglés y árabe. Los usuarios hacen uso también de herramientas como RedditHacker News para sensibilizar sobre la situación en el país y piden apoyo a través de inciativas concretas, algunas recogidas en esta página.

A medida que la campaña Free Anas ha ido cobrando fuerza, medios internacionales como la BBC The Next Web y organizaciones de derechos humanos como la Red Árabe de Información sobre Derechos Humanos se han hecho eco de su detención. Un proceso que, partiendo del empoderamiento de los propios ciudadanos, atrae la atención del mundo hacia los abusos en contextos tan represivos como el sirio, que busca silenciar a quienes reclaman libertades. El propio Anas lo describe en su biografía en Twitter:

Sólo quien es valiente es libre


Manifestación en apoyo al pueblo sirio. Madrid 26 de junio 2011

El domingo se celebró en Madrid una manifestación en apoyo al pueblo sirio. Se pedía el fin de la represión de unas manifestaciones que, en plena Primavera Árabe, sacuden toda la región y que han llegado, salvando todas las distancias, a Europa. La manifestación, convocada por la Coordinadora Estatal de Apoyo al Pueblo Sirio, fue un éxito, con cientos de personas de otras ciudades de España, como Valencia y Granada, acudiendo en autobuses especiales para sumar apoyos. La convocatoria fue también un éxito en la Red, con cientos de mensajes compartidos principalmente a través de Facebook y Twitter.

En este enlace, que recoge sólo los primeros 500, puede seguirse la conversación generada en torno a la manifestación en Twitter, con más de 100 redifusiones de este mensaje en concreto:

Desde Periodismo Humano emitimos en streaming distintos momentos del encuentro en Sol, la marcha hacia el Ministerio de Exteriores y finalmente frente a la embajada siria. En este vídeo se ve a los manifestantes caminando hacia el Ministerio mientras cantaban “Siria, sangrando, y el mundo mirando”, “Dónde estás, Trinidad, cuándo matan sin piedad” y “Uno, y sólo uno. El pueblo sirio es uno” (en respuesta al fantasma del sectarismo en el que el régimen se escuda para legitimarse en el poder).

También a través de Facebook se compartió la convocatoria, que derivó en algunos casos en una polémica que me gustaría compartir porque me parece reveladora del carácter de las movilizaciones que estamos viviendo. Concretamente en la página de facebook de Democracia Real Ya, que no convocaba ni se sumó como plataforma a la manifestación y se limitó a compartir la información que les facilitamos. Se produjo a partir de ese post una discusión sobre si anunciar una manifestación en apoyo al pueblo sirio era o no adecuado desde ese espacio, sumando más de 1000 comentarios y reacciones en torno a este debate. Parece que la información sobre la manifestación por Siria molestó a algunos usuarios y comenzaron a surgir comentarios como este, que apuntan a la necesidad de “centrarse en lo nuestro” para avanzar en el movimiento ciudadano del 15m:

Algunos usuarios llegaron incluso a pedir, y más adelante a exigir, que se borrase el post.

Muchos otros usuarios respondieron apelando a la solidaridad entre ciudadanos y al carácter global de las movilizaciones:

Es fácil comprender que a muchos ciudadanos que han partipado en las movilizaciones desde el 15 de mayo, las acampadas, las comisiones y reuniones en los barrios, les preocupe la dispersión del movimiento. La preocupación por la descentralización que es inherente al 15m,  la necesidad de aunar fuerzas en torno a unos objetivos concretos, las expectativas puestas y el deseo de verlas cuajar cuanto antes, son legítimas y evidentes para cualquiera que haya vivido el proceso de cerca. Pero ¿implica eso que se reuncie al carácter global del movimiento?

El contexto español es muy distinto al de los países de Oriente Medio y Norte de África, donde los ciudadanos viven desde hace décadas oprimidos por dictaduras que parecían hasta hace poco inamovibles. Las demandas de los ciudadanos españoles, y también las del resto de europeos, no son fácilmente resumibles en una frase como lo eran en Túnez: “Queremos la caída de Ben Ali”, o en Egipto: “Queremos la caída de Mubarak”, pero cuesta imaginar que las reivindicaciones de los ciudadanos árabes, sus demandas y el modo de plantearlas, no hayan influido en lo que se está viviendo ahora en Europa. Los paralelismos van desde la estética de las movilizaciones en las plazas hasta la organización en asambleas y comisiones. También en los modos de organización y comunicación en red y el uso de Internet y las distintas herramientas digitales para el trazado y el seguimiento de las movilizaciones y la construcción de una narrativa ciudadana.

Puerta del Sol. Julio Albarrán

Plaza Tahrir

Los

pueblos árabes, con sus contextos represivos, son cuando menos una inspiración, que ha despertado en muchos la convicción de que los cambios son posibles y basta con que los ciudadanos se unan y pongan en común sus demandas para impulsarlos y defenderlos. Son además el origen de lo que se conoce ya como la World Revolution, con cientos de miles de ciudadanos en distintos países del mundo manifestándose inspirados por los españoles, como recoge este mapa:

¿No debe funcionar esa solidaridad en ambas direcciones? ¿Hay alguna incompatibilidad entre atender a problemas y necesidades locales y tener presente también el marco global de demandas pro-democráticas y de participación ciudadana? Los sirios representan ahora el ejemplo extremo de lucha por la libertad y las reivindicaciones ciudanas y dar la espalda a la solidaridad global podría restar fuerza y legitimidad a las movilizaciones en España y en el resto de países.

¿Qué pensáis los lectores de este blog?


A veces los medios sociales no dejan ver el bosque, y esa es la preocupación de muchos activistas por los derechos humanos ante la tendencia a bautizar las revoluciones con el nombre de los medios que se usan en el siglo XXI para convocarlas: “Revolución Twitter”, “Revolución Facebook”, “Revolución Youtube”… Herramientas que a menudo restan protagonismo a quienes realmente lo merecen: las personas que salen a la calle, donde siempre se hacen las revoluciones, para reclamar sus derechos.

Hace unos meses el escritor canadiense Malcolm Gladwell publicó un artículo que generó mucha polémica, “Small change: Why the revolution will not be tweeted”, en el que cuestionaba el poder de plataformas y medios sociales para provocar cambios en el mundo físico. El título del artículo hacía referencia a lo que se conoció a través de los medios como la “Revolución iraní en Twitter”, que reflejaba la euforia occidental ante el potencial de Internet y las redes sociales para cambiar el mundo. Según Gladwell, los vínculos necesarios para hacer las revoluciones no se dan a través de medios y plataformas sociales, donde las jerarquías son sustituidas por redes descentralizadas:

Las plataformas sociales están construidas sobre vínculos débiles. (…) Estas redes no tienen una estructura centralizada y líneas claras de autoridad y para hablar de un sistema firme y bien organizado hace falta una jerarquía.

En el extremo opuesto está la tendencia a vincular cualquier movimiento social con la tecnología de la que se sirven ciudadanos y activistas para comunicarse y contar al mundo en primera persona lo que está sucediendo. Escritores como Clay Shirky y Cory Doctorow centran sus enfoques en el  “poder especial de Internet para conectar y liberar.”

¿Por qué este enfoque centrado en las herramientas? Según Ulises A. Mejías, profesor de la State University College de Oswego, centrarse en Twitter, Facebook o Youtube ayuda a despolitizar la comprensión de los conflictos y lava el papel de las potencias occidentales en la represión de la democracia en la región. 

Esta foto de un manifestante en Egipto muestra hasta qué punto medios sociales como Facebook han ganado protagonismo, y una imagen positiva, durante las revueltas en la región:

Un manifestante egipcio da las gracias a los jóvenes de Egipto y a Facebook

¿Merecen realmente las herramientas un agradecimiento? En un artículo titulado “Why Facebook should do more to help Egypt´s protesters”,  Adrian Chen cuestiona el compromiso de esta red en el apoyo a las legítimas reivindicaciones de pueblos como el egipcio.

Facebook no sólo no ha apoyado a los manifestantes, sino que les ha puesto obstáculos. Hace unos meses, un grupo llamado “Todos somos Khaled Said” (en honor al bloguero asesinado por policías en Egipto) fue cerrado repentinamente porque sus administradores se habían registrado bajo pseudónimos. Según Facebook, el anonimato va en contra de su política, lo que supone muchos problemas para los activistas que lo utilizan en contextos represivos en los que expresarse en estas redes implica enormes riesgos. También es común la desactivación de cuentas con una actividad superior a lo habitual, como la del administrador del grupo Movimiento de la Juventud del 6 de abril en 2007.

Tampoco las declaraciones públicas desde esta red han demostrado un gran compromiso con las reivindicaciones por el derecho a la libertad de expresión:

Aunque las revueltas en Egipto son algo que deben resolver entre el pueblo egipcio y su Gobierno, limitar el acceso a Internet de millones de personas es un asunto que afecta a la comunidad global

Twitter, por otro lado, se ha posicionado con los manifestantes, ofreciendo con Google un servicio de mensajes de voz que se comparten automáticamente a través de Twitter tras el bloqueo del acceso a Internet en el país. Esta muestra de compromiso con la libertad de expresión fue muy bien acogida en un momento en que se cuestionaba el papel de ambos y su vinculación con las agendas políticas de los gobiernos occidentales. Hablamos sobre esta vinculación en Periodismo Humano en una entrevista al activista iraquí Raed Jarrar: “Es inquietante la relación entre gobiernos y gigantes como Google y Facebook”.

Los medios sociales son sin duda herramientas enormemente útiles que han permitido un cambio en el enfoque de la comunicación tal y como tradicionalmente se ha entendido. A través de estas herramientas los ciudadanos construyen su propia narrativa sin necesidad de intermediarios, en contextos en los que no siempre se centra la atención de los medios de comunicación tradicionales. De esas fuentes, que nos acercan en primera persona a realidades a las que de otro modo no tendríamos acceso, beben ahora también los medios de comunicación. Al-Jazeera, el medio de comunicación basado en Qatar que se ha convertido en la principal cobertura mediática de las protestas en Egipto, Túnez y el resto de la región de Oriente Medio y Norte de África, ha entendido la lógica de la Red y cómo aliarse con las plataformas y medios sociales de Internet para complementar el trabajo de sus periodistas sobre el terreno. El medio, que emite en directo a través de su canal de streaming, cita constantemente mensajes en Twitter y Facebook y comparte material que publican los usuarios en Youtube, Flickr y otras plataformas. Material como este vídeo de “La canción de la revolución egipcia”, uno de los más vistos de estos días:

Es precisamente esa combinación del trabajo de sus reporteros sobre el terreno con las fuentes que proporcionan a tiempo real los participantes en las protestas lo que ha hecho que Al-Jazeera se convierta en el medio al que más usuarios recurren  para conocer la última hora de la región. Pero los medios y plataformas sociales son también empresas que tienen sus propios intereses y entre valorar en su justa medida el uso que hacen los ciudadanos de la tecnología a mitificar las herramientas hay un trecho. Como dice Jillian C York, del Berkman Center de Harvard:

Me alegra que los tunecinos hayan podido utilizar los medios sociales para llamar la atención hacia sus reinvidicaciones.  Pero no deshonraré la memoria de Mohamed Bouazizi (su muerte desencadenó las revueltas en Túnez) o de los otros 65 que murieron en la calle por la misma causa,  etiquetando lo que está sucediendo de ningún otro modo que como una “revolución humana”


Small Girl on Army Track, She Was Chanting: Freedom..Freedom

Fuente de la Imagen: Ramy Raoof. Soldados sostienen a una niña en la plaza de Tahrir, Cairo. 30 enero 2011

En sólo unos días se han desencadenado en Oriente Medio y Norte de África revueltas históricas que han hecho caer el Gobierno de Ben Ali en Túnez, amenazan el de Mubarak en Egipto y se extienden por la región. Fueron los tunecinos quienes prendieron la mecha con las protestas en Sidi Bouz, pero la posible caída de Mubarak tiene unas implicaciones geoestratégicas que hacen que el cambio no tenga marcha atrás. Los ciudadanos de la región han perdido el miedo a salir a la calle.

Ya desde antes de la revolución tunecina, Argelia vive sus propias protestas. La subida del precio de los productos de primera necesidad, que se duplicaron a finales de 2010, provocó revueltas que dejaron cinco muertos y más de 800 heridos. Fue el desencadenante de una insatisfacción que tiene motivos similares a los del resto de países de la zona: desempleo, desigualdades económicas, corrupción y represión contra la libertad de expresión bajo el régimen de Bouteflika, que mantiene el estado de excepción en el país desde hace 20 años. Las protestas se han avivado desde la revolución tunecina y unas 10.000 personas reclamaron ayer en Bejaia un cambio de gobierno.

Los estudiantes lideran estos días en Sudán las protestas contra el régimen de Omar al-Bashir, que llegó al poder tras un golpe de estado en 1989. Bashir es responsable, según La Haya, de la muerte de más de 300.000 personas en la región de Darfur, que sufrió una guerra civil que ha dejado más de 2 millones de desplazados.  En este vídeo, compartido por el usuario Simsit en Twitter, pueden verse imágenes de las manifestaciones de hoy en la capital.

Decenas de miles de personas se han manifestado hoy también en Sanaa, la capital de Yemen, en protesta contra el régimen de Ali Abdullah Saleh, que lleva en el poder más de 30 años. Aunque su mandato actual termina dentro de dos años, ya ha iniciado el proceso de reforma que le permita permanecer otros 10, y no es secreto que su hijo se perfila como sucesor. En este vídeo de Al-Jazeera puede verse la jornada de protestas pacíficas:

Son algunos ejemplos de la manifestaciones ciudadanas que piden un cambio y que se extienden por toda la región. La mayoría de gobiernos ha reaccionado ofreciendo pequeñas mejoras, como rebajas en el precio de los alimentos y en los impuestos. Incluso en el Golfo han tomado la iniciativa de aumentar las prestaciones sociales, aunque la situación económica en estos países es muy distinta a la del resto de la región, por si hubiera ciudadanos descontentos que pudiesen imitar las protestas tunecinas y egipcias.

Aunque la situación económica y la falta de expectativas han sido desencadenantes de las protestas, no son el único factor. Pequeños parches económicos puestos a destiempo no acallarán las voces de quienes han perdido el miedo a reclamar públicamente sus derechos.

En la red social Twitter ya hay etiquetas para cada país, anunciando y convocando concentraciones y manifestaciones: En Sudán ya se han producido las protestas que se anunciaban para hoy (#Jan30). El 3 de febrero se anuncia como el día de  Yemen (#Feb3), y se habla incluso de Bahrein (#Feb14). Seguimos pendientes de unos días decisivos para la región y para el mundo, que se replantea sobre la marcha sus alianzas.


Últimamente no pasa una semana sin que se forme algún escándalo en torno a un comentario en la red social Twitter. El último, la detención de un político británico que bromeó con lapidar a una periodista y que ha perdido su empleo por tomar a la ligera el hecho de que todo lo que se dice en Twitter es público y puede tener consecuencias.

Gareth Compton, concejal de Erdington, publicó el miércoles este mensaje en twitter:

Traducido al español:

¿Podría alguien, por favor, lapidar hasta la muerte a Yasmin Alibhai-Brown? No se lo diré a Amnistía Internacional. Sería realmente una bendición.

El mensaje pretende ser divertido, un comentario con el que el concejal probablemente quería hacer reír a sus amigos, pero pasó en cuestión de segundos a “declaración pública de racismo e incitación al asesinato”. La periodista británica y musulmana Alibhai-Brown reaccionó enseguida al insulto pidiendo que se sentase un precedente legal que castigase este tipo de declaraciones. El mensaje se extendió como la pólvora. Se armó tal revuelo que esa misma noche Compton tenía a la policía en casa con una orden de detención. Al día siguiente se supo que la broma le había costado el empleo. El concejal ya había comentado otras veces que Twitter era un espacio “para la broma y el comentario facilón” y tardó en comprender que las consecuencias de lo que se comparte en esta red, y en todas las redes sociales, son las mismas que las de cualquier declaración pública en los espacios tradicionales. Aquí la secuencia de mensajes en las que pasa de una actitud defensiva a la disculpa, probablemente tras ver lo que se le venía encima (leer de abajo a arriba).

La lapidación está de actualidad en todos los medios de comunicación por el caso de Sakineh Mohammadi Ashtiani, la mujer iraní a la que el gobierno de Irán amenaza con ejecutar en cualquier momento. La campaña que ha iniciado Amnistía Internacional para impedir su asesinato ha llamado la atención a los abusos contra las mujeres que muchos gobiernos aún promueven. Se han hecho eco de la reinvidicación contra la lapidación otras asociaciones civiles y se han sumado representantes políticos de todo el mundo. Pero el de Sakineh no es un caso aislado.

Según  datos de Naciones Unidas, unas 5.000 mujeres mueren al año víctimas de los conocidos como “Crímenes de Honor”. Human Rights Watch define estos crímenes como “actos de violencia, normalmente asesinatos, cometidos por familiares masculinos contra mujeres que se perciben como causantes de la deshonra de la familia.” Lapidadas, estranguladas, electrocutadas, quemadas vivas o con ácido, acusadas de adulterio en la mayoría de los casos. Las cifras de asociaciones que defienden los derechos de las mujeres hablan de 20.000 víctimas al año, en una tendencia que se extiende de forma alarmante y que no se limita a Oriente Medio. Tampoco se limita a las comunidades musulmanas, la práctica se da también en comunidades cristianas de países como Jordania.  Cuando estas prácticas trascienden el ámbito familiar y se institucionalizan, como en el caso de Irán, la impunidad de estos asesinatos es absoluta.

A la cabeza de los “crímenes de honor” están el Kurdistán Iraquí, Jordania, Pakistán y Turquía. Sólo en Pakistán se asesina a 1.000 mujeres al año. En el reportaje de Robert Fisk, “La ola de crímenes que avergüenza al mundo” se pueden encontrar más datos sobre casos de “crímenes de honor” por país.

Este informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo menciona que es responsabilidad de todos erradicar estos abusos. Ante la alarmante tendencia en alza en los crímenes contra las mujeres, no sobran las iniciativas que luchen contra la impunidad y promuevan la defensa de los derechos humanos. Lo que sí sobra, desde luego, son las bromas.


Un mensaje en Twitter le ha costado el despido a Octavia Nasr, periodista de CNN. Tras 20 años de trabajo con la cadena estadounidense, ha bastado un mensaje para que los directivos anunciasen su fulgurante salida como responsable de Asuntos de Oriente Medio. ¿Qué contenía el mensaje?

Menos de 140 caracteres en los que expresaba, a través de esta red social, su admiración por el clérigo chíi Mohammad Husein Fadlalah, recientemente fallecido.

Triste tras oir que ha fallecido el Sayyed Mohammed Hussein Fadlallah… Uno de los gigantes de Hezbollah a quien admiro mucho.

Fadlalah es uno de los líderes más reverenciados del Islam chií, conocido por su oposición a las políticas estadounidenses e israelíes en Oriente Medio. Se le describe en los medios occidentales como “el líder espiritual de Hezbollah”, aunque tanto él como Hezbollah lo han negado, y recibe desde hace años críticas encarnizadas por parte de Israel y Estados Unidos. Sin embargo, tal y como señala en su blog Jillian C. York, del Berkman Center for Internet and Society, el clérigo estaba bien considerado por medios occidentales e incluso israelíes, como el caso de Hareetz, que tituló su artículo sobre la muerte de Fadlallah  “Un clérigo como ningún otro”. Se le conoce también por impulsar activamente el cese de los atentados suicidas y por sus puntos de vista relativamente progresistas en lo referente a los derechos de las mujeres.

Precisamente a este punto se acogió Octavia Nasr, periodista estadounidense de origen libanés, para justificar su comentario. Fue tal la avalancha mediática ante su mensaje en Twitter que se disculpó casi inmediatamente en su blog y en la propia red:

Según Parisa Khosravi, Vicepresidente de International Newsgathering de CNN, la credibilidad de Nasr está ahora en cuestión “por su posicionamiento y su falta de objetividad”. Sin embargo son concretamente este tipo de opiniones las que suelen provocar reacciones tan fulminantes. Sucedió algo similar con la periodista Helen Thomas, corresponsal de la Casa Blanca durante 50 años, que tras los ataque israelíes a la Flotilla de activistas internacionales que reclamaban el cese del bloqueo a Gaza respondió a la pregunta de un periodista sobre Israel:

“Dígales que se larguen de Palestina. Los palestinos están siendo ocupados en su propia tierra. No es la tierra ni de los alemanes ni de los polacos”.

Este comentario provocó su cese inmediato, bajo la lluvia de acusaciones de colaboracionismo con Hamas y Hezbollah. Esas mismas declaraciones se oyen a diario, sin embargo, referidas a los palestinos, sin que eso suponga  consecuencias. El ferviente antiárabe Martin Kramer, investigador en la Universidad de Harvard, proponía hace unos meses en la Universidad de Herzliya detener las ayudas a la población de la Franja, que bajo el paraguas de esas ayudas “continuaban teniendo hijos y produciendo jóvenes supérfluos que se convertirían en terroristas.”

Numerosos representantes políticos, como el ex-gobernador de Arkansas, no ocultan tampoco su opinión respecto a un Estado Palestino:

“Los palestinos pueden crear su Estado en cualquier otro país de Oriente Medio, fuera de Israel”

También entre los colaboradores de CNN hay quienes, como el periodista Erick Ericsson,  se caracterizan por sus comentarios racistas y sexistas. Echando un vistazo a su twitter se puede comprobar que no se anda con contemplaciones. Entre sus mensajes más sonados en esta red está el comparar a Linda Douglass, que ha sido Directora de Comunicación en la Administración Obama, con Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania nazi. O uno de sus últimos comentarios sobre los españoles:

Es la primera vez que los españoles usan el cerebro desde que financiaron a Cristóbal Colón.

Mientras que unos comentarios se aceptan como parte del derecho a la libertad de expresión, otros reciben un castigo inmediato. Parece menos una cuestión de objetividad que de rechazo de unos posicionamientos políticos e ideológicos respecto a otros.


Con la colaboración de Husein Khzam

Irán es un país que recibe una gran atención mediática. A través de los medios de comunicación conocemos un estado gobernado por un régimen basado en la sharia o ley islámica que reprime con dureza la oposición popular. Sin embargo, junto a Irán existe un Estado de características similares del que apenas escuchamos nada: Arabia Saudí, un país gobernado por una monarquía basada también en la sharia. Ambos países mantienen un duelo por la hegemonía en Oriente Medio a través de la politización de sus diferencias religiosas, pero Occidente sólo concentra su atención y sus denuncias sobre Irán.

Autoridad en Oriente Medio

Ambos países intentan dominar la región extendiendo su ideología, Irán como Estado chií  y Arabia Saudí como Estado sunní, en un enfrentamiento existencial que se renueva cada década. Las raíces históricas de este enfrentamiento provienen del desacuerdo entre los líderes islámicos tras la muerte del Profeta Mohammad, entre quienes reconocían su continuidad a través de sus familiares directos (chiíes) y quienes a su muerte preferían derivar el liderazgo hacia otras autoridades reconocidas (sunníes). De este desacuerdo original nacen dos interpretaciones distintas del Corán, de los dichos del Profeta y de las características del Estado islámico. Los chiíes, salvo algunas excepciones, se mantuvieron en la oposición durante casi toda su historia. Los sunníes eran mayoría y su poder se extendió durante siglos: el califato Omeya, los abbasíes, los otomanos… Estos últimos  dominaron durante 400 años la región de Oriente Medio y el norte de África excepto Irán, que se convirtió en el refugio chií. 1.400 años de enfrentamiento existencial nos llevan al momento actual de guerra fría entre ambos países. Una guerra que tiene su reflejo en todos los conflictos de Oriente Medio y en sus manifestaciones país por país. Veamos algunos:

  • En Líbano: Ambos países se presentan como respaldo de las legítimas aspiraciones de los libaneses.  Arabia Saudí, con su apoyo a la coalición sunní liderada por la familia Hariri, se posiciona como impulsor de la estabilidad y el desarrollo económico de  Líbano en un marco neoliberal respaldado por los poderes occidentales. Irán se autoproclama defensor de la legítima resistencia a la ocupación israelí y los intereses occidentales en el país mediante su apoyo al grupo chií Hezbollah.
  • En Irak: Ambos países desempeñan en Irak un doble juego:  Irán dio su respaldo al gobierno temporal tutelado por Estados Unidos tras la caída de su enemigo durante décadas, Saddam Husein, promoviendo al mismo tiempo atentados que desestabilizan el país. Arabia Saudí facilitó las operaciones militares de su aliado EEUU, proporcionándoles incluso una base militar, sin dejar de apoyar la reacción sunní contra los chiíes que Estados Unidos respalda.
  • En Yemen: En 2009 estalló en el país un conflicto que reabrió las heridas de la guerra civil de los años 90 entre el Norte y el Sur. Irán apoyó al movimiento chií del Norte y Arabia Saudí intervino apoyando al gobierno, que históricamente se ha apropiado de los recursos del Sur. La presencia en este país en enormemente estratégica por ser la única vía al Mar Rojo.
  • En Palestina: La causa palestina es central en Oriente Medio, una ocupación que despierta enormes sensibilidades en la población de los países árabes y puede minar más que cualquier otro aspecto la cuestionada legitimidad de sus gobiernos. Cuando Hamas sufrió el boicot internacional tras ganar las elecciones en 2006, Irán le dio su apoyo como representante legítimo de la lucha contra la ocupación israelí. Arabia Saudí, en un posicionamiento similar al de Egipto, legitima a Fatah y se presenta ante la comunidad internacional como mediador por la paz entre Israel y los palestinos.

Represión y derechos humanos

Las violaciones de derechos humanos y represión de las libertades en Irán son una constante, aunque cobraron protagonismo mediático con el estallido de las protestas populares contra unas elecciones cuestionables que dieron la victoria a Mahmud Ahmadinejad. Amnistía Internacional y Human Rights Watch denuncian la gravedad de la represión en Irán: ejecuciones y torturas por motivos políticos, religiosos o de orientación sexual, lapidaciones, persecución de las minorías, (kurdos, azeríes, balochíes, ahwazíes), que conforman la población del 50 por ciento del país.  Esta represión se ha extendido a Internet, que está en el punto de mira de las autoridades del país, que lanzan campañas con “Ciberejércitos” como los Hackers Islámicos.

En Arabia Saudí no es posible ninguna manifestación pública que no esté alineada con la ideología de las autoridades que gobiernan, una monarquía autoimpuesta que se legitima bajo el paraguas de la religión. Esto lleva al país a una situación de represión institucionalizada e inmovilista que empeoró tras el 11 de septiembre. Aplaudido por Estados Unidos y las potencias occidentales, las autoridades recluyen sin juicio a miles de acusados de terrorismo.  La minoría chií sufre discriminación sistemática en el acceso a la educación, justicia y empleo, según Human Rights Watch. Son habituales las ejecuciones y condenas a prisión de activistas por los derechos humanos, presos de conciencia, homosexuales, y las mujeres sufren una discriminación alarmante que también está institucionalizada (ver Informe de Derechos Humanos de Amnistía Internacional). Con la justificación de proteger los valores islámicos, el Estado persigue cada vez más también las manifestaciones de libertad en Internet, deteniendo a blogueros y ciberactivistas que denuncian los abusos. El Informe de 2008 de Reporteros sin Fronteras situaba a Arabia Saudí como uno de los países más represivos para la libertad de prensa (en el puesto 161 de 173) y el Informe de este año lo coloca entre los principales “enemigos de Internet”. El recelo de las autoridades saudíes hacia el potencial subversivo de medios como Twitter o Youtube merece que le dediquemos otro post.

La complicidad occidental respecto a Arabia Saudí es alarmante. Hay un silencio casi absoluto hacia los abusos de este Estado con quien se establecen todo tipo de lazos comerciales, políticos y diplomáticos por el hecho de que mantiene una posición de apoyo oficial de las decisiones estadounidenses. En España son conocidos los derroches y caprichos del Rey Fahd durante sus vacaciones en Marbella, donde lo visitaban en su mansión personalidades como el Rey Juan Carlos. Irán, entre tanto, es unánimemente denunciado y sufre presiones políticas, económicas y diplomáticas por unas violaciones de las libertades que nos alarman, pero nos dejan indiferentes si vienen del país vecino. En 2009 Irán vivía lo que los medios occidentales celebraron como la “revolución iraní en twitter”, el comienzo de una nueva era de resistencia civil a través de las redes sociales. Por esas mismas fechas Arabia Saudí bloqueaba el acceso a Twitter a activistas saudíes por los derechos humanos.

Otras fuentes no mencionadas en el post: Katib, Global Voices Online, Maktoob Business, Al Islam, CNN (versión árabe).